La Mayor Bendición

Luis Gómez Chávez

       En la actualidad, considero que el valor más grande que podemos practicar como iglesia porque es el que el mundo más necesita, es el amor.   Jesús insistió y modeló este valor. Según la descripción que hace la Biblia del amor de Jesús, en palabras no es posible explicarlo, medirlo, pesarlo, ni limitarlo.  Sin embargo, la Biblia dice que el objeto de este amor, somos nosotros, y la máxima expresión de este amor está en muerte.

 La descripción del amor de Jesús (Ef. 3:14-20). El amor de Jesús se recibe al creer en él como Salvador.  Ese valor se convierte en la base, motivación, motor, fuerza, virtud y energía que da identidad a la persona (v.17). Es Cristo viviendo en nuestro interior (corazón) que nos capacita para conocer y comprender las dimensiones de su amor: anchura, longitud y profundidad (v.18-19ª). Este amor es más grande que todo, excede al conocimiento, sobrepasa nuestro razonamiento, nuestra mente es incapaz de comprender todo lo que es el amor de Jesús.

        El objeto del amor de Jesús (Jn. 3:16, Ro. 5:8, 1 Juan 4:9-10,14-16). Jesús murió por el mundo (personas) (Jn. 3:16), Dios ama al mundo (Ro. 5:8), Dios envió a Su Hijo al mundo (personas) (4:10), por nuestros pecados murió.  Jesús vino a buscar y salvar lo que se había perdido, (4:14).  El objeto del amor de Jesús son los pecadores. La demostración del amor de Jesús (Jn. 13:34, 1 Juan 3:16, Ef. 3:21). Su muerte en la cruz es la demostración máxima de su amor para nosotros.  1 Juan 3:16 lo explica, pero también Ro. 5:8.  El amor se demuestra cuando estamos dispuestos a sacrificar nuestra vida con tal de salvar la del prójimo.

Lo que más busca Jesús de nosotros no es todo lo que hacemos, no es todo lo que tenemos, no es lo que somos sino cuanto obedecemos lo que él nos manda que hagamos.  La obediencia es hacia Dios, hacia su Palabra, hacia su misión, hacia el Espíritu, hacia las autoridades delegadas por él.   Recuerde las reglas de la obediencia, y entre nosotros los cristianos, la Biblia dice “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Ef. 5:21).  El lenguaje del amor es la obediencia (Jn. 15:10).   El amor de Jesús es tan grande, profundo e inmenso que solo podemos entenderlo en la persona de Jesús quien voluntariamente se entregó por amor al murió en la cruz. Hoy Jesús está ofreciendo su amor a todos, y desea que todos nos amemos, le obedezcamos y le honremos con toda nuestra vida, mente, alma, cuerpo, talentos, familia, trabajo, habilidades, etc.

          El encargo que Jesús dejó a la iglesia va más allá que solo predicar el evangelio sino discipular, no es solo asistir a los cultos u ofrendar con regularidad, que, aunque eso es bueno, no es eso lo que Jesús busca de nosotros.   Si Jesús demostró su amor al morir en la cruz en lugar de nosotros, por lógica, hoy todo aquel que ya tiene ese amor en su corazón, debe amar al prójimo como él nos amó, debemos obedecerle (guardar) en todo lo que él ha dejado como su Palabra y vivir solo para glorificar (honrar) a Dios con nuestra vida y con los frutos.    Insisto, lo que más se necesita es que el amor de Jesús nos controle, porque solo así, construiremos un puente que nos conecte con el mundo.  Jesús demostró su gran amor al dar su vida por nosotros, hoy nos toca vivir saturados y controlados de ese amor.

 

 

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