Ten cuidado con lo que dices

Día 161
Salmo 141
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Ya me he referido en otros devocionales al cuidado que debemos tener con uno de  los miembros más pequeños que tenemos los seres humanos, pero que si no estamos pendientes y si Dios no cierra la puerta de nuestros labios, puede hacer mucho daño, y me refiero a la lengua.    Es interesante que una persona puede hablar no solo con los labios abiertos y estando despierto.  Cree que las personas hablamos muchas veces con el silencio y en otras veces con palabras audibles.    Alguien ha dicho que las palabras mal dichas sin como heridas directas como las de un puñal.    N estante, muchas veces el silencio dice tanto que causa mucho dolor.

¿Qué prefiere usted, las personas que hablan mucho con voz audible o las que hablan mucho sin decir una palabra porque generalmente se quedan en silencio?   En la comunicación hay un lenguaje verbal y otro no verbal; pero con ambos se está diciendo mucho.  Algunas personas prefieren que se les diga las cosas con franqueza y directamente aunque esto le cause dolor en el momento, en vez de que se queden callados, haciendo miradas y gestos raros y sin decir palabra alguna.    Hay personas que dicen las cosas in tapujo, o sea sin importar lo que cause en la otra persona.  Sin embargo, existen otras personas que prefieren quedarse en silencio aun cuando es necesario que hablen, pero lo hacen para no remeterse en problemas.

Yo creo que ambos deben hacer cambios en su decisión sobre el abrir sus labios para hablar. Primero, no es correcto que alguien se quede en silencio cuando amerita que hable, y lo haga solo para evitar problemas.   Pero tampoco es la mejor decisión de decir las cosas abiertas, franca y directamente aunque esto lastime a las personas.    Mi posición es que se debe decir la verdad, decir las cosas francamente, y no quedarse callado cuando se debe hablar, solo que es necesario hacerlo con amor, sabiduría, educación, y buena manera.

Muy bien, el salmista David le ruega a Dios que ponga guarda a su boca, que se encargue de controlar su forma de hablar, que Él guie sus palabras cuando tendrá que hablar (v.3—4).   ¿Por qué hace esta petición el salmista?  Porque algunas veces se dice de más cuando se habla, y en la abundancia de las palabras allí hay pecado.    Cuando se habla en momentos acalorados, o de enojo o de presión o señalamiento, generalmente se habla sin pensar, sin cuidado; pues solo se dicen cosas como para desahogarse o justificarse y/o hasta para señalar.     Esto es muy sabio, que cada día al despertar le digamos a Dios que cuide nuestra lengua, que filtre cada palabra, y que sea él quien apruebe lo que hemos decir.

Dios nos ha dado la boca que se compone de labios, lengua, dientes, y la da con una función súper importante.   Pero el habla, depende de la lengua, y es con ella que debemos tener cuidado. Es necesario conectarla con el lenguaje del Espíritu, y saturarla de un lenguaje bíblico, misionológico, amor, y Biblia.   Cada vez que usted hable, en su mente diga a Dios, “guara la puerta de mi boca para que diga solo lo que a ti te agrada, lo que edifica a los demás, lo que me ayuda a crecer espiritualmente, y lo que contribuye al cumplimiento de la misión de Cristo.  Hable con amor, hable con sabiduría, hable con respeto, hable solo lo que debe hablar.

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