Parejas Estables en Tiempos de Crisis

Pastor Luis Gomez

El matrimonio es un producto creado directamente por Dios, quien es Poderoso, Amoroso, Creativo, Soberano, Sabio y Bello.  Él es el Arquitecto y Dueño de todo (Sal. 24:1). Dios es quien DISEÑÓ el matrimonio, por lo tanto, si Dios hizo al hombre y a la mujer, el matrimonio; todo es perfecto y por ende, éste debe funcionar perfectamente bien en todo tiempo no importa si es de crisis o no.

Dios no se equivocó, él es perfecto, y cuando instituyó el matrimonio, él sabía que era la mejor alternativa para la sociedad humana. El Dios Santo desde que pensó en la humanidad planeó bien las cosas, y primero hizo el matrimonio como la institución más sagrada que daría a la familia y a la sociedad identidad, estilo, forma, orden, contentamiento, sentido, y propósito. Unido al matrimonio, Dios especificó las instrucciones para su desarrollo, su desenvolvimiento,  y su comportamiento. La clave de todo está en la obediencia del matrimonio a Dios al seguir fielmente las instrucciones originales de su Creador.

La pregunta lógica si lo anterior es verdad, ¿Por qué hay problemas en el matrimonio hoy más que nunca?   Porque se han olvidado del Creador y se han apartado de las normas, reglas y lineamientos originales establecidos por Dios. Como Dios es quien los ha hecho, él sabe cómo funcionan bien, lo único que nos queda es obedecer y seguir las instrucciones de la fábrica eterna o del fabricante eterno y perfecto.  El impase es este, aunque fue creada por las manos de Dios, si no aprende a vivir en las manos de Dios no podrá alcanzar su máxima felicidad, realización y satisfacción en este mundo.

                        Cualquier otro invento humano es solo un proyecto de la carne que no tiene que ver con los derechos legítimos como seres humanos, sino con una expresión de rebeldía impuesta contra las instrucciones originales del Creador.    De manera que, para que una pareja permanezca estable aun en tiempos de crisis, simplemente necesita ser leal a Dios y al conyuge.

Primero, lealtad al no olvidar el propósito por el cual se unieron como pareja.

El matrimonio mucha veces ha fallado no porque la institución del matrimonio falle, sino porque el hombre y la mujer que se unen en matrimonio no definen el propósito para el cual se unen en matrimonio, no es para ser felices, sino para honrar y glorificar al creador del matrimonio, a quien les unió en matrimonio, a Dios.   Cuando la pareja teme y respeta a Dios en prioridad, el matrimonio vivirá en plena satisfacción,  estabilidad y la felicidad vendrá como añadidura.   ¿Para qué se unieron en matrimonio?

Lo  fundamental para que un matrimonio funcione y cumpla las exigencias divinas es que tengan a Cristo como Salvador  (Sal. 127:1) y lo reconozcan como Señor (Jo. 24:15).

La estabilidad emocional de un matrimonio la da la estabilidad espiritual. Es la búsqueda prioritaria por estar bien con Dios y con su pareja (Sal. 127,128). Es la insistente cultivación de valores y absolutos espirituales y eternos como es el amor hacia Dios, respeto, fidelidad, responsabilidad, comunicación hacia el cónyuge.

Segundo, lealtad  al no olvidar el compromiso de vivir unidos para siempre.

Dios aprueba, celebra y bendice la unión del hombre y la mujer que se casan (Gé. 2:24) (Mt. 19:5-6). Dios une a estas dos personas en una y el concepto de dos personas en el matrimonio desaparece porque ambos se funden en una sola carne. Quienes se casan forman una unidad inseparable delante de Dios, ante las leyes, ante la sociedad y ante la iglesia. El gran error postmoderno sobre el matrimonio es que se casan para probar o experimentar, se casan con reglas pre elaboradas o pactadas, lo hacen sin conocerse a profundidad, sin el amor verdadero a Dios, y sin darle importancia que el matrimonio es para siempre, y que nada pondrá en juego ese pacto. La estabilidad depende de vivir fielmente en la unidad construida por dos personas de sexo opuesto (Ge. 1:27), son una sola carne.

¿Recuerda el compromiso que hizo al unirse en matrimonio?

Usted dijo con sus propios labios los votos de lealtad y compromiso.  Si hay algo que aprecia Dios de un matrimonio es la lealtad recíproca.   Si hay algo que valora un hombre y una mujer es la lealtad de su cónyugeSi hay algo que engalana al evangelio, a la iglesia, a la familia, al matrimonio y a la sociedad es la lealtad de los casados.  Si hay algo que da seguridad, estabilidad, y responsabilidad a la sociedad y a un gobierno son los matrimonios que viven en la dimensión de la lealtad a Dios, a su cónyuge, a sus hijos y a sus votos.

Tercero, lealtad al  funcionar bajo un sistema correcto de prioridades.

Toda pareja necesita establecer con claridad los objetivos que regirán el desenvolvimiento del matrimonio.  Significa que una vez se casan, necesitan sentarse para establecer un orden de prioridades que responde a ¿Quién es más importante para usted? (1 Co. 11:3) Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo, y la cabeza de la mujer es el hombre, y la cabeza de Cristo es Dios”.

La pareja que no permite que se inmiscuya el mundo con todo su esquema materialista, modernista, consumista  en las relaciones matrimoniales con seguridad permanecerá estable.  Esto requiere que como pareja establezcan una filosofía de vida que incluya el uso del dinero, del tiempo, gustos, metas, planes y sueños.  El mundo no debe manipularlos hasta el punto los envuelva y no los deje dormir.    El matrimonio es una alianza de amor y santidad basada en los votos (He. 13:4).   Pero también es una sociedad compartida (1 Pe. 3:7) de respeto y amor.

Cuarto, hacer de la lealtad el mayor valor cotidiano.

La lealtad, en cambio, forma parte de la promesa matrimonial de perseverar en la bonanza y en la adversidad, de agradecer lo bueno y soportar lo malo; de mantenerse fiel en medio de toda circunstancia.  Lo tremendo es que debemos ser fieles a pesar de los momentos agradables que  con frecuencias nos pueden apartar de Dios o en los desagradables que con seguridad nos confunden para no buscar a Dios.

Lealtad vertical: hacia Dios y la fe (espiritual) (Ejemplo José, Daniel, Juan).-

Estoy seguro, lo he enseñado, la Biblia  asegura que cuando un  hombre o una mujer teme a Dios de todo corazón, él o ella podrá ser no solo leal a su cónyuge sino fiel a sus votos y convicciones.  Es por ello que todos los días, todo esposo o esposa deben mantenerse en la dimensión de respeto, reverencia, temor, amor, adoración y reconocimiento de que el  Dios santo vive en su corazón y que merece lealtad.    Cada cristiano es morada de Dios (1 Co. 6:19-20), y  por tanto, debemos ser santos en toda nuestra manera de vivir (1 Pe. 1:15).

Moisés escribió que Dios estaba con José (Ge. 39:2-3), y que lo hacía prosperar.   Al leer detenidamente la historia de este gran personaje, podemos destacar su tremendo respeto, temor y lealtad hacia Dios.   Un solo texto es suficiente para comprobar dicha lealtad no solo a Dios, sino a Potifar, su patrón terrenal (Ge.39:9-10).    Indiscutiblemente, José en esa inigualable tentación demostró  con sus sentimientos, pensamientos y acciones ser un varón conforme al corazón de Dios.

Hay otros ejemplos de lealtad: Josué,  Moisés,  Daniel,  Juan, y Pablo, etc.    Lo primero que Dios busca es lealtad a él (Dt. 6:1-4; Ex. 20).   Esta es la lealtad vertical, esta está faltando en la sociedad postmoderna, y es la razón por la cual estamos como estamos, en decadencia moral, social y espiritual, en caos total. ¡¡Oh, Dios, ayúdanos en nuestra debilidad, ayúdanos en nuestra condición, auxílianos en nuestra condición y necesidad!! La lealtad a Dios se desarrolla en la medida que cedemos espacio al Espíritu Santo.

Lealtad horizontal: hacia el cónyuge y los hijos (matrimonial-familiar)

Salmo 127:1 dice: “Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican”. Salmo 128:1 dice: “Bienaventurado el varón que teme a Jehová…. su mujer será como vid que lleva frutos a sus lados, y él comerá del fruto de sus manos”.    Finalmente, “Someteos unos a otros en el temor de Jehová” (Ef. 5:21).    La verdad es que si el esposo y la esposa viven en la dimensión hermosa del respeto, la lealtad, fidelidad, entrega, obediencia y temor a Dios, esto facilitará el ser leal y fiel a su cónyuge, y a sus hijos y garantiza estabilidad.   Uno de los retos que enfrenta el hombre y la mujer, es ser fiel a su esposo cuando este no la ama, o ser fiel a la esposa cuando ella  no lo respeta, pero Ef. 5:33 da la respuesta.  Emerson Eggerichs explica con mucho detalle este principio de que Dios bendice a quien ama y a quien respeta independiente de ser amada o respetado.[1]

Lealtad interna y externa: con uno mismo, con los demás. (Individual y colectiva)

Esto es necesario e importante el auto evaluarse, auto estimarse y auto amarse sin tener que llegar al hedonismo o al egoísmo o antropocentrismo.    No puedo respetar a los demás, a menos que aprenda a respetar a Dios en mi corazón.  Él  da  el poder, la fuerza divina, el dominio, la habilidad, y facilidad para sentir con respeto, pensar con respeto y hablar con respeto hacia uno mismo, y luego hacia los demás.   Romanos 12.18 dice: “En cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos”. Semejante acción no será posible si no está en paz consigo mismo (a), no podrá respetar y buscar la paz, la armonía, la concordia, la confraternidad y la sociedad con los demás si no tiene una limpia y sana conciencia, y una sincera, y transparente relación con Dios, y consigo mismo (a).

Conclusión

Piensa por un momento en ¿cómo serían las cosas en la sociedad actual si todos, absolutamente todos en particular determinamos ser leales en toda nuestra manera de vivir?     Cuando se es leal a Dios porque se ama, respeta y obedece, nos es más fácil ser leal en las otras áreas de la vida.   Si eres casado (a), toma en serio esta verdad, aprende a amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, y con todas tus fuerzas, y en esa dimensión sublime de respeto; experimentaras estabilidad como pareja, pues serás fiel, y leal en todo, no solo a Dios, sino a tu cónyuge, padres, hermanos, amigos, compañeros, etc.

La lealtad a Dios inicia cuando abrimos nuestro corazón a Jesús y se desarrolla en la medida que cedemos nuestro espacio al Espíritu Santo.    Así que, si deseamos ser una pareja permanece estable aun en tiempos de crisis, por favor, no olvide que se casó para siempre, se lo prometió  a Dios y su cónyuge, esfuerce por seguir las instrucciones y reglas originales del matrimonio según el orden de prioridad, y haga de la lealtad el valor diario a practicar.

 

               [1]  Emerson Eggerichs, Amor y Respeto, pgs. 30-40.

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