Tras los pasos de Jesús: el prometido

Luis Gómez Chávez

El endemoniado gadareno quería seguir a Jesús después que fue liberado del dominio de los demonios. Lc. 8:38-39 dice: “Y el hombre de quien había salido los demonios le rogaba que le dejase estar con él, pero Jesús lo despidió diciendo: Vuélvete a tu casa, cuenta cuan grandes cosas ha hecho Dios contigo, y él se fue, publicando por toda ciudad cuán grandes cosas ha hecho Jesús con él”.  Jesús sanó a diez leprosos, pero solo uno quiso venir para agradecer por el milagro de sanidad. Esto es un gesto de fe por la que Jesús le dio salvación además de la sanidad.   Sin embargo, un escriba dijo a Jesús, “Maestro, te seguiré a donde quieras que vayas”.  Otro de sus discípulos le dijo: “Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.  Jesús les respondió: ¡Sígueme!, deja que los muertos entierren a los muertos” (Mt. 8:18-21).

            La respuesta del maestro fue específica “Las zorras tienen guarida y las aves del cielo nidos, más el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza”.  Imitar los pasos de Jesús significa sentir lo que él sintió: amor, hacer lo que él hizo: morir para que dar vida, y vivir como él vivió: obedecer totalmente a Dios para hacer la voluntad divina.  El mismo Jesús  definió el costo de ir tras sus pasos: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígueme”.  Los discípulos que le dijeron a Jesús que querían seguirle, después de conocer el precio, prefirieron seguir en sus lugares y no comprometerse a tener una vida de imitación del maestro.

Aquí está el punto medular del asunto, no puede haber vida cristiana plena, no puede haber familia realizada, no pude haber iglesia exitosa, no puede darse un crecimiento sano a menos que muramos a nosotros mismos. Otra vez, solo cuando el cristiano ama como Jesús amó, obedece como Jesús obedeció, y se entrega hasta el punto de morir como Jesús murió es que las cosas serán diferentes.

Esto quiere decir que, ir tras las huellas del maestro, siguiendo e imitando su ejemplo, no es nada fácil, pero nos corresponde hacerlo todos los días.   Y aquí está el vacío, lo incompleto, lo incongruente de la fe con la vida práctica de los cristianos.  El asunto es más agudo, Maxwell en uno de sus libros “Descubra el líder que hay en usted” prefiere trabajar con el 20% que está comprometido con Dios y entregado a una vida de santidad que con el 80% que no quiere compromiso y lo triste de todo esto es que muchos de ellos aunque están en el ministerio de la iglesia no lo están haciendo ni con excelencia, sino que tienen una vida espiritual decepcionante.

Cuando Jesús dijo, “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame” quiso decir que quien cree en él como su Salvador, debe hacerlo su Señor también.  Dios desea que todos sigamos sus pasos al dejar de ser simples creyentes sin tomar compromiso alguno. Esto es renuncia, esto es dejar, esto es entrega, esto es dar.  Hasta cuando dejo y renuncio a lo que soy, quiero, hago y anhelo y me entrego, doy todo, ofrezco todo para que Jesús lo aproveche es cuando me convierto en un verdadero imitador de Jesús.

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