El ministerio de restauración pastoral

Luis Gomez
 
Creo que sería saludable que todas las organizaciones eclesiásticas e instituciones teológicas y educativas contemplaran dentro de sus pensums educativos, programas ministeriales y recursos a disposición de la restauración de siervos pastores que de alguna manera necesitan ayuda emocional, psicológica, ministerial, familiar y espiritual. Se sabe que cuando un pastor cae en pecado es restaurado por compromiso moral, pero muy poco se hace por aquellos que realizan el ministerio en agonía, escasez, casi moribundos, sin motivación alguna, y sin atención cuando son echados injustamente de las iglesias o justamente. Aun no se cuenta todavía con un ministerio así, que ayude a los pastores y a sus familias durante el periodo de transición ministerial. Esto aliviaría las penas, y evitaría el brote de alguna clase de resentimiento ministerial.
 
Considero que una proyección ministerial preventiva de esta naturaleza sería una acción humanitaria, pues muchos pastores en países menos desarrollados, las iglesias no cuentan con recursos o simplemente no han creado programas de retiro, bonificaciones o de auxilio pastoral. Sería de aplaudir tales iniciativas, pues generalmente los pastores cuando se retiran no cuentan con mucha ayuda, y los seguros de nuestros países ofrecen una cantidad mínima y solo cuando se ha cotizado por más de 20 años. Lo que reciben los pastores jubilados es simbólico, y si no ha previsto para su futuro, lo más seguro es que quienes fueron pastores apreciados por sus grandes ministerios, vienen a tener vidas llenas de necesidad. Usted dirá, ¿no es esto responsabilidad de Dios, cuidar de sus siervos? Claro que sí, pero por esa razón nos ha dado inteligencia, emociones y voluntad, nos ha enseñado sobre el amor, la generosidad, nos dio el ejemplo al darnos lo mejor. Somos nosotros los responsables de ser buenos administradores de los recursos que Dios nos ha dado.
 
Los pastores también necesitan cuidado pastoral, como ya lo he mencionado en páginas anteriores. Los golpes son tales que necesitan apoyo espiritual y emocional. Esto requiere por un lado, abrirse en confianza ante los consiervos, y dejar de ser autosuficientes. Yo creo que el pastor, después de mirar las cosas bajo la perspectiva de Dios, debe aprender a vivir en pleno contentamiento, y todos los días desarrollar o reforzar su vida de fe, dependencia, y entrega a Dios. El asunto acá es, aprender a llevar los dolores, y los golpes ante el trono de gracia en vez de tomar una decisión en el peor momento y ponga en riesgo su vida, ministerio, su familia y la integridad ministerial.
 
La restauración de los siervos es responsabilidad de las instituciones eclesiásticas.
 
La restauración es responsabilidad de las iglesias beneficiadas por el ministerio pastoral.
 
La restauración es responsabilidad de nosotros los pastores colegas.
 
Es tiempo de meditar sobre esta necesidad, que es nuestra responsabilidad.
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