HOMILÉTICA BÁSICA

Luis Alberto Gómez Chávez, DMin.

En la descripción del curso se adelantó que el material a estudiar tiene tres partes: el predicador, el sermón y la predicación entendida como la exposición.  La precisión con que el estudiante haga cada tarea es lo que complementará la comprensión de esta materia y el alcance de los objetivos.   Cada tarea tiene correlación con el desarrollo temático del curso.

EL PREDICADOR

Aunque mucho del material se dedica a conocer los requisitos que debe llenar el predicador, es bueno entender el significado de homilética, predicación y otros aspectos generales.

  1. ¿Qué es homilética?

Es la ciencia y el arte de la preparación y presentación de un sermón o un mensaje de la Biblia u otro libro.   Esta definición tiene dos partes fundamentales: la preparación del mensaje y la presentación.  Es hablar a una reunión de personas con el objetivo de enseñar acerca de los que Dios le ha enseñado.

¿Qué rol juega el Espíritu Santo en estas dos partes de la homilética, lo limita, lo toma en cuenta o lo ignora?  ¿Cuál parte es más importante y necesaria para un predicador? ¿Qué rol juega la experiencia del predicador en el proceso de preparación y el acto de la presentación?

  1. ¿Qué significa predicación?

2.1.  Es la comunicación o proclamación verbal de la verdad divina con el fin de persuadir al oyente.

2.2. Es la declaración de la gracia de Dios para la necesidad del hombre, anuncio que hace un hombre o una mujer bajo la autoridad de Dios.

El hombre o la mujer siempre que predica la Palabra se encuentra entre dos campos reales: la gracia de Dios que se expone y la necesidad del hombre.   Este ministerio de la predicación, que incluye la preparación y la presentación, tiene dos propósitos que jamás deben ser descuidados.  Primero es la evangelización, porque todo predicador debe recordar que siempre que predica está anunciando el evangelio de las buenas nuevas de salvación.  Segundo, es la enseñanza o edificación, porque en todo momento que el predicador presenta la Palabra está enseñando, o adoctrinando.   Enseñar la sana doctrina y exhortar a practicarla es lo que hace el predicador cuando la aplica.  Esto es hacer uso de la ortodoxia (sana doctrina) y ortopráxia (práctica de la doctrina).  Es el objetivo de la edificación.

  1. Importancia de la predicación.

       3.1. Al predicar se está hablando del mensaje más importante de la vida y quien lo recibe, alcanza vida eterna.   Implica que quien presenta ese mensaje debe creerlo, vivirlo y disfrutarlo.

       3.2.  El mensaje que presenta el predicador es importante porque con ese mensaje puede alcanzar y cambiar el mundo entero.   La verdad os hará libres.

3.3La predicación es el método ordenado y más usado por Dios en la Biblia. En el A.T y en el N. T. Dios usó a excelentes predicadores y en nuestro tiempo los hay también (Mt. 28: 18-20).

3.4. Otras razones de importancia de la predicación.

  1. Requisitos de un predicador.

        4.1.  Haber nacido de nuevo: tener a Cristo como su Salvador personal, para poder ser instrumento de honra y dar frutos (Hch. 1:8, 2 Ti 4:1-2).

         4.2.  Sentir el deseo o el llamado. 

Significa estar convencido del llamado de Dios para servirle en este ministerio específico y de una manera más completa y efectiva.    Si el predicador está convencido de la vocación divina, en todo tiempo que tenga la oportunidad de predicar o hablar de Dios, lo hará con disposición, alegría y tendrá el poder de Dios para hacerlo frente a cualquier audiencia.   Hay dos elementos que se sienten al ser llamado a predicar y enseñar la Palabra: un sentido de responsabilidad por cumplir la misión y un alto concepto de sumisión a quien lo llama.

No olvidar que Dios es el que llama a sus hijos para todo ministerio y él se encarga de capacitarlos con las herramientas necesarias para realizar la misión encomendada.  Por consiguiente, nadie, absolutamente nadie, puede decir que no puede hacer “X” ministerio encomendado, porque quien lo ha llamado, lo ha capacitado también.   El ejemplo más obvio es el de Moisés Éxodo 3:10-12.

        4.3.  Humildad de espíritu.

Para ser un verdadero siervo de Dios, nos debemos humillar.  ¿Quién es capaz de humillarse?  Solo aquel que permite que el Espíritu Santo lo controle, le guíe y esté sometido a él.   El espíritu de humildad debe estar presente en la vida diaria del predicador y en la predicación de la Palabra ((Mt. 5:3, 20:16-17; Hch. 20:19; 1 Co. 2:1-2).  Cuando no se es humilde se actúa humanamente y solo se busca la vanagloria, se es orgulloso. Una actitud así es reflejo del no sometimiento al Espíritu Santo. ¿Qué se necesita para ser humilde?  Estar controlado por el Espíritu para depender de él en el proceso de preparación y en el acto mismo de la presentación.

Quien es humilde se entrega a Dios sin reservas.  Hacer esto es dejar el espacio para que Cristo controle sus talentos, ambiciones, deseos, palabras, comportamiento, carácter, y actitudes.   Mantiene una fresca y estrecha relación con Dios.  La comunión la alcanza por medio del estudio disciplinado de la Biblia: lectura, oración, devocional y meditación.  Se mantiene en vivencia cristiana con los hermanos y en un denodado aprendizaje de las predicaciones de la Palabra y de la honesta vida de confesión delante de Dios.  Finalmente, está dedicado a dar a Dios lo mejor de su vida sin importar el costo.  Billy Graham en su libro “El secreto de la felicidad”, p. 24-35 dice lo siguiente:

“En primer lugar, si hemos de ser pobres en espíritu, tenemos que estar

         conscientes de la pobreza espiritual.  Segundo lugar, si sois pobres en

espíritu, necesariamente tenéis que recibir los tesoros que Cristo te ha

habilitado mediante su muerte y resurrección.  En tercer lugar, si sois pobres

en espíritu, tendréis que estar conscientes de que dependéis de Dios.  En

cuarto lugar, si sois pobres en espíritu, necesariamente tenéis que negaros a

         vosotros mismos para que podáis servir mejor a Cristo”

Entonces, la humildad del predicador ha de verse al mostrar la necesidad de depender de Dios para toda acción y reconocer que sin él nada puede hacer.  Es buscar en Dios la fuerza espiritual en actitud de sumisión hasta encontrar su gracia.  Cuando más se depende de Dios y se está cerca de él cada día, más garantía hay que la predicación será una bendición.

     4.4.  Buen testimonio.

Esta palabra es fuerte, grande, necesaria e impactante.   Es el equivalente a buen ejemplo, coherente y en suma, irreprensible.  Pablo la utiliza para referirse a una persona intachable o de buena reputación.  El siervo de Dios encargado de transmitir o presentar la palabra de Dios o el kerigma de Dios, debe antes, durante y después de predicar mantener un comportamiento conforme a la vocación que fue llamado, al evangelio que representa y a la exigencia de Dios.    Es tener una vida solvente moral, espiritual, familiar y emocionalmente.  Es tener liquidez doméstica, económica, social, temperamental y de dominio propio.

Dentro-familia e igles

Fuera-vecinos y mundo

4.5. Sanidad doctrinal

              Este requisito requiere disciplina en: leer la Biblia para un conocimiento general, leer la Biblia para provecho espiritual, leer la Biblia para tener autoridad moral para enseñar a otros y leer la Biblia para estar firmes en medios de quienes enseñan lo contrario (Ef. 4:14; He. 13:9).  Toda esta disciplina se convierte en convicción que da libertad, autoridad y confianza al predicar o enseñar.

Es en este punto donde el predicador debe establecer el sistema de interpretación que aplicará en la preparación, interpretación y presentación de la Palabra. Si pertenece a una iglesia u organización cristiana, o denominación a la que está integrada la iglesia, está obligado a someterse al sistema de interpretación de la Biblia que esta tiene.  Sujetarse al credo doctrinal, respetar las doctrinas que en ella se enseña y práctica.

Ese sistema de interpretación de la Biblia se convierte en el marco de referencia y limitante en su enseñanza y predicación.  Sea maestro o predicador deberá obedecer a la enseñanza doctrinal a la que pertenece su iglesia.  Por ejemplo: La Iglesia Bíblica, el Seminario Teológico Centroamericano, Dallas Theological Seminary, y todas las instituciones teológicas bajo esta escuela, tienen el mismo sistema de interpretación. La escuela Dispensacionalista y premilenarista tienen el método de interpretación literal-normal-natural-gramatical-histórico-llano.   Así que, toda predicación y enseñanza está regida a este sistema de interpretación adoptado.

4.6. Compasión por las almas perdidas 

            En los siguientes pasajes se encuentra este requisito que todo predicador debe tener: Lc. 9:10-17; 1 Ti. 4:12; Stg. 2:1-9 y con mayor precisión en Mt. 14:13-21.  Todo aquel que ha sido llamado a predicar o enseñar la Palabra debe tener dentro de su corazón una profunda y ardiente compasión por el no cristiano.  Debe anhelar, cada vez que se presenta ante las personas para hablar de Cristo, traer almas a los pies de Cristo y exponerles el consejo de Dios. Nadie puede sentir compasión si no ha aprendido a amar a Dios.

4.7. Vida de oración

           La oración y la Palabra fue la prioridad de Jesús.  Esta debe ser la del predicador, orar y alimentarse de la Palabra.  Una predicación sin oración es una simple información con enorme carencia de poder.  Es comprado con el acto de comer carne sin sal.  La autoridad moral de un predicador la obtiene cuando es aprobado en el trono de Dios.  El siervo que ministra la palabra debe estar establecido sobre el fundamento de la oración.

  1. Problemas que enfrenta el predicador 

     5.1.  Presentarse ante el púlpito sin preparación

                Para la persona que está en el ministerio de la predicación le es menester leer libros, periódicos y estar informado.  Pero al referirnos a la preparación de una predicación, se debe leer y releer el pasaje seleccionado, subrayar las palabras claves y sacar conclusiones, anotar lo que es principal en el pasaje, reflexionar personalmente, criticar el pasaje y retener lo principal.

5.2.  Tensiones familiares

             Cuando el predicador esta ante el pueblo de Dios, ‘cualquiera diría que no tiene problemas’.  El predicador es humano y está expuesto a toda clase de problemas, si es posibles mayores pues es blanco de Satán.  Por ejemplo, la depresión, la soledad, la crítica, el poder, la fama, la popularidad, etc.  Debe tener solvencia en todo para ser efectivo ministerialmente.

   5.3. Temores internos y externos, ofertas

            Cuando no se dan frutos, internamente se enfrenta una tensión fuerte. La pregunta es, ¿Quién tiene la culpa?  Seré yo, será la iglesia o será el propósito de Dios.  El predicador es receptor de muchas cosas en la iglesia, uno percibe problemas, fracasos, pobreza, errores en la predicación, críticas e incomprensiones, y hasta oportunidades de enriquecimiento ilícito, etc.

  1. Recursos para vencer los problemas. 

      6.1. El Espíritu Santo

               Es enviado por el Padre en nombre de Jesús y “Él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que os he dicho” (Jn. 14:26).  Dios nos revela e ilumina por medio del Espíritu (Jn. 16:12-15) y acomoda lo espiritual a lo espiritual (1 Co. 2:10-13).

  1. El Espíritu Santo instruye (Jn. 14:26). La palabra “enseñar” implica también “instruir” “dar un discurso” “explicar una verdad”.  Esta instrucción no se limita a los discípulos, sino incluye a todos los hijos de Dios.  Pero según 1 Co. 3:1 “solo” los “espirituales” pueden recibir y entender las cosas de Dios.  Solo los que manifiestan el fruto del Espíritu (Ga. 5:22) y que andan en el Espíritu (Ga. 5:16) por estar controlados por Él (Ef. 5:18) entienden las cosas espirituales.  En fin, es el Espíritu el que enseña todo cuanto esté relacionado con Dios.
  2.    El Espíritu hace recordar (Jn. 14:26). Él se encarga de avivar la memoria estimulando la mente de los hijos de Dios para que recuerden todo lo que Jesús enseñó (Jn. 14:25).  No solo nos hace recordar, sino que nos enseña el significado (Jn. 12:16).  Él nos guía a toda verdad (Jn. 16:13) que está escrita en la Biblia.
  3.       El Espíritu Santo nos guía (Jn. 16:13).   El término guiará significa literalmente “adelantarse para indicar el camino”.  Él es nuestra guía y nos conduce hasta donde Dios nos quiere llevar.  La palabra no puede ser predicada si no la entendemos y si no la vivimos.  Él nos hace énfasis en una verdad y nos pone al descubierto nuevas revelaciones (Jn. 16:15).
  4. El Espíritu Santo hace saber (Jn. 16:13-15). Nos hace saber lo que vendrá refiriéndose a todo lo que se escribirá del Nuevo Testamento. ¿Qué más hace el Espíritu en relación con el proceso de preparación de un Sermón y el acto mismo de la presentación?

     6.2. La Palabra de Dios

            ¿Qué es? ¿Qué hace? ¿Qué dice? ¿Cómo ayuda? ¿Qué piensa usted acerca de ella? Ella enriquece nuestro conocimiento. Es la voz y autoridad de Dios y no solo la contiene.  Ella es todo lo que una persona necesita saber para vivir y el predicador debe conocerla, vivirla y enseñarla.   La Palabra describe a Dios, su plan y el destino de la humanidad. Todo predicador debe leerla, estudiarla, memorizarla, meditarla, aplicarla y enseñarla.

6.3. La oración

Entre más ore el predicador a Dios, más poderosa será la predicación y más lo usará Dios.  Implica dependencia de Dios, humillación y entrega.  Esta es bendición y trae bendición.  El predicador para tener autoridad moral para pararse frente al público. antes debe ser aprobado por Dios en el trono (2 Ti. 2:15).

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