¿A quién reverenciar?

Pastor Luis Gómez Chávez

Ya hemos definido la palabra reverencia, y además hemos mencionado algunos elementos que están involucrados en la acción de reverencia a Dios. Preparación previa, y la acción misma de estar frente a Dios, que requiere tener una actitud interna de adoración demostrada públicamente con humildad, respeto, santidad, gratitud, amor y alabar a Dios con cantos, y postrarse. El reverenciar a Dios es un privilegio, una necesidad y una responsabilidad de todo cristiano. Corresponde ahora mencionar el lugar, la persona y la dirección hacia donde esta dirigida la reverencia, la honra, el respeto y la adoración.

Dios es el único que debe ser reverenciado porque la Biblia lo dice.

Éxodo 20:3-10, Dt. 5:6-9 lo ordena, “no tener dioses ajenos” ‘No tener imágenes” “No inclinarse a otros dioses que no sea Dios” “No tomar el nombre de Dios en vano”. Eresumen, ningún cristiano debe honrar, venerar, adorar a alguien o a algo que no sea Dios. El texto tice, “frente a mi no te harás imágenes”. La razón es porque solo hay un Dios, eterno, poderoso, soberano, Creador, suficiente y capaz de gobernar, sustentar, cuidar, todo cuando existe. Nos es prohibido cambiar al YO SOY. Dios no tolera que tengamos otro rival, quien usurpe el lugar y el afecto que solo el se merece (Levítico 14:26-30).

Deuteronomio 10:12-17 se nos ordena amar a Dios por medio de cuatro imperativos: temer a Dios, andar en sus caminos, servir a Jehová y obedecer sus mandamientos. Las razones para amar a Dios: 1) Él es el Dios del cosmos (Salmo 24:1), 2) Él nos amó primero 1Juan 4:10, Ro. 5:5,8, 3) Solo él es Dios (Dt. 10:17). En fin, Dios es el único que merece ser adorado y reverenciado.

Levítico 19:30 Jehová ordena reverencia para él. Deuteronomio 12:2-3 presenta un lugar para reverenciar a Dios; el santuario, la casa de Dios, donde Dios esta presente. En ese lugar, todo lo que se hace, debe honrar, respetar, glorificar a Dios.

Hechos 10:24-26 la reverencia solo Dios la merece. En este pasaje, Cornelio se postro ante los pies de Pedro, se inclinó para reverenciarlo y honrarlo, pero Pedro no lo permitió porque solo Dios es digno de tal acción. UN caso más está en Apocalipsis 22:8-9. La reverencia precede a la adoración práctica, ya que esta tiene una preparación anticipada, limpieza de corazón, actitud interna de solvencia.

Pedro aclaro a Cornelio que solo hay un Dios digno de toda honra, reverencia, veneración y adoración (Apo. 5:12-14). La reverencia no se debe dar entre los mismos seres humanos, pues solo Dios es digno. En todo lugar, a toda hora y con toda acción ha de reverenciar o respetar a Dios.

Filipenses 2:9-11, Dios concede el derecho a Jesús, para ser adorado como Dios que es. Jesús siendo el Dios encarnado, tiene todo el derecho de ser adorado, honrado. Nuestra obligación como hijos de Dios que somos es nuestro deber doblar nuestro corazón (interno) e inclinarnos o arrodillarnos (externo), confesar o reconocer públicamente que él es el Único Señor que merece toda la adoración, el respeto, a la reverencia y la pleitesía.

Es la única dirección de reverencia que hay (Dt. 4:39; Mr. 12:29-30; Fil. 2:9-11).

La reverencia es una palabra teórica-práctica, objetiva-subjetiva, de la cual muchos se han extralimitado abusando de ella. La Biblia es clara al decir que solo hay un Dios para ser reverenciado (Dt. 6:4-5; Dt. 4:39) dice que, en el cielo, en la tierra, jamás ha existido ni existirá otra dirección de reverencia a parte de Dios. En estos días, el hombre ha inventado otras direcciones de reverencia, las cuales, aunque pretenden ser justas, sanas y con motivaciones bíblicas, a la postre terminan siendo egoístas, mundanas y humanas al ser usadas incorrectamente.

Hay personas de alta posición, que amparadas en su categoría reclaman reverencia relegando a Dios a un plano secundario, hasta ni mencionar su nombre y cuando lo hacen blasfeman contra él. 1) Los filósofos de la historia que negaron la existencia de Dios al atribuirse a ellos mismos los descubrimientos y sustituyendo a Dios, ej: Federico Nicech, Hegel, Carlos Marx, Chardan, etc. 2) Los ateos y los no ateos como Hitler quien pretendió ser el creador del “super hombre” que no tendría necesidad de un Redentor, hasta reverenciar al mismo Hitler, y aun en este tiempo es reconocido por los Nazis.

Saddan Hussen, en el año 1991, proclamo la guerra contra Kuwat como una guerra santa y él fue visto como el libertador, el héroe y muchos lo han llegado a admirar en tal manera que lo veneran, lo adoran cegados por la manipulación de Satanás. Lo mismo esta sucediendo en pleno siglo XXI, donde hay hombres políticos que reclaman tanta reverencia que se creen que son mas grandes que Dios al no tomarlo en cuenta.

Hay religiosos que reclaman reverencia para Dios pero que al final se quedan con ella. El papa de la ICR, los arzobispos, los sacerdotes, los obispos, los santos, los beatos y personas que ya han muerto. Pero también, algunos llamados pastores o siervos de Jesucristo que se han denominado “apóstoles, profetas, representantes absolutos de Dios” sobre la tierra reclaman reverencia por medio de reconocimientos, títulos, hasta pedir reverencia, y adoración. Esto es muy peligroso debido al conocimiento de la Palabra de Dios donde se enseña que el único que merece ser adorado, reverenciado es Dios y que hay castigo para quien suplante a Dios al robarle la adoración (Ex. 20, Dt. 5).

Por otro lado, hay personas, objetos, y cosas que atraen la reverencia que solo le corresponde a Dios. 1) Los niños “consentidos o excepcionales” que, por ser hijos de pastor, anciano, diácono o líder se le conceden ciertos privilegios o tolerancia y no se les dice nada, aunque estén corriendo o haciendo desorden. Al contrario, hay personas que celebran sus acciones y lo toman como una gracia, y de esa manera están robando la atención, el respeto, el reconocimiento, y la reverencia que solo Dios se merece.

2) Las personas escandalosas o vanidosas que, al entrar al templo, con su ruido y forma de vestir pomposa, descubierta o ajustada, distraen y las personas dejan de poner la atención en la adoración que se está ofreciendo a Dios. El sonido de los tacones de los zapatos que sin prudencia caminan mientras se esta orando. Todo tiene su equilibrio y orden (1 Co. 14:40).

3) El dinero, el carro, el trabajo, las habilidades, deporte y hasta la inasistencia, la indiferencia, las malas actitudes y muchas otras cosas nos hacen faltarle el respeto a Dios al no darle la honra, el temor, y la reverencia que solo Dios se merece. No nos olvidemos que todo aquello que recibe mayor prioridad y atención que Dios; esto nos aleja y nos desvía de Dios, eso es faltar el respeto y reverencia a Dios (Dt. 5:6-9).

4) Para faltar el respeto a Dios solo se necesita platicar en la casa de Dios mientras se desarrolla el servicio de adoración a Dios. Estar masticando goma, “chicle”, comer en pleno culto, cantar a la fuerza, cantar con pecados; estar entrando y saliendo del templo cuando no es necesario, el estar usando el celular, mirar a las paredes distraído mientras se ora a Dios. Todo esto desagrada a Dios y es falta de respeto.
Si recordamos lo que el aposto Pablo escribió a los hermanos de Corinto, “todo lo que hacéis, sea de hechos o palabras, hacedlo para la gloria de Dios” (1 Corintios 10:31). Este versículo justifica la tesis de que todo lo anterior es falta de respeto. Y aún hay otras cosas más que Dios no acepta por carecer de respeto. Dirigir un servicio, presidir, o recoger la ofrenda sin tener una buena relación con Dios. El no asistir a la casa de Dios por darle prioridad a otras cosas que no merecen (Heb. 10:25). Cuando relegamos a Dios a un segundo plano, es falta de amor, respeto, y reverencia (Dt. 10:12-17). Es como tener dioses a quienes se les dedica el tiempo habilidad, y reconocimiento o reverencia.

¿Qué más es falta de respeto e irreverencia a Dios? Cuando no nos amamos sinceramente, en esa condición nos atrevemos a servir a Dios. El mostrar indiferencia, arrogancia, enemistad, espíritu de superioridad o inferioridad, falta de perdón, o buena relación con algún hermano (a), etc., es falta de respeto a Dios.

Por todo lo dicho, amerita que evaluamos nuestra propia vida, la de nuestra familia, independientemente de lo que hagan los demás miembros de la congregación. Pregúntese, ¿Qué tengo, siento, pienso y hago yo que esta faltando el respeto a Dios? Si desea prosperar espiritualmente, es necesario enmendar las faltas hoy mismo. El deseo de Dios es que todos sus hijos aprendamos a dar a él la honra, el respeto, la reverencia por todo y en todo.

Hay bendición por respetar a Dios de todo corazón.

Todos sabemos que hay ciertos lugares donde se requiere respeto. Por ejemplo, los comentarios, funerarias, hospitales, museos, sinagogas, templos. Sin embargo, nosotros los cristianos sabemos con seguridad que el corazón es el mejor lugar para rendir reverencia y adoración a nuestro Dios.

El templo físico es el lugar donde expresamos la reverencia externa o pública. Sin embargo, a la luz de la Biblia, ninguna persona puede rendir reverencia y adoración que él la acepte si la persona no ha recibido a Cristo como su Salvador personal. Los templos son los lugares adecuados para rendir respeto, reverencia, veneración y adoración genuina cuando nuestro corazón ama verdadera y santamente a Dios (Lev. 19:30).

Dios ha de ser respetado y reverenciado en todo lugar y en todo tiempo. Dios en todo tiempo y en todo lugar es Dios y sus hijos en todo tiempo y en todo lugar son sus hijos. Aquí en la tierra y en el cielo, nuestra vida ha sido escogida y destinada para reconocer la grandeza y santidad de Dios. Fuimos creador por Dios para honrarlo, adorarlo, glorificarlo, respetarlo en todo y con todo (Dt. 16:12-14, Juan 4:21-26.34; Apo. 22:5).

El Salmo 150 unido al salmo 100 y el 95 a que adoremos, alabemos, honremos y exaltemos el nombre bendito de Dios. El llamado es hecho a todos los seres humanos, a quienes respiramos, el salmo dice, “Lo que respire, alabe a Jehová”. La clave está en el corazón puro y limpio, significa que solo quienes hemos reconocido a Dios como nuestro Dios, tenemos no solo la obligación y responsabilidad de respetarlo en todo y con todo, sino que es nuestro deber y privilegio hacerlo. Esto aclara que después del día de pentecostés, quien recibe a Cristo se convierte en templo y morada del Espíritu desde donde, todo el tiempo y con todo lo que siente, piensa y hace debe adorar a Dios (1 Co. 6:19-20).

La reverencia o el respeto hacia Dios debe comenzar en el corazón. Esto es central, fundamental y determinante que la adoración y el respeto hacia Dios debe venir de un corazón limpio en buena relación vertical y horizontal: con Dios y los demás. El lugar físico, el tiempo y la forma en que reverenciamos a Dios no es lo más importante sino la actitud y la buena relación que se tiene con Dios.

Cuando brindamos reverencia, adoración, servicio a Dios hipócritamente, como los fariseos y escribas, amonestación recibiremos de parte de Dios y algunos hasta ya duermen (1 Co. 11:30). Todo lo contrario, cuando la reverencia, adoración, y servicio esta acompañado de respeto, pureza, buena relación, y una actitud correcta que viene de un corazón limpio; alcanza aceptación y satisfacción de Dios. Así que, lo más importante en el momento de reverenciar y adorar a Dios es la limpieza de nuestro corazón, debe estar en paz con Dios y los demás. ¿Qué dice Jesús al respecto?

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