Una invitación universal

Día 168
Salmo 148
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Este salmo es maravilloso, que puede ser comparado con el 150, pero casi es una sumatoria de todos los salmos que hablan de alabar y reconocer a Dios como el merecedor de toda la honra y la gloria.   Es maravilloso porque ofrece tal como el salmo 150 una invitación universal para alabar a Dios.   La invitación es hecha al reino vegetal, al reino mineral y al reino animal.

Usted puede comenzar con los v.1-4 el Salmista invita a todo lo que está en los lugares altos donde nosotros los humanos no podemos llegar de manera natural, cielos, donde están los ángeles, los ejércitos celestiales, el sol la luna, las luciérnagas, las estrellas y las aguas que están sobre los cielos, todo esto brinda adoración a Dios, hacen un franco reconocimiento de la gloria de Dios.    Si lo compara con el salmo 19, el v. 1 dice, “Los cielos cuenta la gloria de Dios y el firmamento habla de su grandeza”.

Al llegar a los vv.5-10 invita a toda la creación que está en la tierra y en los mares, la tierra, los monstros marinos, los abismos, el fuego, granizo, la nieve, el vapor, el viento, la tempestad, los montes, los collados, el árbol, los cedros, la bestia y todo animal, reptiles, volátiles: todo deben brindar adoración a Dios y reconocer a Dios como el único Creador.   Esto es súper maravilloso saber, que todo lo que fue creado ha sido hecho para dar honra y gloria a Dios.

Finalmente, los vv. 11 al 12 la invitación es enviada a los seres humanos, que aunque son parte del reino animal, los humanos somos la corona de la creación, somos personas muy diferentes a los animales, porque por los humanos Cristo murió, y fuimos hechos con personalidad: voluntad, inteligencia y emociones, para que con todo reconozcamos a Dios como el único que merece la gloria y la honra.   Comienza con los reyes, los  pueblos, príncipes, jueces, jóvenes, doncellas, ancianos y niños: todos fuimos hechos para gloria de Dios, y debemos adorarlo, alabarlo.

En los vv. 13-14  encontramos la razón por la que debemos alabar a Dios.  Su nombre es enaltecido, exaltado, poderoso.   Es el más grande, es el Único Dios sobre los cielos, la tierra y debajo de la tierra.  Por lo tanto, todos los santos o sea sus hijos, todo Israel, la nación escogida, y todos los pueblos, alabemos a Dios. Mi hermano y amigo, esta es la razón de nuestra existencia, vivimos para dar gloria y honra a Dios. Para eso [el nos hizo (Ef. 1:6, 12,14).  Pregunto, ¿lo que usted hace, piensa, siente y dice honra a Dios, beneficia a la Iglesia y contribuye a la expansión del evangelio?  Dios nos exige adoración, alabanza, y rectitud y sobre todo obediencia….¿es obediente usted?

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