Todo es pasajero sin Dios

Día 244
Eclesiastés 1
Lectura de Eclesiastés 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

La manera en que muchas personas  conciben el valor de la vida y de las cosas es bien superficial, liberal, y muy temporal.   El valor lo determinan solo por lo que esta ante sus ojos, se dejan llevar por la pura apariencia, y por consiguiente, el valor es relativo, muy pasajero, y temporal.    En el tiempo que nos ha tocado vivir, las cosas puede que sean más atractivas, lujosas, hermosas, modernas, sofisticadas, pero son más comerciales, desechables y temporales.  En otras palabras, las cosas de hoy, aun las relaciones por basarlas en decisiones equivocadas, en valores sin valor, y en relaciones nada profundas, son tan pasajeras e ilusorias que pronto terminan.

Eclesiastés  es un libro que desarrolla el mismo tema de Proverbios pero usando otro estilo literario, ya no usa mucho el paralelismo, sino una narrativa de lo que ha sido su vida mezclada con proverbios  pedagógicos pero con una perspectiva muy diferente. Es Salomón, el sabio Salomón el mismo escritor de Proverbios el que se atreve a contar la historia de su vida, y las experiencias que decidió vivir tratando de encontrar  la felicidad en las cosas de esta tierra. Este hombre, quien contaba no solo con sabiduría sino con toda la riqueza que un ser humano pueda desear, y amparado a todo lo que hay bajo el cielo, busco denodadamente la felicidad sin poderla encontrar por no  tomar en cuenta a Dios.

El principio dominante de los capítulos 1 y 2 de Eclesiastés es este, que todo esfuerzo, toda búsqueda, todo proyecto, todo lo que se haga no importa con que lo haga, y no importa sobre que este fundado lo que haga, y aunque sea lo más valioso de este mundo, si no toma en cuenta a Dios, eso es pasajero, es temporal y su valor es relativo.   Una casa, un carro, una carrera, un trabajo, un terreno, una fiesta, un trofeo, un regalo, la riqueza, las mujeres, los amigos, los placeres, la vida misma, todo esto es ilusorio, terminan, se acaban, su poder de adquisición es frágil, de un día para otro puede terminar.   Además, de lo ilusorio, todo lo anterior es incapaz de dar la felicidad completa, porque todo está limitado al tiempo presente, pues todo es comparado con lo que Dios da.

Al final de Eclesiastés, Salomón reconoce su tremenda equivocación, al decir que el todo de una persona está en el temor de Dios.  La gran lección es esta, lo que encontramos después de las búsquedas equivocadas de la felicidad, es ofuscación, cansancio, tristeza, decepción, y nada parecido a la felicidad.  Sin embargo, cuando la felicidad  se basa no en las cosas de este mundo, sino en las cosas espirituales, en las eterna y nuestra felicidad no depende de lo que tenemos, de lo que somos, ni de lo que podemos hacer, sino de lo que Dios ha hecho por nosotros, de lo que somos en Cristo, del contentamiento que hemos logrado tener por vivir todos los días bajo el temor de Dios, entonces somos felices hoy y siempre.

Mi amigo, a partir de este día, todo lo que hagas, todo lo que tienes, y todo lo que piensa hacer, toma en cuenta a Dios, hazlo para honrar a Dios.    De esa manera sentirás paz y confianza porque sabrás que estás haciendo algo que Dios te respalda.  Si así haces todo, lo seguro es que vivirás tranquilo y satisfecho y eso es felicidad.

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