La oración, fundamento para la Iglesia

Luis Gómez

Antes que nada, le invito a leer los siguientes pasajes de la Biblia, Salmo 85:6, 119:126, Hab. 3:1-2, 2 Crónicas 7:14, Salmo 80:3,7,19.   Por favor, ponga atención al tiempo, el contexto y la realidad en que vivimos.   Con urgencia necesitamos que la iglesia se vuelva a Dios, su Palabra, y despierte para que se escuche su presencia.    Dios esta llamando a la Iglesia a rescatar su verdadera identidad, cumplir su legitima misión, y dejar de acomodarse al sistema gobernado por Satanás.  En otra palabra, la Iglesia necesita depurarse, liberarse de la influencia mundanal, y tomar profundas decisiones para vivir como le corresponde. Por lo cual, se requiere pagar un alto precio, despojo y revestirse, aceptar el desafío para crecer.

El Dr. Archer Torrey, en su libro, “Como orar” escribió: “sin duda, una de las principales razones por las que nuestros avivamientos o éxitos modernos son tan poco satisfactorios y superficiales es que dependemos más de la maquinaria humana que del poder divino que solo se obtiene por medio de la oración ferviente, persistente y de la fe”.[1] Continua diciendo, “el gran clamor de nuestros días es trabajar, trabajar, nuevos métodos, nuevas organizaciones, nuevas maquinarias; mas la gran necesidad de nuestra época es la oración”.[2]  En 1982 corea del Sur solo había una montaña de oración, en 1995 el numero de montañas de oración su multiplico a 500.  El Dr. Yongi Cho descubrió que el éxito de la Iglesia radica en la vida de oración.

La oración ha sido y será la base no solo de la firmeza de la Iglesia sino del crecimiento integral. La iglesia naciente estaba formada por 120 miembros quienes rápidamente experimentaron un crecimiento cualitativa y cuantitativamente.  En la primera predicación en Hechos 2, Dios convierte a mas de 3000 personas en la predicación de Pedro.  En esta primera congregación había una expresión profunda de amor, generosidad, comunión y pasión por las almas perdidas.   Dos elementos importantes fueron las condiciones: 1) Obediencia, los 120 permanecieron por 10 días en constante y perseverante oración. 2) Permitieron que el Espíritu demostrara su gran poder mientras la iglesia oraba y obedecía. Así que, hay tres agentes que participan en este avivamiento.  El pueblo de Dios que en santidad y fe lo pide. La oración como base donde todos se unen en amor.  Finalmente, el Espíritu Santo como el agente divino, motor y dador del crecimiento.

La oración es necesaria para el éxito espiritual de la Iglesia.   La oración necesita ser constante, desvelada, angustiosa y victoriosa.    Primero porque hay un diablo suelto que se ha resuelto oponerse deliberadamente al avance y crecimiento de la iglesia (Efesios 6:12). Segundo, la oración es la manera, el camino para obtener dicho crecimiento deseado (Salmo 37:4, Santiago 4:2).  Tercero, los santos hombres de Dios descubrieron que la oración es la mayor y mejor ocupación (Hechos 6:24).   Cuarto, la oración ocupo un lugar importante en la vida y para la vida de Jesús (Mt. 1:35).   Ultimo, porque por la condición espiritual de la iglesia es que se da la debida importancia a la oración.  La oración es la fortaleza del cristiana.  Esta inspira, motiva y da fuerza para vencer.

Vivimos en el tiempo en que la iglesia necesita clamar en oración y el deseo de Dios es hacer grandes proezas en medio de su pueblo.   Dios esta dispuesto a obrar en este tiempo (Salmo 85:6, 119:26).    Esa es la razón por la cual la iglesia ha de entregarse a la encomiable tarea de clamar a Dios, pero en santidad (Jeremías 33:3; 2 Crónicas 7:14). El éxito personal, familiar, ministerial y eclesial no vendrá si no aprendemos a rendirnos en santidad en clamor a Dios, si no pagamos el costo alto de agonizar en oración.  La iglesia y cada cristiano necesitan dedicar mucho tiempo para orar hasta el cansancio, pero con vidas agradables delante de Dios.

Eso sí, no se puede orar con seguridad de tener la respuesta de Dios si no hay santidad. 2 Crónicas 7:14 contiene tres palabras o pasos que la iglesia debe dar para gozar de esta bendición.  1) Humillarse ante Dios, 2) Agonizar en oración “desfallecerse en los brazos de Dios”, 3) Arrepentirse o convertirse o volverse a Dios, lo cual implica confesar sus pecados, y pedir perdón.

La iglesia primero debe arrepentirse de sus pecados delante de Dios.   Esta palabra literalmente es dar la espalda al pecado, pero el sentido mas exacto es cambiar la forma de pensar.   Aunque basados a 2 Cro.  7:14, significa confesar los pecados personales, familiares, eclesiales y aun los del pueblo.   Despreciar y deshacerse de todos y cada uno de los pecados y volverse de ellos y dar la espalda.    Este es un paso importante que se ha de dar si se desea prosperar de manera integral.

Un segundo paso que la iglesia ha de dar es volverse a Dios y su Palabra. Volverse en este texto es diferente a volverse de los pecados.  Significa volverse voluntariamente a los propósitos originales para los cuales Dios ha creado a la Iglesia.  Volvernos a la Palabra, regresar a los propósitos de Dios.  Debemos ser primero cristianos y después doctor, gerente, abogado, maestro, albañil, etc.   Celebraremos mas reuniones de oración y menos comités de planificación, dar mas tiempo a la oración y menos tiempo para saciar las emociones.  Vivir solo para dar gloria a Dios (doxología), edificar la Iglesia (discipulado) y proclamar el evangelio (soteriología).  Cuando la iglesia en limpieza de corazón y humildad constantemente busca el rostro de Jehová; buscara siempre el hacer la voluntad de Dios.   Dedicara mas tiempo para orar.  Una vida de oración es la base y la preparación para lo que Dios hará.

Por último, la iglesia debe regocijarse en Dios (Salmo 85:6).   Por mucho tiempo, la iglesia se ha alegrado en construir, hacer planes, proyectos, instrumentos, conversiones, actividades, bautismos, aniversarios, conciertos, asistencias y eventos tras eventos; menos en Dios quien es la fuente de la felicidad.   Es aprender a gozarnos, alegrarnos y regocijarnos en nuestro Dios.   El Salmo 37:3-7ª entre otra cosa dice. “deléitate a sí mismo en Jehová”.  Es “contemplar la hermosura de Dios” (Salmo 27:4).  Deleitarnos es descansar, confiar, esperar solo en Dios, contentarnos en él en cualquiera que sea la circunstancia.  Es mejor rebosar de alegría en la majestad, belleza y grandeza de Dios y no en todo lo que hacemos cada día.   Es pasar mas tiempo cerca de Dios, hablando con él, dejando que él nos hable, creyendo en sus promesas, es una vida de total contentamiento.

En fin, la verdadera experiencia de triunfo de la iglesia radica en el nivel de fidelidad en Dios que esta tenga.   Tal nivel de fidelidad tiene su base en gran medida en el estilo de vida de oración que tenga.   La oración es fundamental en el ser y quehacer de todo cristiano y de la iglesia.   Sin olvidar que la oración es eficaz cuando se practica teniendo una vida santa, perseverante, con visión.   Dejemos que Dios quiebre el barro en nosotros para que la belleza del poder de Dios se manifieste en la iglesia.   Bueno, el desafío es comenzar hoy mismo la disciplina espiritual de la oración, poco a poco hasta que se convierta en un hábito espiritual, un estilo de vida.

           [1] Arcer Torreye, Cómo Orar, pag. 98.

           [2] Ibid.

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