La felicidad de la disciplina

Día 285
Job 4
Lectura de los libros poéticos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

En una ocasión Dios le dio a escoger castigos  a David: entre 3 años, tres meses y tres días.   Escogió los tres días que estaría en manos del castigo de Dios, porque encontró más misericordia en Dios que en las manos de los enemigos.   Este principio es el que comienza a desarrollarse en el capítulo 4 de Job, solo que bajo un razonamiento más humano que divino.    Es Elifaz quien le está diciendo a Job que Dios lo castigará por el pecado que está cometiendo.

Es verdad que Dios al que ama castiga, pero el castigo viene acompañado de amor y un propósito pedagógico. Elifaz está aplicando el principio con la seguridad de que Job sufre por causa de su pecado, cuando Job esta asegurando y demostrando que es inocente.  Así que, acá no es castigo lo que Dios le está dando a Job, sino que es una demostración al mundo entero de que quien teme a Dios en cualquier circunstancia es fiel.

Sin embargo, es necesario afirmar esta gran verdad, de que Dios al que ama disciplina.   Así como el padre disciplina al hijo que ama, cuando este se ha portado mal o ha hecho algo en contra de Dios, o de la moral.   Hay un proverbio que dice, “El que detiene la disciplina al hijo aborrece”.   Es por ello que debemos reconocer con temor y temblor que Dios siempre nos disciplinará cuando hagamos algo que no es correcto.

Es oportuno aclarar que no siempre, lo que nos pasa es por causa del pecado.  Hay enfermedades que nos vienen por nuestro propio descuido, el cual no es pecado, sino que es por no alimentarnos bien, por cargar demasiado al cuerpo, o simplemente por no poner atención a los avisos naturales que el cuerpo da.  En el caso de Job, las calamidades, y la enfermedad de su piel, cáncer en la piel, no es por su pecado, sino porque Dios lo está probando, más bien nos está mostrando la fidelidad y lealtad de Job.

Concluimos mis hermanos diciendo que cuando somos disciplinados por Dios como resultado de alguna falta, no nos enojemos, no reclamemos, sino sintámonos bienaventurados porque esa es una clara señal de que Dios nos ama.   Cuando no es disciplinado a pesar de que está haciendo cosas malas, siéntase triste, porque algo diferente está pasando.   Lo mejor que se puede hacer es siempre ser fiel a Dios aunque se esté en la más dura prueba, porque cuando somos fieles, las pruebas que nos vienen no podrán poner en duda las convicciones y la fe en Dios.

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