Que tu adoración honre a Dios

Dr. Luis Alberto Gómez Chávez

En los últimos 30 años, las iglesias de corte conservadoras han sido influenciadas tan fuertemente por la liturgia de las iglesias no conservadoras, que hoy en día, son pocas las iglesias que no celebran los cultos acompañados con todo tipo de instrumento, aplausos, y otras cosas más. No es que este tipo de liturgia sea incorrecta, o que las de las iglesias conservadoras sea la mejor o la peor. Lo importante de la adoración está en que siempre ha de tener el objetivo único de rendir gloria a Dios, y que quienes ofrecen esa adoración estén en buena relación con Dios. La adoración no es mejor por la manera como cantamos o acompañamos los cantos, o la cantidad que ofrendamos, si cerramos los ojos o no, si aplaudimos o no. La adoración que Dios busca es la que le honra por venir de un corazón limpio y en buena relación con él.

La adoración honra a Dios cuando se hace no por religiosidad, costumbre o mecánica.  A Dios no lo compramos o lo congraciamos con 52 asistencias al templo al año, con 10 ministerios que hacemos al mismo tiempo, con una alabanza con ojos cerrados, con lágrimas en las mejillas, por levantar las manos al cielo, con memorizar 365 textos en un solo mes. Todo esto es religiosidad si no hay buena relación con Dios tal como lo hacia el pueblo de Israel, por lo cual Dios les dice que esta hastiado  y cansado estoy de soportarlas en  Isaías 1:11, 14.

Buscar la aprobación de las personas a costa de una mentira en la predicación, en una enseñanza, en un tiempo de alabanza es pecado, no honra a Dios. (Jn. 5:44). Cuando buscamos la gloria de los hombres y no la de Dios, significa que no queremos a Dios porque solo queremos la gloria de los hombres, ser el centro de todo. Esta es una trampa de la carne.  Es un llamado para todos nosotros, a que en cada accion de la vida busquemos honrar a Dios y no tartar de que nos vean a nosotros.

La adoración es  más de lo que usted se imagina, y es tan sencilla que todos podemos ofrecer la mejor adoración a Dios, porque no se basa en la cantidad, en la manera de a hacerlo o en el horario, ni en el lugar, sino en la clase de vida que tenemos delante de Dios (Ro. 12:1-2). Dios ve el corazón, Dios busca buena relación con él y con los demás, Dios busca santidad, vidas apartadas o libres de pecado. Eso es lo que el pueblo de Israel no había entendido o simplemente lo había equivocado y por esta razón el profeta Isaías se los hace ver en los capítulos 1 al 3. La adoración que Dios busca no consiste en lo que traemos, ni en la manera como se lo damos; Dios ve principalmente el corazón antes que la ofrenda.

Lo bueno de todo esto es que la aprobación a nuestra adoración la da Dios no los hombres. Es posible que alguien te ha dicho que no sabes cantar o tu ya te distes cuenta que eres desafinado (a), no te preocupes, que eso no es lo que busca Dios. Tal vez te sientes triste porque nunca te invitan a ser parte del ministerio de la alabanza, o de la enseñanza, o de la visitación, de la consejería, del diaconado y crees que Dios a otros los escucha más; no es cierto. El privilegio, el ministerio, el cargo, el lugar, la forma, la cantidad y la frecuencia no hace la calidad de la ofrenda, sino tu vida, tu corazón, cuan honesto (a), sincero (a) eres cuando vienes a la casa de Dios, y adoras a Dios con lo que tienes, tu vida, con lo que puedes, con tu vida, y te esfuerzas por presentarte en santidad y buena relación con Dios y los demás cada vez que ofreces adoración a Dios.

 

 

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