El porqué de todo

Día 4

Toda la obra del Señor tiene un propósito.

Texto para recordar

Porque de Él y por El y para El son todas las cosas. A Él sea la gloria por siempre.

Ro. 11:36.

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¿Dónde puedo estar más consciente de la gloria de Dios en mi diario vivir?

Punto de partida: Todo es para Él. El objetivo inicial y final del universo es mostrar la gloria de Dios (Sal. 19:1-2).  ¿Qué es la gloria de Dios y donde la podemos ver?

  1. Dios ha revelado su gloria a personas en diferentes circunstancias. En el Edén, en una Zarza, en el tabernáculo, en el templo, por medio de Jesús y hoy por medio de la Iglesia. Se presento como fuego, nubes, truenos, relámpagos, humo y luz brillante.  Ap. 21:23 describe la ciudad donde la gloria de Dios será todo lo que se necesita.
  2. La gloria de Dios se ve mejor en Jesucristo. He. 1:3, 2 Co. 4:6b, Jn. 1:14.  En otras palabras, vivir para la gloria de Dios es el mayor logro que podemos alcanzar en este mundo.  Dios posee gloria por naturaleza y nuestro deber es reconocerla (1 Cro. 16:24, Sal. 29:1, 66:2, 96:7). ¿Por qué? ¿Qué pasa cuando rehusamos reconocer la gloria de Dios?
  3. ¿Cómo dar gloria a Dios? Juan 17:4 para Jesús este fue su propósito.  Nosotros, damos gloria a Dios cuando lo adoramos.  La adoración es más que alabanza, oración y canto, es un estilo de vida que implica gozar a Dios, amarlo y entregarle nuestra vida para que la use de acuerdo a sus propósitos.

También, glorificamos a Dios cuando amamos a los demás creyentes (Ro. 15:7, 1 Jn. 4:14).  Es aprender a amar como Dios ha amado (Jn. 13:34-35).  Glorificamos a Dios cuando nos asemejamos a Jesús (2 Co. 3:18, Fil. 1:11). Glorificamos a Dios cuando servimos a los demás con nuestros dones (1 Pe. 4:10-11).  Finalmente, glorificamos a Dios cuando testificamos de Cristo a los demás (2 Co. 4:15).

E  Así que, ¿para qué vivir?  Vivir para dar gloria a Dios requiere cambios en las prioridades, en los planes, relaciones y todo.  Jesús es quien nos da todo lo que necesitamos para vivir, esto requiere una decisión (Jn. 1:11,12).  Primero creer que Dios nos ama, segundo, aceptar a Jesús como Salvador y Señor.    ¡Vamos, cuál es su decisión!

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