En las paradojas, el costo a pagar es elevado.

Luis Gomez Chavez

           Uno de los temas que he estado investigando desde hace dos años es sobre las paradojas en la vida cristiana, pero principalmente en la vida de los siervos del Señor.    La meta de esta investigación es escribir un libro titulado “Lo que callamos los pastores”.  Jeremías, identificado con el profeta llorón no solo porque se queja, sino porque sufre al ver la realidad de su nación, la realidad de su tierra, y la realidad del ministerio es quien le tocó vivir muchas de las paradojas ministeriales. Sin embargo, esto mismo le toca vivir al cristiano que se propone ser fiel a Dios y a su fe, porque le toca experimentar contradicciones, paradojas, criticas, rechazos, abandonos, oposición y adversidades en vez de bendiciones, apoyo, respaldo y alegrías.

Si hay un profeta que sufrió en el ministerio es Jeremías.   Si usted recuerda, Jeremías fue escogido y apartado por Dios desde antes que naciera para ser profeta a las naciones con la peculiar misión de destruir, arrancar, arruinar y derribar, pero también para edificar y plantar.   Su trabajo como profeta anticipaba sufrimiento, oposición y resistencia, pero por parte de los extranjeros, y no se esperaba que la mayor oposición, rechazo y sufrimiento lo recibiría de su propia nación.  Cuando un pueblo, una iglesia, una familia, un matrimonio o un cristiano no quiere aceptar ni reconocer la Palabra traída por el siervo de Dios, que en este caso es el profeta, lo más seguro es que habrá oposición, sufrimiento, contradicciones, critica, rechazo para el enviado de Dios quien solo se ha limitado a decir lo que Dios le ha ordenado decir.

Jeremías simplemente dice lo que Dios le ha ordenado decir.  El profeta debía pregonar un mensaje de juicio y castigo, pero a los judíos no les gusta que les señalen el error en que están, por lo tanto, arremeten en contra del portador de este mensaje.   ¿No es eso una realidad paradójica en la vida de muchos siervos de Dios, sean pastores, misioneros, maestros, evangelistas, u otros líderes?   Cuando alguien que queriendo ser recto, justo, y obediente a lo que Dios manda que se haga le dice la verdad a otra persona, o señala el error en que se encuentra, o le advierte de las consecuencias que puede recibir por la clase de vida que lleva, muchas veces es criticado, rechazado, desobedecido, aislado, señalado, irrespetado y/o hasta amenazado.

Ser fiel a Dios y al mensaje a dar requiere estar dispuesto a pagar un costo alto.  Lea Jeremías 38:3-4 donde es sentenciado a muerte por decirles lo que Dios había determinado, pero luego cambia la sentencia y lo echaron en una cisterna (38:9-10) con la intención de que muriera de hambre, pero luego lo sacan y lo dejan en el patio de la cárcel, aun sigue preso (38:13).  Jeremías aun con todo lo que le ha pasado, se mantiene fiel y obediente a Dios al declarar el mismo mensaje (38:15-17), y lo dejaron en la cárcel hasta el siguiente día cuando se cumplió la palabra que él les había dicho (38:28).

A esto se le llama fidelidad.  Esto es lo que yo llamo paradojas o contradicciones, pues por ser fiel a Dios uno debe estar dispuesto a sufrir todo lo que sea necesario.  Es la experiencia de José, Job, Daniel y sus amigos, Jeremías, Pablo y los apóstoles, quienes experimentaron el costo de la fidelidad con dolor, angustia, rechazo, abandono, crítica, oposición, sufrimiento, e incomprensión.   ¿Cómo puede una persona sin Cristo entregar su vida a él cuando sabe que además de apartarse de sus deleites y placeres, estará sometido a una vida de prueba, sufrimiento, crítica, rechazo, abandono e incomprensión?   Esta es la parte profunda de las paradojas, que entre más fiel eres a Dios mayor es la oposición que tendrás, pero a mayor fidelidad más aprobación de Dios tendrás. Dios es mayormente exaltado, glorificado, honrado cuando permaneces fiel en medio de las pruebas, y ese es el fin de toda la vida, que Dios sea honrado, aunque nos cueste la vida.

Sin embargo, deseo compartir esto que ha sido lo que yo he vivido.   El rechazo, el abandono, la soledad, la incomprensión, las injusticias, la crítica, y la oposición que nos hace sufrir en la vida ministerial no es comparada en nada con la eternidad que nos espera al lado de nuestro buen Dios donde el gozo, la paz, la bendición, la alegría y la tranquilidad jamás menguarán, porque estaremos con Cristo para siempre.   Así que, recordemos lo que dice Jesús, “Más bienaventurados sois cuando por mi causa sois vituperados” (Mt.5:11).  Este es el verdadero evangelio, un evangelio de vida eterna pero que en el presente requiere entrega, y disposición a sufrir todo con tal de ser fiel a Dios, al ministerio, al evangelio, a la fe, a los valores, y a las convicciones.

Jeremías, aunque lloro con toda el alma por la injusticia, y el sufrimiento que le trajo el ministerio, jamás se hizo atrás, siempre fue fiel al decir el mensaje tal como Dios le había encomendó decir.  Esa es nuestra tarea, no solo de los pastores, sino de todos los miembros de la iglesia, no de estar en el grupo de los opositores, de los espectadores, señaladores o de los que se enojan porque se les predica un mensaje que les señala el error, sino  de estar en el grupo de los que están dispuestos a sufrir, trabajar, servir, y a entregarse a Dios con compromiso, a pesar de la oposición, crítica, rechazo, opresión, y abandono con tal de honrar a Dios con su fidelidad.

Mi amado consiervo, si quieres agradar a Dios con tu vida y ministerio, debes estar en el grupo donde esta Jeremías, lo que significa estar dispuesto hasta morir con tal de ser fiel a Dios y a la tarea que se te ha encomendado.    Morir para vivir, gozo en medio del dolor, a mayor fidelidad y entrega a Dios más oposición, rechazo y abandono.   A mayor abandono de los demás, mayor es el respaldo de Dios si le eres fiel.  Si Dios está contigo, que importa lo que te venga en la vida, si al fin de cuenta, las paradojas en el ministerio solo duran menos de cien años lo que comparado con la eternidad con Cristo, es casi nada lo que sufrimos por él.

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