Da lo mejor a Dios

Dr. Luis Gómez Chávez

Cuando se va a construir un edificio, ¿Cuál es la pregunta que se hace?  ¿Cuál será la función del edificio? Porque de la función depende la forma o el diseño.  Por ejemplo, si se piensa en la función de  una escuela para niños, un banco, unos apartamentos o un supermercado, esto determina el diseño. De igual manera, Dios diseñó la Iglesia y a cada miembro según la función que esta tendría mientras permaneciera en la tierra.  Rick Warren dice: “Antes que Dios te hiciera, decidió que rol deseaba que jugaras en la tierra.  El planteó con exactitud como quería que le sirvieras y te formó para esa tarea. Eres de la manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio especifico”.

Dios al crearnos nos dotó con talentos naturales, y cuando nos regeneró nos  capacitó con dones espirituales, y todo, para cumplir la función para la cual él nos creó.  Hay dos textos que deseo mencionar que respaldan esta verdad (Ef. 2:8-10, Ef. 4:15-16). Y es San Pablo en 1 Corintios 3:5-10, y 4:1-2 que declara que nuestra función y nuestra posición es la de servir como fieles servidores de Cristo. Cada cristiano hijo de Dios tiene por lo menos un talento natural y un don espiritual que lo capacita para cumplir la función que Dios le ha dado dentro del Cuerpo de Cristo que es Su Iglesia.    Es necesario que cada uno la cumpla con fidelidad dando lo mejor a Dios.

Entender el corazón de Dios cuando dice: “Porque no quiero sacrificios de labios sino un corazón sincero”, es algo fundamental.  Entender, “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y que pide Jehová de ti, solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante Dios” (Miqueas 6:8) es de suma importancia. ¿Cuán equivocados estamos al creer que todo lo que hacemos es de agrado a Dios? ¿Cuán herrados estamos al creer que todo lo que hemos preparado con mucho tiempo está llegando al trono de Dios como olor grato? ¿Cuán engañados estamos al sentirnos satisfechos solo porque muchos nos felicitan por la manera como cantamos, dirigimos, enseñamos, predicamos y servimos? ¿Cuán ignorantes somos al creernos todo lo anterior?

Viene a mi mente de nuevo las mismas palabras del profeta, “Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y que pide Jehová de ti, solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante Dios (Miqueas 6:8).  Como una exhortación, amonestación y confrontación, resuenan en mi oído y en mi corazón las palabras del profeta.   Es  triste, peligroso y dañino para el ministerio, caer en tal decadencia espiritual, de irresponsabilidad moral al creernos lo párrafo anterior.  Lo que Dios espera de nosotros al servirle es honestidad, integridad, sinceridad con nosotros mismos, con Dios, con el ministerio y con los demás, antes de hacer hasta el más pequeño ministerio como es el entrar en el santuario de Dios.

¿Me gusta lo que hago, lo realizo con facilidad, siento satisfacción al hacerlo, son edificados los demás con el ministerio que hago, se agrada Dios con lo que hago?

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