Aprendiendo para ser mejor

Dr. Luis A Gómez Chávez

He comenzado a preparar  material para un seminario de entrenamiento de maestros de Escuela Bíblica Dominical bajo la idea de “aprendiendo a ser un mejor maestro”.  ¿Por qué esta idea?   La razón es porque un maestro para ser mejor maestro necesita estar aprendiendo, pues si deja de hacerlo, llegará el momento que ya no disfrutará de su docencia, y los alumnos tampoco lo harán porque será repetitiva la forma de enseñar, el lenguaje, el estilo, el contenido será carente de creatividad.    El cristiano como el maestro todo el tiempo debe considerarse un alumno o  discípulo porque todos los días somos aprendices, todos los días hay algo que aprender.   Quien deja de aprender de Dios, de la Biblia, de la vida y de los demás, enfrenta el grave problema de autosuficiencia y falta de humildad.

El desafío es a que aprendamos los buenos hábitos de las personas que nos sirven de ejemplo o modelo por la calidad de vida cristiana.   San Pablo escribió en 1 Co. 11:1 “Sed imitadores de mí como yo de Cristo”.   El mismo apóstol aconsejó a los filipenses a “mirar a los que se conducen según el ejemplo que tienen de los apóstoles” (3:17).  Mirar a las personas que son ejemplo por sus buenos hábitos, hábitos de acuerdo a la Biblia y a lo que Dios ordena, es aprender para tratar de practicarlos uno mismo.   En el fondo, hay un espíritu discipular, o mejor dicho, es la filosofía paulina acerca del discipulado, aprender de otro para luego enseñar a otro.   Pablo aprendió de Cristo y está enseñando a otros para que aprendan lo que él ha aprendido de Jesús.

Lo hermoso del proceso didáctico es que la fuente de aprendizaje es inagotable.  En la Biblia, comenzando en el Antiguo Testamento podemos aprender  de individuos, matrimonios y familias que por su  fidelidad, obediencia, temor y entrega a Dios se han convertido en modelos de los cuales  podemos aprender hoy.   El aprendizaje puede comenzar con individuos como Abel, Enoc, Sem, Abraham, José, Moisés, Caleb, Rut, Noemí, Oseas, etc.   También podemos  aprender de matrimonios  que aunque tuvieron algunas fallas, en su mayoría respetaron y obedecieron a Dios y su Palabra.   Es el caso de Noé,  Abraham y Sara, Isaac y Rebeca,  Jacob y Raquel, Moisés y Sefora, Rut y Booz, etc.   Finalmente, hay familias en la Biblia de las cuales podemos aprender buenos hábitos que practicaban regidos a una vida sometida a Dios.

El principio central que pretendo remarcar es el hecho de que el ser humano nunca deja de aprender, y que debe considerarse un aprendiz en esta vida, solo que se ha de seleccionar lo que es necesario aprender.  No todo lo que ven nuestros ojos y lo que nos muestras las personas es bueno para  el aprendizaje que Dios espera de sus hijos. Es fundamental seleccionar  las personas, eventos, lugares y cosas  de las cuales se puede aprender.  Es  más, no todo lo que las personas hacen y nos muestras son dignas de ser imitadas o aprendidas, aun en este nivel, es primordial depurar el contenido de aprendizaje.

Esta es la razón por la cual está escribió: “1 Corintios 4:16 Por tanto, os exhorto: sed imitadores míos.1 Corintios 11:1 Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo.Filipenses 4:9 Lo que también habéis aprendido y recibido y oído y visto en mí, esto practicad, y el Dios de paz estará con vosotros.1 Pedro 5:3 tampoco como teniendo señorío sobre los que os han sido confiados, sino demostrando ser ejemplos del rebaño. Así que, aprendamos lo bueno de los demás, según Dios y la Biblia.

 

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