Instruye hoy, mañana puede ser tarde

Día 219
Proverbios 22:6,19:18
Lectura de Proverbios 2016.

Dr. Luis Gómez Chávez

De algo puede servir mi propia experiencia como hijo, padre y pastor. Primero fui hijo guiado por el ejemplo de una madre que había sido formada por mis abuelos.  Todos los valores espirituales, morales y civiles que  ella recibió de mis abuelitos me los transmitió a mí de manera natural en el espacio privado del hogar. Por supuesto, mi padre, aunque no era cristiano, siempre apoyó la formación que mi madre daba a mis hermanos, hermanas y a mí.   Es por ello que, lo que yo sabía de la vida y del mundo es lo que yo había recibido de mi madre en mi hogar con el apoyo de la iglesia, que hizo la parte que le correspondía junto con la escuela. He enseñado con mucha insistencia que la escuela y la iglesia son remansos de valores para los niños y las niñas, pero el hogar es el crisol donde se funden.  Son los padres los encargados de someterlos a las calderas del aprendizaje con temperaturas ideales donde son aprendidos los valores que jamás se olvidan en la vida aunque por momentos parezcan inmóviles o dormidos.

La fe en Dios  debe ser enseñada, cultivada, y  modelada en el hogar.  El mejor momento para implantarla en la mente y el corazón de los niños y las niñas es en las etapas uno a tres propuestas por Maslow y Flowler en sus teorías sobre el desarrollo de la fe y la satisfacción de las necesidades básicas que van de 0 años a la adolescencia. Una base bíblica escrita mucho antes que estos hombres es Proverbios 22:6, en la experiencia de Timoteo, un niño que es preparado en la fe en el espacio privado de su hogar, de su familia (2 Ti. 3:15-16) y Efesios 6:4 que apoya  la iniciativa de los padres en la formación integral de sus hijos por exigencia divina y por consecuencia biológica, la de ser los padres.

¿Por qué es importante y no solo urgente que los padres inviertan el mayor de su tiempo, energía, entusiasmo, esfuerzo y dinero, si fuese necesario, en cuidar la formación integral de los hijos impulsándoles en primer lugar la fe en Dios?

Primero,  al escudriñar la voluntad de Dios escrita en su Palabra, es fácil afirmar que la sociedad en que vivimos ha canjeado fácilmente los valores familiares, morales y espirituales por unas pocas lentejas (monedas). Desde el púlpito hasta en los hogares existe muy poca preocupación en ser familias sometidas al diseño divino y las normas eternas plasmadas en la Biblia.  Desde Génesis hasta Apocalipsis, Dios está buscando un pueblo santo que proclame el auténtico mensaje transformador del amor divino respaldado por una ética santa y para tal iniciativa tomó como modelo la estructura de la familia.

La desintegración familiar en el siglo 21 es alarmante. Lo más delicado de dicho problema es que ya se ha infiltrado abiertamente en los círculos cristianos. Es por ello que el matrimonio cristiano tiene no solo la responsabilidad sino el reto de conducirse de acuerdo a la voluntad de Dios. El matrimonio y la familia tienen funciones, responsabilidades, principios y objetivos descritos claramente en la Biblia para saber vivir sobre la tierra.  Cada cristiano necesita evaluar a la luz de la Biblia sobre la importancia que cada familia esté gobernada y dirigida por Espíritu Santo para que Dios cumpla su voluntad al regresar a las normas, reglas y valores del diseño original. Un cristiano, un matrimonio y una familia consagrada y esforzada no solo por obedecer a Dios sino por regirse a la Biblia, forman niños y niñas no solo saludables sino  con influencia positiva para la sociedad.

Segundo, una de las crisis más profundas en el mundo y especialmente en Los Estados Unidos se da en torno a las relaciones familiares. Esta afirmación puede ser confirmada por la desintegración familiar, la erosión de valores y el distanciamiento de las normas originales de la familia que se está dando no solo en este país sino en todo el mundo.  Al comparar el sistema de valores  de los años 50’s  comparado con el que impera hoy, es sorprendente los cambios que se han dado y no para bien, sino para vergüenza y para mal.

¿Cómo evitar el avance en la desintegración familiar?  La respuesta es, construyendo y fortaleciendo relaciones familiares saludables basadas en la fe en Dios. Instruyendo a los hijos desde la cuna hasta cuándo sea necesario (22:6).  ¿Cómo construir y fortalecer las relaciones familiares?  Primero, reconociendo al autor de la familia. Segundo, siguiendo las normas originales para la familia. Último, fortaleciendo los valores morales, espirituales y emocionales. Los padres son los responsables no solo de recordar, enseñar, y memorizar una vida de fe, sino obedecer y modelar una vida de fe ante sus niños y niñas.

Si queremos que esta erosión  de valores se detenga  es importante y necesario fortalecer la relación con Dios porqué en la medida que respetemos, temamos, amemos a Dios así será la lealtad, la comunicación, la armonía y la responsabilidad en la familia.  Solo Dios puede crear saludables relaciones en la familia, pero nosotros los padres somos responsables de seguir las normas originales y fortalecer un sistema de valores morales, espirituales y emocionales basados en la Biblia que preparen a nuestros niños y niñas para el momento de enfrentarse al mundo exterior, que a veces es cruel, peligroso e injusto.

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