“El lenguaje de la fe”

Dr. Luis Gomez

Uno de los pastores que más ha hablado del lenguaje de la fe es Paul Yonggi Cho de Corea.   En 1987 leí de corrido tres libros escritos por este pastor.  Mucho más que número, los grupos de crecimiento y la cuarta dimensión.   El estilo, el lenguaje y la doctrina incluida  en cada línea de estos libros es diferente a la de la escuela de interpretación literal.  Sin embargo, los ejemplos, la realidad, la verdad,    y  los muchos principios que Cho enseña son coherentes o están de acuerdo con los que sucede en la iglesia.   La iglesia estaba creciendo en proporción a la medida de fe que el pastor estaba teniendo, modelando y enseñando a la iglesia.

¿Sera que solo algunos pastores, algunos líderes o algunas iglesias son las privilegiadas para tener tanta fe y desarrollar un lenguaje de fe tan poderoso como para experimentar un despertar, un crecimiento, cambios en sus vidas, conversiones e impacto en medio de la sociedad?   Dios ha dado a todo cristiano, a todo liderazgo y a toda iglesia esta gracia, la de creer en Dios, la de confiar, depender y esperar en Dios, la de tener fe en Dios, solo que no estamos practicando ni usando el lenguaje de la fe.

Tener un lenguaje de fe asume un precio paralelo que ha de pagarse.   Implica vida de santidad, vida de obediencia, vida de oración, vida de trabajo, practica de amor, y entrega a Dios y el ministerio.    Aquí está el meollo del asunto,   mejor dicho, aquí está el vacio que causa la incredulidad cristiana, la esterilidad espiritual, la débil visión y el poco anhelo por crecer.   Esto lo comprueba Jesús al señalar a sus doce discípulos que aunque habían estado cerca de Jesús más de 3 años, habían escuchado y conocido toda la enseñanza de Jesús, aunque habían dejado todo por seguir a Jesús, pero si no creían en la persona y palabras de Jesús, si no tenían fe a tal grado de caminar en esa dimensión, no podrían hacer lo que Jesús les mando hacer.

Jesús está probando la fe y la capacidad de liderazgo de los discípulos, pero ellos aún no dan muestra de ser líderes.  La incredulidad de los discípulos es tan grande que en seguida, a pesar de la reciente demostración de Jesús, ellos no pueden reconocer a Jesús por lo que él es.   Es significativo porque se demuestra la constante incredulidad de los discípulos al no saber identificar que Jesús es el Señor, Dios Todopoderoso.  Regresando a Marcos 6, ¿cuál es el punto principal que Jesús les enseña en este capítulo?  En el v.6 “incredulidad”, v.11 “incredulidad”, v.16-25 “incredulidad”, v.26-34 “una oportunidad para demostrar la fe en Jesús”, v.35-52 “incredulidad e insensibilidad de los discípulos”.  La razón de su incredulidad v.52 “no habían entendido lo que pasó con el milagro de la multiplicación del pan”. La condición de los discípulos no es más que una muestra del aumento del rechazo y de la incredulidad que llevará a Jesús a la muerte en la Cruz.  La falta de fe en todo Israel es ilustrada por la dureza de corazón de los discípulos.  Porque si los discípulos que han estado cerca con Jesús no son capaces de reconocerlo como Señor, el Ungido Hijo de Dios, mucho menos lo hará el resto del pueblo.

La Biblia ofrece miles de promesas que benefician al pastor, siervo, líder e Iglesia en general, y lo sabemos muy bien, pero lo más terrible es que no la creemos.  Este tipo  de incredulidad cristiana y dureza de corazón enfermiza es lo que impide que impactemos   al mundo, crezcamos en Cristo y cumplamos el deseo de Dios.  La incredulidad y dureza de corazón detiene el avance de la obra de Dios, causa conflictos de toda clase y cede terreno a Satanás.

 

Dice el Dr. Paul Yonggi Cho, que el lenguaje de la fe pertenece a una dimensión elevada que llama,  cuarta dimensión.  Es una dimensión donde el Espíritu Santo opera con libertad, produce con liberalidad, y moviliza a gran causalidad.   La iglesia experimenta crecimiento integral, ambiente sensacional, practica del amor con generosidad, y unidad en toda dirección.  El ambiente es de santidad, compañerismo, entrega, cooperación, entusiasmo, movilización de toda la iglesia, involucramiento en el trabajo, todos velan por el bien de los demás, desaparece el orgullo, la envidia, el partidismo,  al aislamiento y el conformismo.

 

Una iglesia o una persona guiada por el Santo Espíritu según Colosenses 3:16  “hablarnos unos a otros” compañerismo, amistad, comunión y buena relación con los demás.   Profunda y sincera relación espiritual entre todos los hermanos es el primer resultado de una iglesia que se somete al control del Espíritu.  La segunda demostración de nuestro sometimiento al Espíritu es que por estar en paz con Dios y los demás, glorificamos a Dios por nuestra adoración que sale del corazón.  Una tercera señal de nuestra obediencia al Espíritu es que en sincero contentamiento damos gracias a Dios en todo y por todo en vez de quejarnos y murmurar.  Por último, cuando una persona o una iglesia se someten a Dios tiene la facilidad de someterse a los demás en amor.

Los judíos no solo creyeron a Dios y su Palabra cuando les dijo que si daban 13 vueltas alrededor de la ciudad de Jericó, el muro caería y la ciudad seria derrotada.   Dios les había dicho que ya había entregado en sus manos la ciudad, los judíos solo debían creer, caminar en la dimensión de la fe, actuar en el lenguaje del Espíritu, la fe, y obedecer seguros que el triunfo era un hecho ya.

¿No cree que nos hace falta caminar en el lenguaje de la fe para que la Iglesia logre lo que nos hemos proyectado?  ¿No cree que sea necesario como los discípulos, creer más en Jesús, sus palabras y promesas, en vez de dudar y ser incrédulos? Dios ya nos aseguro que en él todo lo podemos hacer, escucho, todo lo podemos hacer, pero es necesario creerle, si creerle y quien le cree obedece cada detalle de sus  planes para nosotros.

La incredulidad es un pecado, pidamos perdón a Dios y creamos más en Dios al obedecer su palabra.  ¿Cree usted en la Palabra que Dios le ha dicho?  ¿Obedece a Dios en todo?  Si no le obedece en todo, usted no está creyendo del todo en Dios y esto podría ser una de  las causas del poco crecimiento como Iglesia.  En el lenguaje de la fe se sueña en grande, se vive en grande se trabaja en grande.

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