Vidas saturadas del amor de Cristo

Vidas saturadas del amor de Cristo

1 Juan 4:7-21

El amor da identidad, vida, imagen y poder de atracción a la iglesia. El amor es el lenguaje que controla el corazón, la mente, las palabras y las acciones de todo cristiano. Me refiero al amor de Dios, el ágape del cual se desprende, el filial, amor fraternal que afecta las relaciones con los demás.

Cuando una persona encuentra una iglesia donde no solo se enseña sobre el amor, sino que se practica, decide quedarse porque se siente querida, valorada, amada y se siente útil.

  1. Dios nos da su amor cuando creemos en él (Ro.5:5)

         Hablar del amor de Dios, es incursionar en un tema interminable, inexplicable e incomprensible en todas sus dimensiones (Ef. 3:14-21).  ¿Qué significa el hecho de que una iglesia este saturada del amor de Dios?

Significado del amor

           Amor en todos los niveles es la manifestación de la totalidad del ser hacia otra persona.  El amor sea divino o humano, es la expresión más profunda que puede darse, es la fuerza interna (Dt. 6:5) que nos impulsa a realizar aquellas acciones que dan placer (Prov. 20:13) obteniendo así el objeto que nos despierta el interés (Ge. 24:4).  El amor verdadero busca el bien para la otra persona pase lo que pase.   El amor es activo y requiere una expresión.   El amor de Dios es bíblico, eterno, transparente y es más que un sentimiento ya que se demuestra independientemente de los sentimientos.  El amor es una decisión o un compromiso que requiere fidelidad. 

Dios es amor

Solo 1 Juan 4:7-21 hay quince veces la palabra amor como verbo, adjetivo y sustantivo. La frecuencia habla de la importancia.

Vea las frases resaltantes: “amémonos unos a otros” “el amor es de Dios” “todo el que ama es nacido de Dios” “Dios por amor envió a Jesucristo”. Tiene que ver con la demostración del amor en las relaciones interpersonales, en las relaciones diarias, y en las acciones cotidianas.

Pero la frase sobresaliente que sirve de parámetro para nuestro comportamiento es “Dios es amor” por naturaleza y esencia.  Nada de lo que Dios hace este separado de su misma naturaleza. Por ende, cada hijo de Dios que dice creer en Dios, su tarea es vivir, mostrar y compartir ese amor a los demás.

Descripción del amor de Dios.

¿Cómo puede entender, y explicar el amor de Dios según Efesios 3:14-21? La medida, la anchura, la profundidad y el alcance del amor de Dios no pueden ser determinados.  El amor de Dios es grande, sublime y eterno. Ro. 5:5 dice que es derramado en el corazón de la persona que cree en Jesús.  Eso mismo, impulsado por el Espíritu Santo es lo que nos hace cambiar en la forma de pensar, sentir, hablar, y actuar. El amor es implantado en nosotros que hace que nuestra mente tenga una perspectiva diferente hacia las cosas de este mundo, la vida y la forma de vivir (2 Co. 5:17, Ef. 4:24). Es un milagro divino.

¿El amor de Dios en nosotros es un sentimiento, un poder, una energía, o es Dios viviendo en nosotros?

¿Qué pasa con el cristiano que teniendo el amor de Dios en su corazón, está obligado moral, natural y espiritualmente a amar a Dios y a los demás, pero no lo hace?

  1. El amor hacia Dios

            “El primer y gran mandamiento es amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu mente, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Mr. 8:35-36).  El amor no solo es una emoción, sino una decisión, no solo es un afecto sino una convicción. (Éx. 20:1-7, Dt. 10:12-13; Jo. 22:5).

# Nuestro amor hacia Dios debe partir desde el corazón.          Jesús dijo: “si me amáis, guardad (obedeced) mis mandamientos”. La primera responsabilidad del amor es obedecer hasta morir.   Solo cuando estamos dispuestos a morir es que realmente estamos amando.

# Nuestro amor hacia Dios debe ser con toda la mente. Amar a Dios con la mente significa amarlo con cada pensamiento emitido del corazón.   Si deseamos amar a Dios con la mente, es imprescindible que el Espíritu ejerza influencia y control sobre nosotros.

# Nuestro amor hacia Dios debe ser con el alma. Es amarlo con la totalidad de la vida: la respiración, los anhelos, los sentimientos y emociones. Es amarlo con cada latido del corazón, en cada respiro de la garganta y con todas las manifestaciones que brotan del alma.

# Nuestro amor hacia Dios debe ser con todas las fuerzas. Dios merece que le amemos con todas las fuerzas, con la totalidad de nuestra vida, capacidad mental y emocional, y con fuerza interna y externa.

Conclusión

Debemos amar a Dios 1) porque lo necesitamos para vivir, 2) porque es la virtud preeminente en la vida cristiana que incluye el corazón (centro que controla la vida), el alma (la vida consciente), la mente (capacidad de pensar, discernir, examinar, y decidir) y todas las fuerzas (la capacidad física del cuerpo).  Es amar con nuestra personalidad (lo que somos, pensamos, sentimos y hacemos).  ¡Amemos con todo…!

 

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