El arte de saber hablar

Día 191
Proverbios 10:18-21
Lectura de Proverbios 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Una de las cosas que los padres más anhelan con sus hijos recién nacidos es que digan “papá, o mamá” o mejor dicho que comiencen a hablar.  Todo lo contrario pasa, es muy triste y doloroso para un padre al saber que su recién nacido, nace con la discapacidad del lenguaje.  El “habla” o el “hablar” es una parte indispensable en el desarrollo normal del ser humano.   No he investigado acerca de lo que dice la ciencia, sobre  si una persona que nazca con la limitación del habla es por causa genética.

No me quedaré en este enigma, sino que me enfocaré a las personas que hablan.   Hay dos grandes extremos en cuando a hablar, por un lado existen personas que no pueden vivir sin hablar, y hablan tanto que no dejan que los demás hablen.  Popularmente se ha llamado a estas personas, los que hablan hasta por los codos, o parecen loros, etc. Es probable que usted  conozca a alguien o es amigo de una persona así, que habla demasiado hasta el cansancio.  Todo el tiempo se pasa hablando, no se cansa de hablar, no se sabe de dónde saca tanto sobre lo cual hablar.  En el otro extremo están los que se necesita una grúa para hacerlos hablar, pues hablan solo lo necesario, “si” “no” “tal vez” “es posible” “cierto” “bien” “mal” etc.   Necesita contestar, explicar, detallar, ampliar con palabras, pero sencillamente no dice nada, dice que es de pocas palabras.

Ante estos dos poderosos extremos, se encuentran los impacientes, desesperados o los sabios, pacientes y buenos comunicadores, que sabe hablar lo que se debe hablar y en la mejor manera que se espera que se hable. Unas personas atribuyen el poco o mucho habla al temperamento o al carácter.    En este caso, muchos se desesperan, se impacientan y hasta se enojan al ver a las personas que no hablan, no reaccionan, no dicen nada cuando es necesario que lo hagan.  Pero hay personas que se mantienen tranquilos, entienden,  proceden con sabiduría y hablan correctamente a pesar del silencio de los demás.

El libro de Proverbios tiene muchos textos con respecto al acto de hablar, que no es simplemente hablar o decir palabras y palabras.   Por ejemplo, Prov. 10:18-21 presenta algunos principios acerca de cómo saber hablar, descartando el concepto que hablar es decir palabras, responder a una pregunta, o no quedarse callado.  El no decir palabra alguna cuando es necesario decirla es no decir la verdad.  Guardar un sentimiento de odio con tal de no reconocerlo, expresarlo, confesarlo es considerado, labios mentirosos y necio el que habla lo que no debe hablar.   Otro principio digno de tomar en cuenta esta en el v.19 donde hay un paralelismo antitético, quien habla demasiado corre el peligro de hablar lo que no debe hablar, hablar de más, y esto puede convertirse o en calumnia, falso testimonio, hablar de la gente, u ofender a alguien, y eso es pecado.   El que refrena, o sabe detener sus palabras o cerrar sus labios cuando es tentado a hablar, pero es necesario callar, es sabio y prudente.

Finalmente, en los v.20-21 compara la lengua del justo con la plata escogida.    Una persona justa habla lo que debe hablar, habla lo que la gente necesita escuchar, habla solo lo que sabe que ayuda a los demás, ayuda a su edificación.    Dice la verdad, habla con la verdad, confronta con la verdad, pero lo hace con sabiduría, tacto, y amor.    Lo opuesto es la lengua del impío, habla sin miramiento, habla descuidadamente, habla sin sensibilidad, habla sin precaución, habla sin amor.   Resultado de este tipo de hablar es ofensa, golpea, lastima y hasta divide.

Hay otros textos en Proverbios que exhortan al buen hablar y amonestan al que habla mal (12:17,15:1, 28,16:1, 29:5).   El problema acá no es si habla mucho o habla poco, sino sobre la calidad de lo que habla sea poco o mucho.  Ambos pueden ser sabios al hablar, ya que muchas veces es necesario hablar y callar es como otorgar, pero muchas otras veces hablar demasiado sin cuidado es necedad.  Por lo tanto, lo que debe regir nuestro hablar debe ser la sabiduría que Dios nos da, hablar basado en la Palabra de Dios, hablar controlados por el Espíritu Santo, hablar saturados del amor de Dios y hablar comprometidos con la misión de Jesús.

Así que, la enseñanza de este día es a esforzarnos en hablar bien.  Antes de hablar, piense lo que va a decir, mientras habla diga las palabras con sabiduría, amor y propósito, después que ha hablado aprenda a escuchar lo que le dicen los que lo escucharon.  No es el mejor comunicador el que habla mucho, ni el que habla poco, sino el que dice lo que debe decir en la manera correcta como lo debe decir y en el momento que las debe decir.    Todo el tiempo, debemos hablar, pues Dios nos dejó la lengua para comunicarnos, solo que al hacerlo, debemos usar la lengua para dar honra a Dios, edificar a los demás, y contribuir para que el evangelio avance.

Es Santiago quien da las reglas sobre cómo hablar, léalo, entiéndalo y practíquelo, 1:19-22.   Aprenda a escuchar, aprenda a reaccionar, aprenda a hablar, pero practique lo que dice, y enseñe lo que vive.  Antes de hablar, reaccionar o quejarse, escuche a Dios primero.   Por favor, hablemos lo necesario, hablemos lo que agrada a Dios, hablemos lo que ayuda a los demás, hablemos lo que es coherente con nuestra identidad de hijos de Dios, hablemos bien.

 

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