Come con la boca cerrada y el corazón limpio

Día 220
Proverbios 23:1-11
Lectura de Proverbios 2016.
Dr. Luis Gómez Chávez

Una regla de educación es no hablar con la boca llena de comida, pero también no es bueno hablar con un corazón sucio.    Es posible que ya haya vivido alguna experiencia estando sentado a la mesa con alguna familia amiga o con su propia familia.  Más de alguno de estos accidentes puede ya haberle pasado: dio vuelta al vaso con agua, le cayó algo de comida en su camisa o vestido, se cayó de la silla donde estaba sentado, dijo alguna palabra mal, hablo con la boca llena de comida, se atraganto por estarse riendo, comenzó a comer antes de orar, o sin darse cuenta hizo un gesto diciendo que o no le gustaba la comida, o que estaba fea.

Un hermano y amigo una vez me dijo.  Pastor, que prefiere usted, ser sincero o hipócrita.   Sincero, le respondí de inmediato.  Bien me dijo, si lo invitan a comer en una casa de amigos y ponen en la mesa una comida que a usted no le gusta,  ¿comerá esa comida aunque no le gusta con tal de no ofender a la familia anfitriona sabiendo que está actuando como un  hipócrita al no decir la verdad?   O ¿prefiere ser sincero y decir, no me gusta la comida, no quiero y no comeré  sabiendo que pueden molestarse quienes le ofrecen la comida?   Mi respuesta nuevamente fue, prefiero ser sincero, solo que buscare las palabras más apropiadas para evitar que la familia se sienta rechazada u ofendida.  Eso requiere sabiduría, cuidado, tacto.

Si ya leyó con cuidado los once versículos podrá comprobar que seis de estos tienen que ver con la comida (v.1, 2, 3, 6, 7,8).  Es por ello que se dan algunos consejos sobre cómo actuar cuando se está en la mesa.    Cuando estés delante de la mesa con personas que te han invitado o que tú has invitado, considera o mira lo que hay delante de ti.  Si la comida no te gusta debes saber hablar para no ofender pues generalmente las personas no les gustan ser rechazados. Cuando hay confianza con las personas, creo que es mejor ser sincero, y decir que no le gusta, pero saberlo decir, y las personas lo entenderán.  Hacer gestos de rechazo, de desaprobación, no es sabio ni bueno.

Si la comida te gusta tanto, y aunque tengas demasiada hambre, mantén siempre la cordura, observa cuantos hay en la mesa contigo, come con moderación, disfruta al máximo, y deja que todos coman por igual (v.2).    Con solo pensar en codicia, ya es malo, y cuando se codicia los buenos manjares, se corre el peligro de caer en alguna trampa, o engaño, porque ya se come con una actitud de codicia.    Como lo que Dios te da, porque eso es seguro que no solo agrada a Dios quien te la da, sino que beneficiara tu salud (v.3).  Es lo que se nos aconseja en el v.6, no sentarnos a la mesa con el avaro y el codicioso porque aunque la comida sea un majar, su procedencia, y su motivación es pecaminosa, y nunca es gratis, siempre se pide algo a cambio (v.7).   Es lo que dice el Salmo 1, que es dichoso el varón que no anda en consejos de malos, ni en sillas de escarnecedores, avaros, y codiciosos se sienta para comer los manjares que vienen del mal.

Así que, comer con la boca cerrada y con un corazón limpio no solo es cosa de educación sino de sabiduría. Si lo haces así,  te evitará de caer en la trampa de haber dicho lo que no debías haber dicho o haber comprometido tu vida por haber comido los manjares de los malos que nunca dan nada gratis, pues con una mano dan y con la otra te piden.

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