HUMILDAD

Filipenses 2:6-8

Reflexión del día

Luis Gómez Chávez

Jesús es Dios mismo quien tomo la decisión de humillarse.  La humildad de Jesús se demuestra al no recurrir a su posición de Rey para resolver los problemas de la humanidad en otra forma.   Las frases “se despojó así mismo” “se humilló así mismo” declaran que la decisión no fue impuesta, sino voluntaria.   Tal humillación no es más que el resultado del gran amor hacia la humanidad y su perfecta obediencia al Padre que lo envió.   Humildad es vista en el acto de ceder todos sus derechos y no recurrir a sus atributos reales, al decidir vivir como humanos, como un siervo, al morir en la Cruz como un malhechor, y todo por amor (v.7).

La demostración más sublime de la humildad de Jesús esta al ser llevado a la cruz como oveja que no abrió su boca ante tanta injusticia.    Murió así, para cumplir el plan eterno de Dios, por medio del cual, que era la única manera en que Dios podría ser aplacado en su ira, que Su Hijo, sin pecado, muriese en la cruz por el pecado de nosotros.  Solo así, el hombre tendría la oportunidad de llegar a ser liberado de la condenación eterna, solo por la muerte de Jesucristo en la cruz, él nos ofrece salvación y vida eterna (Jn. 3:16; Ro. 5:8).

¿Merece Dios la gloria y la honra en Cristo?    El amor de Dios por nosotros es demostrado al tomar forma de hombre de hombre para morir, y siendo nosotros pecadores, merecedores de la muerte eterna, en Cristo, por medio de Cristo, se nos ofrece la oportunidad de ser absueltos de la condenación, y ser justificados por la sangre de Cristo que significa ser declarados libres de culpa.  ¿No es esto, suficiente razón para vivir agradecidos con Dios por ese regalo tan grande y precioso, el de la salvación?   ¿No es Jesús un ejemplo de humildad, al humillarse hasta la muerte de cruz en perfecta obediencia, y que me reta a seguir su ejemplo de humildad? La humildad comienza en el reconocimiento de Jesús como Salvador personal, porque se reconoce los pecados, y la necesidad de Dios (Prov. 1:7).

Yo te gradezco mi Dios, te adoro y te amor.   El reto está en ser mejor cada día.  Esto me enseña seis principios:

  • Toda acción que yo hago debe esta acompañada de humildad para que tenga el verdadero valor, principalmente en las relaciones con los demás (1 Co. 13:1-3).
  • Siempre debo buscar que mi forma de vida, hechos y palabras traigan beneficio en primera instancia a los que me rodean (Fil. 2:4).
  • Para tener el sentir de Cristo, debo despojarme de: orgullo, envidia, soberbia, tales cosas que son opuestas a la humildad, y revestirme de su amor (v.5-6).
  • Hay cosas en este mundo o de la carne a las cuales generalmente me aferro aun para hacer el ministerio o el servicio a Dios, sin embargo, el ejemplo de Jesús me obliga a cambiar, porque todo debo hacerlo aferrado solo a Ti mi Señor (v.7).
  • La entrega a Cristo ha de ser vista por medio de la obediencia (v.8)
  • No puede haber humildad si no está acompañada de integridad.
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