¿Por qué obedecer y a quién obedecer?

Luis Gómez Chávez

           Por norma universal, el menor obedece al mayor, el obrero al patrón, el subalterno al jefe, el hijo a los padres, el alumno al maestro, el feligrés al pastor, el creado al Creador, etc.  Tal regla ha sido aceptada, obedecida y muy poco cuestionada por muchos siglos, claro con excepciones, pero por lo general ha dado muy buenos resultados.   Se debe enfatizar que el no obedecer esta regla trae consecuencias pedagógicas además de penalidades merecidas.

Con la llegada del modernismo, sustituido por el postmodernismo y ya casi celebrado el transmodernismo; esta regla bien aceptada con resultados positivos de seguridad, estabilidad y acuerdo; ha venido a subestimar, mal informar, persuadir, incitar e inducir a la desobediencia.    Tal es así que, en este tiempo postmoderno hay no solo confusión en los roles sino falta de respeto en todos los niveles, etc.  Lo más triste de todo   es que la desobediencia y la falta de respeto es visto como algo normal, como un derecho civil y humano.

El obedecer es un deber que Dios ha establecido y no tiene que ver simplemente con que la otra persona lo merezca por su posición, ubicación y nivel de relación.   La acción de obedecer es una virtud, una estrategia, una oportunidad, una responsabilidad, una obligación, un asunto de madurez, una decisión que demuestra respeto, educación y amor.  La Biblia dice en Efesios 5:21 “Someteos unos a otros en el temor a Dios”.   A quien teme a Dios le es fácil obedecer, y al hacerlo siente satisfacción. Dios ordena que los hijos obedezcan a sus padres, que el menor obedezca al mayor, que la esposa sea obediente a su esposo, pero todo eso es posible, fácil, natural, y es bendición cuando se obedece o se teme a Dios.

Así que, debemos obedecer porque amamos, respetamos, y deseamos que Dios nos bendiga.    A quien debemos obedecer en primer lugar es a Dios, y una vez obedecemos a Dios, él mismo nos guiara a obedecer a quien necesitamos obedecer.   Dios nos ha llamado a ser obedientes y el ser obediente garantiza muchas bendiciones.    El camino más corto para ser bendecido es la obediencia.  El ciclo de la recompensa es obedecer a todo el que está en una posición de ser obedecido, pues la primera recompensa es la satisfacción.   En todo sentido, es mejor obedecer que desobedecer.

Un cristiano debe obedecer a Dios, a la Biblia, al Espíritu Santo.  Quien obedece de esta manera, tendrá la sabiduría, el discernimiento, y la capacidad de obedecer a quien se debe obedecer, lo que se debe obedecer, y donde se necesita obedecer.

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