Fiel hasta el final

Luis Gómez Chávez

El deseo de Dios es que todo cristiano, sea fiel hasta la muerte.   La convicción de todo hijo de Dios ha de ser permanecer firme y fiel en la decisión que ha tomado, en la fe y en la relación que tiene con Dios desde que lo recibió en su corazón.   Claro está, cumplir este gran deseo de Dios, y que debe ser la meta de todo cristiano, pero no es fácil cumplirlo por todo lo que se opone.  Ya todos sabemos que desde que nos levantamos en el día hasta que nos vamos a la cama a dormir;  hay por lo menos tres enemigos que se oponen a nuestra fidelidad y firmeza delante de Dios.

Primero, la carne o naturaleza pecaminosa que aun sigue activa en nuestras vidas, se opone a que seamos fieles a Dios.  Es tan poderosa que si no comenzamos el día con oración, si no nos mantenemos en relación de lealtad con Dios todo el día, y si no nos encomendamos a Dios antes de dormir, esta nos incitará a hacer cosas que no agradan a Dios.  San Pablo escribió acerca de esa lucha diaria y constante que experimento a pesar de que se había entregado solo a vivir en obediencia a Dios (Ga. 5:17). En Ro. 7:15 Pablo dice: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago”.

Segundo, el mundo o el sistema de cosas nos rodean, atrae, invita, seduce y manipula para que lo busquemos, gustemos y nos quedemos en este. No me refiere a mundo como las personas, ni mundo como el planeta tierra, sino mundo como el sistema de cosas que se oponen o sustituyen o ignoran a Dios como alguien necesario para vivir o ser feliz.     Es por eso que Pablo dice que no debemos “acomodarnos a este sistema” (Ro. 12:2) porque según Juan, “los deseos de los ojos, los deseos de la carne, y la vanagloria de la vida no proceden de Dios” por consiguiente no debemos amar a este mundo (1 Jn. 2:15-17).    Debemos ser luz, esperanza, solución, salida, y la alternativa para el mundo, pues para eso nos ha dejado Dios.

Por último, el diablo, quien manipula, controla y gobierna este mundo,  incitando la carne en nosotros, hace que desobedezcamos a Dios. El diablo como el mayor enemigo de los cristianos, esta suelto, y unido a él, todos los ángeles caídos libres (demonios) caminan alrededor de todo el planeta buscando a quien engañar.  El diablo esta suelto y  usa al sistema de cosas de este mundo ya que es el príncipe de este mundo (Jn. 12:31,2 Co. 4:4).  El incrédulo por naturaleza esta esclavizado por el diablo (Ti. 2:26), están “bajo el maligno”(1 Jn 5:19), pero como león rugiente busca a los hijos de Dios para engañarlos y hacerlos pecar contra Dios (1 Pe. 5:8).

Sin embargo, Dios insiste en que seamos fieles hasta el final.  Que nuestra fe no claudique.   Es por eso que todo hijo de Dios no debe dar ni el más mínimo espacio a la carne, al mundo y al diablo.   No permitamos que la fe se enfríe, no dejemos de congregarnos, no dejemos de servir a Dios, no dejemos de leer y orar todos los días.  En todo lugar, viva y compórtese como lo que es, un hijo de Dios, para toda la vida.   Esa es la bendición eterna que Dios nos dio, el ser llamados sus hijos para siempre, por lo cual vivamos como lo que somos, fieles hasta el final.  Aléjese de todo lo que se opone a Dios, deje todo lo que lo aleja de Dios, acérquese y practique lo que agrada a Dios.

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