En Dios estamos seguros

Día 160
Salmo 140
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Esto es cosa de convicción, que siendo hijos de Dios, estamos seguros todos los días.    Esto mismo lo confirma el Salmo 91.

El que habita al abrigo del Altísimo
se acoge a la sombra del Todopoderoso.
Yo le digo al Señor: «Tú eres mi refugio,
mi fortaleza, el Dios en quien confío.»

Sólo él puede librarte de las trampas del cazador
y de mortíferas plagas,
pues te cubrirá con sus plumas
y bajo sus alas hallarás refugio.
¡Su verdad será tu escudo y tu baluarte!
No temerás el terror de la noche,
ni la flecha que vuela de día,
ni la peste que acecha en las sombras
ni la plaga que destruye a mediodía.
Podrán caer mil a tu izquierda,
y diez mil a tu derecha,
pero a ti no te afectará.

 

Luego San pablo en Romanos 8.

35 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

36 Como está escrito:
Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;
Somos contados como ovejas de matadero. m

37 Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

38 Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.

En Dios nosotros sus hijos estamos seguros. David lo sabía perfectamente, por lo cual hace esta oración que tiene sabor a imprecación.  La oración imprecatoria solo era permitida en el Antiguo Testamento, pero ya no en el Nuevo y mucho menos en nuestro tiempo. Es un tipo de oración donde se ruega a Dios que castigue a quien le hace mal, describiendo exactamente lo que desea que Dios le haga. Ejemplo de este tipo de oraciones es el salmo 30. Dichoso el que tomare y estrellare tus niños contra la peña, Salmo 137:9. En esta ocasión el autor manifiesta un vivo deseo de venganza contra Babilonia, nación que redujo a Jerusalén a un montón de escombros.

 

Hay por lo menos 46 salmos con algunas partes imprecatorias. Sal 109 6-13, Sal 69,23-29, 137:9, “¡Por tu amor mata a mis enemigos y destruye a mis opresores!”12, Salmos 58, 83. “¡Caigan en las honduras de la tierra los que tratan de perder mi alma! ¡Sean pasados al filo de la espada, sirvan de presa a los chacales!” (Sal 63, 10-11).  Y así podemos seguir enumerando salmos con secciones  de imprecación. Y al llegar al salmo 140 nos encontramos que tiene partes bajo este tono imprecatorio.

 

C.S. Lewis da esta conclusión sobre este tipo de salmos. Se nos habla de que hay que odiar el pecado, pero amar al pecador. Nuestro mundo de hoy tiene el peligro de olvidar que la maldad existe en nuestra sociedad y que desagrada profundamente a Dios. Dios no quiere la muerte del pecador (Ez 18,23), pero sin duda guarda para con el pecado esa hostilidad implacable que los poetas bíblicos expresan con tanta fuerza. Implacable, sí, no hacia el pecador, sino hacia el pecado que nunca será tolerado ni excusado. Con él no hay componendas. La severidad del salmista está más próxima a una parte de la verdad que muchas de las actitudes modernas de indiferencia moral o de tolerancia pseudocientífica que reduce siempre la maldad a neurosis.

 

Sin embargo, en medio de ese tono imprecatorio, el salmista hace resaltar más la seguridad que guarda en su corazón, y es la seguridad que tiene en su Señor.   La petición es que Dios le guarde  de todos los que desean el mal (v.1b) de las manos del impío (v.4ª). Al llegar al v. 6, él ha dicho, Dios mío eres tú, v.7 potente salvador, tu pusiste a cubierto mi cabeza en el día de la batalla.   Termina con este mismo pensamiento en el v. 12 y 13.   Yo sé Jehová que tu tomaras a cargo la causa del afligido, el derecho de los necesitados. Ciertamente los justos te alabarán, y los rectos moraran en tu presencia.

En este tiempo, no podemos pedir por el mal del prójimo, sino amarlos como Dios los ama, más no el pecado.    Lo bueno es que nosotros en Dios estamos seguros, y pase lo que pase, en él podemos estar confiados.   Todos los días de nuestra vida debemos vivirlos para alabar a Dios, y agradecerle por la protección, el cuidado, la provisión., y la seguridad que tenemos en él.  Si Dios es con nosotros, quien contra nosotros.  En Él ya somos vencedores.

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