Habla para edificar

1 Timoteo 1:5:7, 3:2-3

En mis 30 años de ministerio pastoral, una de los aspectos que se debe cuidar es la forma de hablar. Ya que se puede hablar sin mala intención o con propósito pedagógico pero el receptor puede entender todo lo contrario.   En mi primer ministerio a tiempo completo hace 30 años, di un estudio de Romanos.  Al terminar el estudio de una de las noches, se acerco a mí el presidente de los diáconos y me dijo: Pastor, lo que has enseñado es tan sencillo que hasta un niño lo puede entender, necesitas hablar con más profundidad.   Seguí caminando y me encontré con el padre de este diacono y que era el fundador y anciano de la Iglesia y me dijo: pastor, su estuvo tan elevado  y profundo que no todos lo pueden entender, necesita que lo haga más sencillo.

Ya se dio cuenta lo difícil y delicado que es el hablar.   Y es más delicado cuando se enseña o se habla ante una audiencia de diferentes países.  ¿Cómo hablar sin ofender o confundir? Es delicado cuando se habla con acento de enojo y se usan palabras de doble sentido o se está haciendo en forma de broma o ironía.    Hay personas muy sensibles y a veces hasta delicadas, porque no les gusta bromear, con poco se resienten por una palabra mal dicha o dicha.   Por otro lado, la Biblia dice que en la abundancia de las palabras hay pecado, y eso es verdad, quienes hablamos mucho corremos el peligro de hablar hasta de más.

Es por eso que el consejo de la Biblia es saber hablar.  Hablar con un lenguaje correcto, con una intención sincera, con propósito de edificar, y evitar aquello que aunque es bueno pero parece malo.   Hablar con un corazón limpio, limpia conciencia y con una fe no fingida.  Algunas reglas de comunicación son:  no hablar más de lo que se le pide, pedir permiso al hablar, no hablar de las personas si no están presentes  pero al estar presente, hablar con amor, sinceridad, honestidad, y con sabiduría.  Espere que la otra persona termine de hablar, desarrolle un solo tema al mismo tiempo, no se justifique, busque el bien, no ataque, hable para edificar.

¿Cuál es el resultado si no practicamos un amor como el que describe Timoteo? Lo que decimos son solo palabrarerias, discusiones inútiles, sin sentido, sin propósito pedagógico, solo por hablar, con cierta arrogancia o soberbia considerándonos que todo lo sabemos y eso es pura jactancia.    Esto es muy peligroso, hablar con las personas o de las personas con orgullo, jactancia y arrogancia.   Esto como dice Santiago causa un incendio y es capaz de ofender, dañar, lastimar aun cuando las demás personas sean maduras espiritualmente.  Todos podemos caer en estos errores si no tenemos cuidado con la lengua.

Si hay algún parecido, te invito a hacer esta oración conmigo: “Señor, mira mi corazón, mi conciencia, mi amor, mi fe y mis intenciones al orar.  Dime, como estoy, como me calificas.  Por favor, mira mi actitud cuando hablo, ¿tiene algún parecido a estos falsos maestros de los que habla Timoteo que eran hipócritas, arrogantes y soberbios?  Perdón mi Dios, porque en algunas veces consciente o inconsciente seguro que he caído en esta maligna actitud y con seguridad he hecho sentir mal a algunas personas. Te ruego que me perdones.  Ayúdame a cambiar mi forma de hablar, a hacerlo con sabiduría, con más cuidado, con respeto y que sea para edificar y que lo haga todo con el  amor verdadero.   Ayúdame a ser humilde y hablar solo lo necesario, con propósito edificativo, y que por sobre todo, honre tu nombre, edifique la iglesia y de a conocer el amor de Dios, en el nombre de Jesús, amen”.

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