Alaba a Dios con alegría

Dr. Luis Gómez Chávez

Con tan solo un poco de tiempo que nos tomemos para buscar en la Biblia la frecuencia de la palabra ´alabar a Dios´ unida a los muchos sinónimos; es suficiente para hacer una larga lista y la información será muy extensa. La razón de la abundante información es porque Dios nos hizo para eso, para alabanza de su gloria. ¿Qué importancia tiene para el ser humano alabar a Dios? ¿Qué importancia tiene para Dios que el hombre le alabe? ¿Qué beneficios recibe quien decide alabar a Dios?   ¿Toda la alabanza brindada a Dios, él la recibe?

Por otro lado, si miramos a nuestro alrededor con la mente puesta en el Salmo 150:6 ´Todo lo que respire alabe a Jehová´, nos daremos cuenta que ´alabar a Dios´ es nuestra obligación, aunque lo ideal es que nuestra alabanza brote de un corazón agradecido, limpio, recto y dispuesto.  Pero, ¿quiénes más, aparte de los humanos, pueden alabar a Dios?  El Salmo dice: ´Todo-lo-que-respire´. ¿Quiénes o que más respira en la tierra aparte de los seres humanos?  No solo son los humanos, sino también los animales y los árboles.  La gran diferencia es que los animales, los arboles, la creación misma no cometen pecado, por consiguiente su alabanza es pura.

Deténgase por favor,  y observe el movimiento y el accionar de los árboles. ¿Estarán alabando a Dios, su Creador?  Luego, piense en los animales, estos cantan, ¿Para quién más pueden cantar?  Hay agradecimiento por el sol, la lluvia, la hierba, y agradecen a Dios por su existencia.  En el canto de los animales hay música, ritmo, alabanza y gratitud.  Así que, no solo los humanos tenemos el derecho, el privilegio y la obligación de alabar a Dios.  ¿Cómo lo hacen las plantas, los árboles, los animales y los humanos?   Lo que Dios espera de todos nosotros, es una alabanza sincera, del corazón, fresca, entendida, bíblica, guiada por el Espíritu, acompañada de una vida recta y santa.

Lo importante es reconocer que existimos para alabar, adorar, glorificar a Dios (Ef. 1:6,12) y que cuando lo hacemos, no solo cumplimos el propósito doxológico, sino que el alma nuestra, el corazón y la vida interna recibe tremenda bendición.   El himno # 32 del himnario Celebremos su Gloria dice: ´Señor mi Dios, al contemplar los cielos y el firmamento…mi corazón entona esta canción….´ ¿Por qué? Mirar la superluna, apreciar la dimensión del sol, la obediencia del mar, la sincronía de las estaciones durante el año, la simetría de las hojas de los árboles, los colores de la naturaleza, la perfección de toda su creación, motiva nuestra alabanza.

Alabar a Dios es un placer que da contentamiento, alegría, y gozo al alma.   Solo que no todo el que alaba a Dios agrada a Dios. Cuando alabamos sin ser honestos, sinceros, teniendo algo pendiente sin resolver, cuando no lo hacemos con gozo, cuando es solo una repetición, cuando nuestra mente está lejos del corazón, y solo es de labios.    Cuidemos de alabar a Dios con corazón limpios, pues la forma es secundaria, lo primero es la persona.

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