Comparación de los cuatro evangelios acerca de la reverencia en la casa de Dios.

Pastor Luis Gomez

             Primera variante, el número de versículos en los cuatro evangelios no es el mismo cuando se refiere a la reverencia en la casa de oración.   En Mateo son 6 versículos, en Marcos son solo 5, en Lucas 4 y en Juan son 10.  ¿Qué puede implicar esta variante?   Una posibilidad es que Juan por ser el discípulo amado de Jesús quien se identificaba mas con los sentimientos del maestro, da mayor amplitud al tema.   Una segunda posibilidad es que la variante depende de la audiencia que tiene cada escritor.

Segunda variante, el nombre de la casa de oración cambia en su pertenencia.   En Mateo es “Templo de Dios”, en Marcos simplemente es “Templo”, en Lucas es “Templo” y en Juan “Casa de mi Padre”.  El detalle se hace más profundo en Mateo y Lucas al decir que es “Dios el Padre, el dueño del templo”.

Tercera variante, eliminaremos el primer sinóptico que es Lucas. En Mateo y Marcos el lugar escogido para reverenciar a Dios ha sido convertido por los judíos en “cueva de ladrones” mientras que Juan la llama “mercado”. Por una parte, Juan tiene razón, debido a que originalmente, una parte del terreno del templo era utilizado para comprar y vender animales para sacrificios para las personas que no traían ofrendas.

Sin embargo, poco a poco se fue introduciendo otros productos para intercambiarlos en ese lugar.    A esto es lo que Mateo y Marcos llaman “cueva de ladrones”, pues ya no se vendía animales para sacrificios a Dios, sino para hacer negocios, ventas y menos para ayudar al extranjero que venia sin animales para ofrecer a Dios.

Ultima variante, aunque podríamos descubrir muchas más, pero en este punto, descartaremos a Mateo y Marcos, para solo quedarnos con Juan 2:13-22.  En este pasaje, Juan presenta la promesa de la muerte de Jesús usando la figura del Templo que seria destruido y construido en solo tres días.   En el momento de decirlo Jesús, era una profecía, pero en el momento que Juan lo escribe ya es una profecía cumplida.    Tal promesa da autoridad al cristiano que es la resurrección de Jesucristo nuestro Salvador.

En fin, esta comparación de los cuatro evangelios es de suma importancia ya que de fondo el tema que resalta es la actitud de respeto o irrespeto que se tiene al estar en la casa de Dios.   Es que el respeto o la reverencia no es por estar en el templo, sino porque en ese lugar para los judíos, estaba la presencia de Dios, además, es la casa o morada de Dios, pertenece a él, fue consagrada para honrarlo.

El conocimiento de Jesús sobre la relación del Templo con Dios.

El pueblo de Dios comenzó a reverenciar a Dios sin necesidad de un tabernáculo, arca, templo, casa de oración o sinagoga.  Entre Adán y Eva y Dios se realizaba la reverencia sin interrupción.  Es más, antes que el Lucero de la mañana se rebelara en contra de Dios, ya había reverencia en la eternidad.  Los ángeles reverenciaban a Dios.   Caín y Abel ofrecieron sacrificios a Dios, Noé también lo hizo, con una actitud de respeto, reconocimiento, gratitud, adoración y reverencia.

Dios llamó a Abraham quien comenzó a rendir adoración y reverencia a Dios por medio de los sacrificios. La manera de reverenciar a Dios era sin tener conceptos de un lugar específico.  Fue hasta que Dios llamó a Moisés, es cuando Dios le ordena construir en el desierto un tabernáculo móvil.   El centro del tabernáculo era el Arca porque ahí se guardaba los diez mandamientos, y la vara florecida como un testimonio.

Sin embargo, Dios seguía buscando una mejor

reverencia para sí mismo, como resultado, ordenó a David y Salomón construir el primer templo permanente (2 Crónicas 3:1). Después de construido y de disfrutar mucha gloria, majestuosidad y belleza; fue destruido por los Babilónicos en el año 586 a.C.   Era un templo hermoso por su estilo arquitectónico y por su permanente presencia de Dios que irradiaba su gloria.    Tiempo en el cual, el pueblo de Israel vivió el tiempo de mayor gloria, y mucho de ello fue por el lugar prioritario que le dieron al reverenciar a Dios en el templo.

Nehemías, Esdras y Zorobabel y otros cautivos regresaron a Jerusalén 70 años después del cautiverio en Babilonia con el propósito de reconstruir el Templo, las murallas de la ciudad (Neh. 1-3).  Paso un tiempo para terminar la obra, pero finalmente lo lograron (Neh. 4-6). Sin embargo, en tiempo de los Macabeos, periodo previo al inicio del Nuevo Testamento donde ya se había cerrado el canon del Antiguo Testamento, los griegos destruyeron el templo reconstruido por Zorobabel, Esdras y Nehemías.

En el año 20 d.C. Herodes comenzó a construir el Tercer Templo, mismo que terminó en el año 64 d.C.  Este mismo duro muy poco porque seis años más tarde, el emperador Tito el Grande, lo destruyó.    Así que, desde esa fecha no ha habido templo físico en Jerusalén hasta la venida de Cristo. Será en el periodo de la Tribulación donde se construirá el cuarto templo, en el cual, según el libro de Mateo 24, y Apocalipsis, el Anticristo hará la abominación desoladora.

En esta caminata de la historia de los templos, se va entretejiendo y desarrollando la teología de los templos, los sacrificios, la adoración, la reverencia y las ofrendas.   Todo esto lo conoce Jesucristo perfectamente como un verdadero judío.  Un elemento que todo judío sabía es que el arca o el templo representaban la santidad y la presencia de Dios; por lo cual, merecía respeto, reverencia, porque al no hacerlo traía consecuencias.

El arca es tipo de Jesús que guarda con seguridad nuestra salvación, como el arca guardaba con seguridad la Ley de Moisés.  El arca es el trono de Dios, como lo es la casa de oración y faltar respeto en ese lugar es pecado.

¿A quién le gusta vivir en medio de la suciedad? ¿Cómo cree usted que se siente Dios cuando albergamos pecados que ensucian el Templo de Dios?

 

El arca significó mucho para Israel porque en ella se demostró claramente la presencia de Dios: su santidad, su provisión, su justicia y su salvación.  La Iglesia debe saber que la revelación se amplió hasta el grado que cada uno de los creyentes Dios los ha convertido su templo.   1 Corintios 6:19, 2 Corintios 6:16 declaran que somos el templo y la morada del Dios viviente, del Espíritu Santo.  La Biblia dice que en el preciso momento en que una persona recibe a Cristo como su Salvador personal, nuestro cuerpo se convierte en morada de Dios.   Del arca y de quienes se acercaban a esta se exigía santidad, respeto, reverencia; de la misma manera se exige de cada cristiano santidad, respeto, reverencia para poder dar testimonio del Dios santo.

Así que, Jesús sabia que el Templo era la casa de Dios, donde reposaba la presencia santa de Dios, quien había ordenado respetar ese lugar santo consagrado solo para Dios y para hacer las cosas que le agradan a él.  Al ver convertido este lugar en cueva de ladrones, en mercado, justifica su accionar, su celo por lo que es suyo.

La casa donde vive Dios debe ser respetada, esa casa es nuestro cuerpo, él, quien es santo, mora dentro de ella. Y el templo físico donde se reúne la iglesia, ha sido escogida y consagrada o dedicada solo para adorar a Dios con respeto, reverencia, limpieza de corazón.   Significa que esta casa, nuestro cuerpo, y el templo físico debe estar limpia y no permitir se acumule suciedad porque esto da mala reputación.

 

 

 

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