La recompensa de la autenticidad

Dr. Luis Gómez Chávez

Hace mucho tiempo, un emperador convocó a todos los solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de seis meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino”. Así se hizo, pero entre ellos hubo un joven que plantó su semilla y esta nunca llegó germinar. Mientras tanto, todos los demás participantes del singular torneo no paraban de hablar y de mostrar las hermosas plantas y flores que iban apareciendo en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. Nuestro héroe estaba demasiado triste pues su semilla nunca llegó a dar señales de vida, por lo que ni siquiera quería presentarse en el palacio. Sin embargo, sus amigos y familiares lo animaron e insistieron tanto que tomando valor decidió culminar el torneo mostrando con sinceridad el fruto de su semilla a lo largo de ese tiempo.  Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla. Fue en ese momento cuando el alboroto fue interrumpido por el ingreso del rey. Todos hicieron su respectiva reverencia mientras el soberano  que se paseaba entre todas las macetas admirando los resultados.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. El rey dijo entonces: “Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”.

           Practicar la autenticidad dentro de la sociedad, la iglesia, la familia y el matrimonio como parte del  estilo de vida que Dios espera mientras estemos en la tierra es: amar a Dios y al prójimo como Cristo nos amo, ser honestos y sinceros al decir la verdad y hacer todas las cosas con integridad de tal modo  que agraden a Dios, edifiquen a los demás y engalanen el evangelio. Vivir en comunión con Dios es ser auténtico, lo que implica reconocer lo que somos, lo que hacemos, lo que no podemos hacer.

           Definitivamente, necesitamos ser sinceros en nuestras relaciones interpersonales y honestos en la forma que nos decimos las cosas.  La autenticidad es vista con claridad en las cosas que hacemos.   Bien lo dice Pablo, sin amor nada de lo que somos, tenemos y hacemos tiene valor, y quien es autentico ama como Dios nos ha amado.  Sin santidad nadie vera al Señor, lo que implica que hemos de vivir en transparencia integral.  Sin fe es imposible agradar a Dios, y fe es obediencia, es confianza, es convicción en vivir de acuerdo a lo que decimos y somos.  Esto es Autenticidad al estilo del tiempo de Jesús.

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