El anhelo de Dios ha de ser mi anhelo

Dr. Luis Gómez Chávez

Es probable que cuando lea este devocional, de inmediato se identifique con la editorial y el sermón dominical.  Esa es mi intención, que cada lector conjugue el pensamiento vertido en la editorial y en el sermón del domingo.   Hoy nuevamente insisto que Dios siempre ha deseado con  profundo anhelo formar un pueblo santo que  le reconozca.  Sin embargo, si en caso, se le escapo o se le olvido leer el editorial del domingo, le recuerdo que el anhelo de Dios aunque eterno y celestial, es presente y real.  En otras palabras, todo creyente puede alcanzar un nivel de santidad que le capacite a vivir de acuerdo al deseo de Dios.   Cuando dice Pedro, “Sed santos porque yo soy santo” es una verdad para todos, y más cuando dice, “en toda vuestra manera de vivir” es una exigencia inclusiva.

Ese es el deseo eterno y presente de Dios, que todo hijo suyo viva apartado de lo que ofende a Dios, de lo que denigra al evangelio, de lo que interrumpe la consecución de las buenas nuevas, de lo que no ayuda para que las relaciones interpersonales en amor se desarrollen con eficacia.    El anhelo de Dios es que todos sus hijos le honren con integridad, le adoren con sinceridad, le exalten con espontaneidad.  La Biblia dice, ¡Oh ignoráis que vuestro cuerpo es templo el Espíritu Santo!

¿Es el anhelo de Dios su  anhelo?  ¿Se esfuerza con intensidad  vivir apartado  del pecado?  ¿Qué cosas recuerda usted que en esta semana se abstuvo de hacer porque vino a su mente la nueva identidad que tiene en Cristo?   Por ejemplo, José, con tal de honrar a Dios, dejo la ropa en las manos de la esposa de Potifar quien quería hacerlo pecar.   Juan prefirió ser encarcelado antes de desobedecer a Dios cuando le prohibieron hablar de Jesús.   Esteban se dejo apedrear manteniendo su boca cerrada con tal de honrar a Dios.   Juan el Bautista murió degolladlo por señalar el pecado de Herodías.

¿Quién ha dicho que vivir en santidad para honrar a Dios es fácil?   Pablo le dijo a Timoteo que tuviera cuidado de sí mismo, que se mantuviera sobrio, firme y proclamara el evangelio aunque implicara sufrimiento.    Cumplir el anhelo de Dios    no es fácil pero es lo que da mayor satisfacción.   Atrévase a obedecer este sublime anhelo de Dios.   Haga que el anhelo de Dios queme, impulse,  guie,  controle todo su ser y sea su máximo anhelo.   Haga de este anhelo la filosofía de vida y  ministerio.

Ya para terminar, le ruego que examine esto con mucho cuidado y responda con responsabilidad.  ¿Es el anhelo de Dios mi anhelo personal?  ¿Busco con esmero el hacer la voluntad de Dios viviendo apartado del pecado?

Propóngase en esta semana poner más esfuerzo por agradar a Dios con todo lo que piensa, desea y hace.  Porque cuanto más apartado este de lo que desagrada a Dios, más estará contribuyendo para que la Iglesia avance.

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