Camino de integridad

Día 235
Proverbios 28:9-18
Lectura de Proverbios 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Este es uno de los valores que más se necesita en este tiempo pues tiene que ver con rectitud, honestidad, autenticidad, veracidad,  lealtad, justicia y confiabilidad. ¿Cómo mantener la integridad intacta mientras caminas por las calles o manejas el vehículo o estas entre las personas?   ¿Cómo mantenerse íntegro en el trabajo cuando todos los que te rodean tienen malos hábitos y una ética postmoderna? ¿Cómo ser íntegro cuando estas expuesto a la tentación? Más difícil es mantener la integridad dentro de la casa donde todos me ven y me conocen.   No olvides que integridad se define como ser entero, completo, y está relacionado con ser irreprensible, sin tacha, sin nada que motive a ser señalado.

El v.18 dice que quien anda en integridad será salvo.  Por consiguiente, se debe ser íntegro en el uso del tiempo, en la calidad de trabajo que haces, en las correctas motivaciones con que lo haces.  Integridad en la forma que miras mientras vas por la calle, en la manera como manejas, en los pensamientos que anidas mientras ves a otras personas.  No es perfección, pero si buen testimonio ante tus compañeros por la forma como hablas, actúas, en los buenos modales, en la disposición de servir y  en el respeto hacia los demás.

¿Cómo eres en la casa?  ¿Descuidado, mal hablado, mal humorado o eres ordenando, servicial, cuidadoso, amable, educado, respetuoso?   Se escucha con frecuencia el refrán, “candil de la calle y oscuridad de la casa”.    Esto equivale a lo que dijo Salomón, “Me dieron a cuidar la viña y la viña que era mía no cuidé” (Cantares 1:6).    Mi esposa me dijo una frase hace muchos años que me cayó como un balde de agua fría, “que bonito, en la iglesia le sonríes a todas las personas, pero cuando llegas a la casa vienes aburrido, empurrado y ni hablas”.   Alguien me dijo un día de estos, “mire pastor,  mi esposo en la casa es todo lo contrario a lo que es en la iglesia.   Allá es amigable, sonriente, saluda, pero nomás llega a la casa; comienzan los gritos, las respuestas ásperas, enojado, aburrido. No dan ganas ni de hablarle”.   ¿No es esto falta de integridad?

La práctica de la integridad exige coherencia entre el ser y el hacer, entre lo que creo y lo que vivo, entre las palabras y los hechos, en ser la misma persona en la calle, en el trabajo, en la casa y en la iglesia.    Si somos hijos de Dios, debemos ser íntegros en todo lugar.   Este es el reto no solo para este día, ni para esta semana, ni para este mes, ni para todo el año, sino apara toda la vida.  La integridad honra a Dios, dignifica el evangelio, fortalece nuestro testimonio, y se vive mejor en todo lugar, la casa, el trabajo, la iglesia, la calle.   Como dijo Job, “hare un pacto con mis ojos” es hace un pacto con el hombre interior que tiene su base de operación en el corazón (Job. 31:1).  Hagamos este pacto de integridad para toda la vida.

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