UNIDOS NOS VEMOS MEJORES 

Luis Gómez Chávez

Hay un dicho muy real que dice: “En la unión está la fuerza”.  Esta es la verdad que deseo enfatizar, que solo cuando la iglesia se une alcanza el triunfo.   La pregunta inicial es, ¿por qué y para qué necesitamos unirnos como iglesia si cada uno puede vivir muy bien estando separado? Primero, porque la Iglesia como Cuerpo de Cristo tiene un enemigo común y está viviendo en constante lucha la cual no puede ser defendida aisladamente o por separado.  Es por ello que, la iglesia necesita estar unida para hacerle frente a los ataques del enemigo. Segundo, porque cuando la Iglesia une sus fuerzas, la iglesia multiplica su poder, fuerza y la carga individual se vuelve más ligera.   Además, en esa dimensión de unidad, se aprovecha las virtudes de los demás de tal manera  que  no queda tiempo para mirar los defectos de los demás.

La base de la unidad de la Iglesia es nuestra unión con Jesucristo. Juan 17:20 confirma que esta necesaria unión solo es posible por la fe en Jesús.  El mismo Señor ya ha dicho en Juan 15:4 que es necesario permanecer en él para ser triunfadores.  Para estar  “unidos, aliados, ligados” a Cristo, es necesario creer en él como Salvador (Jn. 3:3) y obedecer a él como Señor por medio de una vida de entrega (Ga. 2:20).   El fruto  de nuestra unidad con Jesucristo es la unión con la Iglesia. Solo  unidos a Cristo y unidos nosotros como un solo Pueblo es que alcanzaremos el triunfo, y se hace un buen ministerio.

El costo a pagar para estar siempre unidos es elevado porque demanda humildad, entrega, amor, obediencia, disposición y mucho trabajo en equipo.    Es en esta parte donde corresponde a cada uno tomar decisiones firmes, ser obediente a la Palabra, participar al cumplir con la función individual que Dios le ha dado dentro del Cuerpo (Ef. 4:13-16), ser humilde al seguir las instrucciones de quien es la Cabeza, Cristo o quienes nos dirigen, y no olvidar que somos hijos de Dios por Su gracia soberana y no por merito humano.

De tal manera que, el triunfo cristiano y el buen ministerio están ligados  a la unidad de la iglesia, a la obediencia a Cristo, en vivir el evangelio correctamente, en amar a los demás, en trabajar en equipo y en la disposición por servir al Señor como prioridad.   Esto son desafíos que no pueden ser pasados por alto, porque como hijos de Dios que somos y miembros del Cuerpo de Cristo, es nuestra responsabilidad cumplirlos. ¡Vamos hermanos, todos tenemos algo que hacer y si cada uno es fiel a lo que le corresponde hacer, haremos un buen ministerio! (Ef. 4:16).

Lo más maravilloso es que cuando estamos unidos y vivimos unidos no solo somos mejores, y nos vemos mejores sino que somos vencedores.    La Biblia dice que la Iglesia no podrá ser vencida por nada, por lo cual, es necesario que notos los días nos esforcemos por estar unidos.

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    A veces es mejor restar que sumar

Luis Gómez Chávez

Me encanta hablar de la dimensión de la fe ligada a la vida de oración porque crea un espíritu sobrenatural que moviliza a la iglesia  a un crecimiento integral.  Soy un pastor que creo en el crecimiento de la Iglesia y todo lo que hago está en función  del crecimiento que espero que la iglesia alcance.  Ante este sentir, recordé las palabras del escritor  brasilero,  Valdir Steuernagel, que hace balance en mi forma de pensar sobre  la matemática divina y la realidad del crecimiento de la iglesia.  Én su libro “La iglesia rumbo al año 2000”, “Una iglesia que no crece está enferma, pero un crecimiento que causa división, es un crecimiento enfermizo”.

Son tres ideas que he vertido en este argumento. La primera,  que la matemática de Dios es la que puede llevar a la iglesia a experimentar cosas que jamás ha visto, solo que esta se experimenta en la dimensión de la fe.  Segundo, la matemática de los hombres es la que solo se da cuando es lógico, natural, no se requiere fe, solo la lógica.  ¿En cuál de estas dos ideas esta el accionar de la iglesia? Es aquí donde como pastor introduje mi posición, que en cierta forma es lo que mide mi ministerio, yo funciono en la dimensión de la matemática de Dios, la que me exige creer, soñar, anhelar, proyectar, pensar en grande, pensar en crecimiento integral de la iglesia.   Y es esto lo que en algunas veces me presiona, cuando a pesar de todo lo que se hace, la iglesia no hace mucho por crecer.

Esta es la cuarta idea, aunque viéndolo bien, a la luz de la Biblia, es parte de la matemática de Dios, así actúa Dios, ya que la forma natural de pensar de los humanos es que tener más, sumar, multiplicar o agregar es mejor que quitar, restar, eliminar o tener menos.  El sentir de Pablo en 1 Corintios y  la matemática de Dios es que en algunas veces, no en todas, es mejor restar que sumar.    Pablo dijo, “el tal sea entregado a Satanás” (1 Co. 5:5).  Otra manera de decirlo es “el tal sea eliminado, sacado, restado  de la congregación”.

El predicador John Maxwell ha escrito con sabiduría práctica, que él prefiere dedicar su mayor esfuerzo y trabajar más con el 20% de toda la congregación que está dispuesta porque lograra mejores resultados y no perder el tiempo en dedicar su esfuerzo en el 80% que no desean trabajar con tal de que no se alejen de la iglesia.   Aquí se está hablando solo de las personas cuyo pecado es la pereza, indiferencia, negligencia, poco compromiso, conformismo, no entrega con Dios, el evangelio y el ministerio de la Iglesia.

Pablo ordena que se reste o se sustraiga un miembro de la Iglesia es por causa de pecado.  Aquí es donde funciona la matemática divina y no la humana.  La humana piensa que la iglesia debe crecer no importa cómo,  porque el fin es crecer.  Es por ello que no estorban ni molestan al hermano que más diezma, al que canta bien, al que regala cosas para el ministerio, al que tiene ministerios de alta responsabilidad, al que asiste mas, al que ha estado por muchos años en la congregación aun cuando su comportamiento deja mucho que desear y expone la pureza del testimonio de la iglesia.   La matemática humana de muchos en las iglesias es egoísta pues se acomodan a las cosas según les convenga, van siempre en busca de salir ganando, quedar bien con los demás.

¿Qué cosas, hábitos, relaciones, costumbres, mañas, amistades, pecados yo debo restar de mi vida, eliminar de mi vida, y deshacerme de mi vida para crecer y actuar bajo la dimensión de la matemática de Dios donde crecer no necesariamente es sumar sino que es restar, no necesariamente es numero sino calidad? Haga una lista de cosas que  usted no necesita  sumar porque no agradan a Dios, no edifican a la iglesia y no ayudan a crecer.  Haga otra lista de  las cosas que debe sumar, las que si le pueden ayudar a mantener una conducta recta, agradar a Dios y participar en la edificación de la iglesia.

 

El corazón y el contentamiento

Prov. 14:14, 15:13, 15,30

 

“El hombre de bien estará contento con lo suyo”

“El corazón alegre embellece el rostro”

“El corazón alegre tiene un banquete continuo”

“La luz de los ojos alegra al corazón, la buena noticia conforta los huesos”

 

Para alcanzar el contentamiento es importante y necesario que el corazón este bien con Dios.   De nada sirve todo lo que se haga o se tenga, si el corazón no está bien, nada le dará tranquilidad.    Es por esta razón que David escribió “En paz me acostare, y  asimismo dormiré, porque solo tú me haces vivir confiado”.

Mientras lee los versículos, trate de subrayar los sinónimos de  contentamiento.  Contento, alegre,  y conforta.  ¿Qué partes del cuerpo están involucrados en el contentamiento?  Corazón, rostro, ojos, huesos, todo el ser, hombre o cuerpo.  Esto significa que para vivir contento o satisfecho o feliz en Dios, se necesita estar en buena relación con él.  Y lo maravilloso es que el contentamiento comienza en el corazón, y se ve en el rostro, en los ojos.   Quien experimenta contentamiento en Dios, todo su cuerpo lo demuestra.

Dios desea darnos contentamiento, él quiere que vivamos en contentamiento, pero para eso necesitamos desarrollar fe en Dios, entregar lo que no nos permite estar tranquilos y confiados en Dios.    En esta corta reflexión, le invito a que sea muy honesto con Dios, descubra su corazón, y le diga que cosas no le dejan estar tranquilo (a), confiado (a), gozoso (a), satisfecho (a) y alegre.   Una vez lo haya hecho, pida a Dios que le ayude a depender, confiar y esperar solo en él.

 

El contentamiento no viene por las cosas que tiene, o por todo lo que usted ha logrado,

sino porque ha aprendido a confía y esperar  en  Dios.

La recompensa de la autenticidad

Dr. Luis Gómez Chávez

Hace mucho tiempo, un emperador convocó a todos los solteros del reino pues era tiempo de buscar pareja a su hija. Todos los jóvenes asistieron y el rey les dijo: “Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros, al cabo de seis meses deberán traerme en una maceta la planta que haya crecido, y la planta más bella ganará la mano de mi hija, y por ende el reino”. Así se hizo, pero entre ellos hubo un joven que plantó su semilla y esta nunca llegó germinar. Mientras tanto, todos los demás participantes del singular torneo no paraban de hablar y de mostrar las hermosas plantas y flores que iban apareciendo en sus macetas.

Llegaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas. Nuestro héroe estaba demasiado triste pues su semilla nunca llegó a dar señales de vida, por lo que ni siquiera quería presentarse en el palacio. Sin embargo, sus amigos y familiares lo animaron e insistieron tanto que tomando valor decidió culminar el torneo mostrando con sinceridad el fruto de su semilla a lo largo de ese tiempo.  Todos los jóvenes hablaban de sus plantas, y al ver a nuestro amigo soltaron en risa y burla. Fue en ese momento cuando el alboroto fue interrumpido por el ingreso del rey. Todos hicieron su respectiva reverencia mientras el soberano  que se paseaba entre todas las macetas admirando los resultados.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija, y llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía. Atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. El rey dijo entonces: “Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil, y todos trataron de engañarme plantando otras plantas, pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, real y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece”.

           Practicar la autenticidad dentro de la sociedad, la iglesia, la familia y el matrimonio como parte del  estilo de vida que Dios espera mientras estemos en la tierra es: amar a Dios y al prójimo como Cristo nos amo, ser honestos y sinceros al decir la verdad y hacer todas las cosas con integridad de tal modo  que agraden a Dios, edifiquen a los demás y engalanen el evangelio. Vivir en comunión con Dios es ser auténtico, lo que implica reconocer lo que somos, lo que hacemos, lo que no podemos hacer.

           Definitivamente, necesitamos ser sinceros en nuestras relaciones interpersonales y honestos en la forma que nos decimos las cosas.  La autenticidad es vista con claridad en las cosas que hacemos.   Bien lo dice Pablo, sin amor nada de lo que somos, tenemos y hacemos tiene valor, y quien es autentico ama como Dios nos ha amado.  Sin santidad nadie vera al Señor, lo que implica que hemos de vivir en transparencia integral.  Sin fe es imposible agradar a Dios, y fe es obediencia, es confianza, es convicción en vivir de acuerdo a lo que decimos y somos.  Esto es Autenticidad al estilo del tiempo de Jesús.

Jesús modelo en la oración

Pastor Luis Gomez 

Antes de todo, por favor lea los siguientes pasajes de la Biblia, Mateo 6:6, 14:23, Marcos 1:14, Lucas 5:16.  ¿De qué están hablando estos pasajes? ¿Qué dicen acera de los que están hablando?   Cuando aprendemos a responder estas dos preguntas, dejamos que el texto mismo hable, y nos cuenta sobre lo que esta hablando.   Los textos dice: “tu cuando ores, entra a tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto”.  “Levantándose muy de mañana, siendo aun oscuro, salió y se fue a un lugar desierto y allí oraba”.   Ahora responda las preguntas, ¿de qué están hablando estos textos? ¿Qué dicen acerca de lo que están hablando?

Jesús siendo Dios mismo, nos da el ejemplo más bello, es el modelo más claro acerca de la importancia, necesidad, y responsabilidad de orar como seres humanos que somos.   Nos enseña también sobre como orar, cuando orar, en qué lugares orar y porque orar.   La oración es de mucho valor para la vida espiritual para cada hijo de Dios, pero también para el matrimonio, la familia y la iglesia en general.   Es uno de los grandes vacios que se convierten en retos por lo cual luchar cada día en este tiempo abarcador, el orar de esta manera como lo hacía Jesús.

Una oración se hace mejor, no que tiene más poder, sino que se hace mucho mejor, y es cuando se está solo  ante Dios.   Estanos uno en la misma presencia de Dios, allí se habla  y se escucha muy bien, la oración se desarrolla ya no como un dialogo en confianza, sino la relación personal con Dios se fortalece.   Esto nos enseña que (1) es necesario que diariamente debamos apartar tiempo y en un lugar exclusivo, apartado de los demás, para experimentar una mejor oración, sin distractores.  (2)  Cuanto más tiempo  dediquemos para estar a solas con Dios, más tiempo dedicará Dios para encargarse de mis necesidades, retos, sueños y  anhelos.   (3) Más tiempo con Dios significa menos tiempo para nuestras actividades, resulta en más bendiciones.

Seguir el modelo de Jesús en cuanto a la oración, requiere disciplina, esfuerzo, y por sobre todo convicción o seguridad que es la expresión más completa del significado de la fe.  Al orar como Jesús lo hacía, tomando en cuenta la hora, el lugar, las razones, y la forma en que oraba, sin duda alguna, hacer esto, seguir este modelo, traerá cambios a la vida a quien se atreve a hacerlo.   Orar como Jesús lo hacía nos hace más fuertes, dependientes, seguros, y contentos en el sentido que aprendemos a confiar y vivir satisfechos con Dios.

Bueno, mis amados, les dejo el reto de seguir el modelo de Jesús, el cual ha de comenzar con mi persona.

Integridad en las cosas que hacemos

Dr. Luis Gómez Chávez

Una cosa es decir la verdad pero otra cosa es demostrarla. Dios exige bondad moral, en su carácter ético y en la integridad. En el plano horizontal, el comportamiento y la relación con otras personas implica mostrar amor hacia los miembros de la familia de la fe (1 Jn.5:1). La relación exigida es recíproca, incluye a Dios y a su pueblo.  La vida cristiana es una vida de autenticidad, por  tanto, si no estamos en buena relación con Dios y con los demás creyentes, no estamos viviendo correctamente la vida cristiana y si no vivimos correctamente la vida cristiana, jamás podremos alcanzar el crecimiento deseado.

El hecho de ser veraz y honesto con uno mismo y con los demás implica un acto de relaciones humanas conectadas con la identidad personal  y las relaciones con el mundo externo.   Obtener la integridad personal es un desafío y mantenerla es aun más difícil Fil. 4:8-9).  “Practicamos la verdad”. Rick Warren dice que el verdadero compañerismo ocurre cuando la gente es honesta con lo que es, lo que tiene y con lo que sucede en su vida: comparte sus penas, revela sus sentimientos, confiesa sus fracasos, manifiesta sus dudas, reconoce sus temores, admite sus debilidades y pide ayuda y oración de los demás. (Ro. 12:3-18).

¿Qué valor hay en que la iglesia practique la integridad y la honestidad como un estilo de vida?  Por favor, haga la lista de las cosas que se dan cuando hay un verdadero compañerismo o auténtica comunión: Comparte sus penas, Revela sus sentimientos, Confiesa sus fracasos, Manifiesta sus dudas, Reconoce sus temores, Admite sus debilidades y Pide ayuda y oración de los demás

Esta lista de acciones de honestidad nos obliga a evaluar nuestro nivel de madurez. ¿Se puede dar toda esta lista acciones en la iglesia con la seguridad de que no se reirán, no lo comentaran, no se alarmarán, no se decepcionarán? La amistad, el compañerismo, la comunión se da cuando manifestamos madurez, honestidad, transparencia y un respeto profundo para  hacer aquello que ayuda a las demás personas por estar impulsados por el amor.  Reflexione en lo que implica practicar 1 Juan 1:7-8.  Cuando no se aprenden este valor, aun dentro de nosotros los hijos de Dios, en vez de expresar nuestros sentimientos, felicitar por los reconocimientos, y advertir cuando viene el peligro, alegrarnos por el triunfo del otro, mejor se goza por la desgracia y fracaso del otro. Hay demasiada politiquería, cordialidad superficial, expresiones de amistad fingida, hay demasiada mascara, la gente está a la defensiva, todo lo ven con malicia o mala intención.

Practicar la autenticidad dentro de la iglesia como parte del  estilo de vida que Dios espera mientras este en la tierra es: amar a Dios y al prójimo como Cristo nos amo, ser honestos y sinceros al decir la verdad y hacer todas las cosas con integridad de tal modo  que agraden a Dios, edifiquen a los demás y engalanen el evangelio. Vivir en comunión es ser auténtico lo que implica reconocer lo que somos, lo que hacemos, lo que no podemos hacer.

¿En cuál de las tres áreas usted necesita mejorar?

  • “En andar en la luz”: Sinceridad
  • “En decir la verdad”: Honestidad
  • “En confesar el pecado”: Integridad

 

 “Cara a Cara con Jesús”

Dr. Luis Gómez Chávez

Desde ayer y esta mañana he estado pensando sobre la experiencia de estar cara a cara con Jesús y no me refiero a morir para ir a la presencia de Dios.  Esto surgió por el encuentro de Saulo con Jesús ¿Qué significa estar face to face with Jesus, cara a cara con Jesús?  ¿Qué  sucederá con cristiano que aprende a vivir como que si está cara a cara con Jesús todo el tiempo?  ¿Es esto una experiencia que da temor, expectación o  alegría?   Vivir bajo esta expectación y convicción de que cada día vivimos cara a cara con Jesús es lo que produce transformación, renovación y cambios, algunos dolorosos, otros satisfactorios, pero todos con la buena intención de enseñarnos.

Piense acerca de algunas personas que han estado frente a frente con Dios.   Adán y Eva en el Edén, después que cometieron pecado no pudieron ver cara a cara a Dios, sino que se escondieron.   Primer principio, el pecado no nos deja estar en la presencia de Dios para verlo (adorarlo) con libertad y confianza.  El pecado quita no solo el derecho y la libertad sino la confianza y la amistad.   Moisés, escuchó una voz que venía desde una zarza ardiendo de fuego, pero no pudo ver cara a cara a Dios, pero si se acercó bastante a Dios a tal punto que vio la figura, más no su rostro pero tuvo que quitarse el calzado para acercarse.   Segundo principio, la santidad de Dios nos obliga a dejar o despojarnos de aquello que no está de acuerdo  con Dios o del lugar en que se está.

Isaías describe solo lo que él pudo ver más no logró ver el rostro de Dios.  No obstante, describe el lugar, ambiente, y a los presentes en un escenario de santidad y adoración que de inmediato el pecado de su vida fue descubierto.   Tercer principio, el propósito de estar cara a cara con Dios no es para cuestionar  Su voluntad o confrontar Sus decisiones, sino solo para adorarlo, para reconocer su grandeza, su amor, bondad, soberanía y santidad.

Ahora, cuando analizamos la experiencia de Saulo en el encuentro que tuvo con Jesús camino a Damasco, la Biblia dice que le rodeó una luz fuerte que lo dejo ciego y en el piso.   Saulo no pudo ver a Jesús, solo escuchó su voz, más no sabía quién era, hasta que el mismo Jesús se dio a conocer.  ¿Qué es lo sorprendente y serio de este encuentro de Jesús con Saulo? Primero, la presencia misma de Jesús descubre el pecado, encauza la visión y crea identidad.  Segundo, purifica el alma al grado que se experimenta transformación y cambios internos como externos.   Tercero, se es encausado a cumplir la tarea para la cual él lo ha escogido, llamado y capacitado.

Estar cara a cara con Jesús, es permitir que él se haga grande cuando nosotros nos  hacernos pequeños. Es dejar de hablar para que él hable, dejar de cuestionar para dejar que él actué. Es dejar de dudar para que su fe-poder-promesas-su palabra sea fuerte en nuestro corazón.  Es dejar el pecado que nos está matando, engañando, envolviendo, aniquilando y estropeando la obra completa de la iglesia.  El poder de su presencia, ilumina, quema, purifica, capacita y envía.   Es hacer un pacto de integridad.