El valor de tus convicciones

Día 145
Salmo 125
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Esta mañana una hermana de nuestra iglesia colocó un pensamiento muy válido e importante: “Cambia tus hojas pero nunca pierdas tus raíces.  Cambia de opiniones pero no pierdas tus principios”.   El Dr. Emilio Antonio Núñez, quien ya está en la presencia de Dios, dijo en una de sus clases de escatología, “podemos cambiar las ramitas delgaditas de nuestra teología, pero nunca las ramas gruesas y mucho menos el árbol central”.  Creo que es de sabios y hasta humildes el cambiar de opinión cuando es para mantener la paz o para beneficiar a los demás, pero sabiendo que ese cambio no traiciona sus principios, sus valores, y sus convicciones.

Es la gran verdad que el salmista está tratando de enseñarnos en esta mañana al leer el v. 1 del Salmo 125 usando  una metáfora: “Los que confían en Jehová son como el monte de Sion, que no se mueven sino que permanecen para siempre”.  Pensando en la enseñanza puede aplicarse a la seguridad, estabilidad y firmeza de todo aquel que confía profundamente en Dios. Y cuando hablamos de convicciones, puede referirse a raíces, valores, principios, enseñanzas y verdades importantes que hemos aprendido las cuales no pueden ni deben ser cambiadas por nada, ni negociadas.  Las convicciones son los pilares éticos, principios eternos, verdades divinas, valores profundos y enseñanzas espirituales que no podemos ponerlas en venta ni negociarlas al mejor postor, sino que las creemos, las cuidamos, las custodiamos, las protegemos, las defendemos y las enseñamos.

En la vida cristiana hay convicciones que se convierten en raíces, arboles fuertes, pilares de la fe, en doctrinas que dan identidad y  en enseñanzas que no podemos cambiar.  Por ejemplo, no podemos cambiar el hecho de que Dios creó al hombre y a la mujer para formar el matrimonio, la Biblia lo dice, nosotros lo creemos, y lo defendemos; por consiguiente, nada ni nadie puede hacerme cambiar esa gran verdad que es un pilar de mi fe, es una convicción teológica y bíblica inspirada por Dios.   Cuando una persona que antes creía y sostenía esta verdad bíblica pero que por presión social, intereses de poder o fama, o rebeldía personal cambia de posición, es porque nunca tuvo convicción basada en una relación de lealtad a Dios pues ha preferido ser fiel a otras cosas o personas y no a Dios.

Las convicciones entonces, dan identidad, dan estabilidad, dan seguridad.   Estos son ejemplos del valor de tener convicciones.  En El Salvador, un pastor me invitó a predicar a su iglesia. En la invitación me dijo, mira Luis, necesito que prediques sobre los adivinos, los agoreros y los brujos y especialmente que enseñes a nuestra iglesia que no se debe creer en eso. Recuerdo una ocasión que mi esposa y yo fuimos a predicar a mi iglesia donde asistí desde que era un niño. Cuando ya regresábamos, debíamos abordar un bus en la ciudad de Nueva Concepción, en el departamento de Chalatenango. Mi esposa llevaba en sus brazos a nuestro hijo, cuando de pronto un señor desconocido se le acercó y le dijo: “deja que cargue a tu hijo por un momento y  escupa mi saliva sobre su frente, pues de lo contrario, morirá. Le han hecho un mal ojos”. Esta es una expresión que utilizan los adivinos, brujos, los que creen en las hechicerías. De inmediato, mi esposa y yo le dijimos, no señor, nosotros no creemos en eso, pero este hombre insistía asegurando que nuestro hijo moriría si no se lo permitíamos. Sin embargo, nosotros teníamos nuestras convicciones profundas que nada las podía cambiar, creíamos en la Palabra de Dios, en Dios y nuestra fe era firme. No se lo permitimos, dejamos allí al hechicero, y nuestro hijo tiene 28 años de edad, sano y salvo.

 

El cristiano debe permanecer firme en la fe y las convicciones aprendidas de la Palabra misma. Jamás dude de su fe y de sus convicciones, al contrario, debe defiéndalas ante todo aquel que pida razón de lo que usted cree o ante aquellos que vienen enseñando cosas diferentes a lo que está escrito en la Palabra de Dios. Las convicciones son raíces que no se mueven como no se puede mover el Monte de Sion sino que permanece en el mismo lugar hasta que venga Cristo.  Tener convicciones y enseñarlas a nuestros hijos es lo mismo que Dios nos pide en Dt. 6:1-9, enseñar su Palabra, repetirla en todas las formas posibles hasta alcanzar un aprendizaje duradero, lo cual no es otra cosa que dejar una convicción, una verdad profunda, una raíz que nadie podrá arrancarla.    Enseñe todo lo que es bueno, verdadero, digno de buen nombre, todo lo que tiene virtud, todo lo que honre a Dios.

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