La mejor recompensa por tu servicio

Dr. Luis Gómez Chávez

El ser humano, por lo general,  espera algo a cambio por algún servicio o trabajo realizado.  Por ejemplo,  si usted invita  a una persona a un restaurante y se encarga de pagar; por lo general, después de varias invitaciones,  espera que un día le corresponda.    Esto de esperar algo a cambio  de lo que se hace o damos en parte es cultural.    Acá en USA he observado que aunque se inviten unos a otros, en el momento de pagar, cada uno paga la parte que le corresponde.  Desde la niñez, esto de esperar que le den está condicionado al dar, yo doy ahora pero mañana te toca darme a mí.   Muy poco se da, se hace algo, se sirve sin interés de recibir algo a cambio.

Aun en la iglesia, nos sentimos mal si no nos agradecen por lo que hacemos. Nos sentimos mal cuando mencionan los nombres de los demás, pero no el mío, cuando todos trabajamos igual.  Por otro lado, cuando nos agradecen y nos dan un premio por nuestro servicio, si al prójimo le dieron el doble de lo que me dieron a mí, cuando todos hicimos lo mismo; internamente nos sentimos mal.   Todo es porque siempre esperamos que nos aplaudan, nos reconozcan en público,  digan mi nombre, lo escriban en algún lugar diciendo que somos importantes.   La cultura humana es servir con interés, recibir algo a cambio, sino me pagan no les ayudo.

Sin embargo, deseo compartir con ustedes que hay una mejor recompensa a cambio de nuestro servicio. Es la perspectiva que enseñó y modeló nuestro Señor Jesucristo.  No son aplausos, aunque pueden darse, no son palmaditas de confirmación y ánimo o gratitud aunque estas animan. No es un premio de reconocimiento público, aunque muchas veces eso es bueno el ser reconocido (a).   Esta recompensa es interna, nadie nos la puede robar, todos la pueden tener, es dar sin esperar nada a cambio, es sentir contentamiento y satisfacción por servir a los demás.

Así que, la mejor recompensa que podemos recibir por  nuestro servicio es la satisfacción de haber servido.    Tal recompensa  la da Dios, Él la pone  en el corazón,  y está ligado al nivel de madurez espiritual, al grado de dependencia de Dios, y la calidad de fe y relación con Dios.   Cuando se tiene esta clase de relación con Dios, una relación madura, adulta, de confianza, de temor, de respeto, de dependencia, de una relación intima, ayuda para servir a los demás sin interés alguno, sin esperar algo a cambio, y cada vez que se hace se siente gozo, alegría, contentamiento y sobre todo satisfacción por haber sido útil, beneficioso, y de ayuda a los demás.

Los verdaderos siervos, sirven como un estilo de vida, por gratitud y amor a Dios, y sienten satisfacción al servir a los demás, y lo único que esperan es  sentir satisfacción por servir.  Se sirve a Dios, dando un saludo en Cristo, un abrazo, una llamada, una palabra de ánimo, etc.   Decida vivir solo para servir, sirva como un estilo de vida, ya que eso justifica su existencia.

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