Actitudes de quien ora

Luis Gomez

Mateo 6:5-15

No todo el que ora esta siendo escuchado por Dios. No toda oración escuchada por Dios es aceptada.  La persona que ora ha ir acompañado por ciertas actitudes para que esta se afectiva.   La oración que tiene resultados es aquella que se hace con sinceridad, dirección y reconocimiento.

En pleno siglo XXI se comprueba que la disciplina de la oración en muchas iglesias es ignorada, y si se hace es porque en realidad se siente obligada.  La oración no es una prioridad ni como iglesia y mucho menos como cristianos en particular.    Razón por lo cual, la iglesia no ejerce el poder que Dios le ha dado, no tiene autoridad espiritual y moral para hacerlo, y esta mas mundializada.  La iglesia cada día es más débil, insensible, bíblica, y esta en caos por falta de dependencia de Dios, y sometimiento a la Biblia y el Espíritu.

Al regresar a la Biblia encontramos a Jesús dejándonos el modelo de oración que debemos practicar nosotros los cristianos.   Cuando se ora, la oración ha de estar dirigida al Padre con mucha humildad, en santidad en el poder del Espíritu Santo y por los méritos del nuestro Señor Jesucristo quien dio su vida por nosotros.  En el momento de orar, lo mas importante no son las palabras que se dicen, sino la persona que ora, más aun, la actitud con que ora (Mt. 6:1-18).

La oración al estilo de Jesús demanda sinceridad (v.1-7). La palabra sinceridad se originó en la antigüedad, en el oficio del alfarero.   Los expertos en artesanía llegaron a tener mucha pericia no solo en hacer cerámicas y jarros, sino que también en comprar y vender este producto. Ellos desarrollaron una práctica para comprobar la originalidad o autenticidad de cada producto comprado.    Cada pieza era expuesta al calor del fuego y cuando uno de estos era falso, se derrite la cera que le habían puesto.  Este es el origen de la palabra sincera, algo que es auténtico, y verdadero.

Es por ello por lo que toda persona que ora a Dios debe ser autentica, verdadera, sincera.    Cuando se habla con el Creador, nuestro Dios que todo lo sabe, todo lo ve, que nada se esconde de él, y que es Santo; y como no se le puede mentir; es necesario ser honesto (a) o sincero (a).  Cada vez que nos acercamos al Padre en oración, necesitamos ser transparentes y sinceros.   Esta actitud asegura que el Padre no solo nos escuche, sino que nos responda.

Según los vv. 1-4, toda ostentación debe desaparecer.   En la oración no se puede apantallar a Dios, ya que él conoce nuestros corazones.   Ningún vocabulario técnico, científico, ostentoso, o rebuscad impresiona a Dios.  Es más, hacer esto solo descubre un complejo de inferioridad o superioridad que la Biblia desaprueba, y le llama pecado.   Orar con ostentando algo que no se es, no se tiene y no se hace es tremendo pecado que evita que la oración tenga poder y respuesta de parte de Dios.

La ostentación nos lleva a la hipocresía (v.5-7).  Un hipócrita es un falsificador, actor, dos caras, aparenta lo que no es, viene a ser como un payaso.   Jesús reprendió y censuró a los fariseos cuando les llamó “hipócritas”.  Él dice: “cuando ores, no seas como ellos (fariseos).   El hipócrita, ama orar de pie en las sinagogas, en las esquinas y en las calles para ser vistos y celebrados.  El orar en estos lugares no es malo, el problema es la motivación y la actitud con que se hace.    Seria fenomenal y maravilloso que todos oráramos en todos esos lugares para glorificar y representar a Dios, para dar a conocer el poder transformador del Espíritu, y aprovechar para compartir el amor de Jesús.

Lo ultimo de la falta de sinceridad es la repetición de las mismas palabras. Uno puede caer en la trampa de la repetición de las mismas palabras.  A veces se usan palabras rebuscadas, trilladas o escogidas, y se repiten y se repiten para ser aplaudidos.    Esto se da también en las alabanzas, o enseñanzas.  Lo mejor es seguir siendo uno mismo al acercarse a Dios en oración.   No imite, no copie, no repita, no apantalle, no finja, no mienta, ore con el corazón limpio a Dios, sometido y en perfecta relación con el Espíritu y siguiendo el modelo de Jesús, orar con sinceridad.

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