La alegría por es estar en la casa de Dios

Día 95
Salmo 84
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Cuando yo era un niño, solo conocía tres lugares aparte de mi casa: la cancha de foot, la escuela y la casa de Dios, comúnmente llamada la iglesia, aunque la iglesia es el grupo de personas que se reúnen en un templo.  Todos los días, yo sabía que estaría en alguno de estos lugares, y mi madre me enseñó que la casa de Dios era lo que más me debía gustar.   Crecí hasta la adolescencia, y yo solo conocía estos mismos tres lugares, y en esos tres lugares gastaba todo mi tiempo. Yo recuerdo con claridad que estos tres lugares formaban mi cosmovisión y yo era feliz con ello, sentía que no me hacía falta nada más para ser feliz, porque a cualquiera de los tres lugares que llegara me sentía alegre.

Después de leer todo el libro de los Salmos, es fácil deducir  que para el rey David, el Asaf, y los hijos de Core, la casa de Dios tenía un lugar predilecto.    Más de 25 veces, David menciona la casa de Jehová, y al hacer referencia a este lugar lo hace de una manera muy especial implicando que es uno de los lugares más predilecto y queridos por él.  Solo basta una pequeña muestra, el salmo 27:4 dice “Una cosa me he propuesto y esa he deseado, estar en la casa de Dios todos los días, para contemplar la hermosura de Dios y para inquirir en las Escrituras”.   El Salmo 23:6 dice “Y en la casa de Jehová morare por largos días”.  Ahora lea el salmo 84:10 “Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Escogería antes estar en la puerta de la casa de mi Dios”.

Estos y muchos otros salmos hablan de lo alegre que era para David estar en la casa de Dios.     Por supuesto que debemos  entender que para un judío, el asistir a la casa de Dios era algo por un lado obligatorio, debían asistir por lo menos 7 veces al año como nación.  Por otro lado, todo judío sabía que solo en ese lugar estaba la presencia de Dios.  Por lo cual, si querían rogarle, pedir perdón, buscar ayuda y vencer en las guerras santas contra los enemigos de Dios, debían venir a este lugar.  Además, la experiencia de estar frente al shequina, la gloria de Dios, y sentir la presencia del Dios Todopoderoso, solo la podía tener estando en el templo, santuario o la casa de Dios que estaba en un lugar escogido y establecido.

Hoy tenemos la gran bendición de no solo tener templo o la casa de Dios para venir cuantas veces queramos y adorar a Dios, sino que la Biblia dice que cada uno de los que hemos creído a Cristo como nuestro salvador, nos hemos convertido en templo y morada de Dios.  Esto es un privilegio pero también es una gran responsabilidad.   Un privilegio porque con nosotros esta quien determina nuestras victorias, en todo momento podemos  hablarle, adorarle, y pedirle su ayuda.  Es una responsabilidad porque así como él es Santo, cada uno de nosotros debemos vivir en santidad, y mantener una conducta sometida y de acuerdo a su voluntad.

Sin embargo, cuando el salmista habla de la casa de Dios, se refiere al lugar físico que está edificado en determinado lugar geográfico donde se reúnen los creyentes que conforman la congregación.    A esto es lo que nos queremos referir también hoy.   Ese lugar al cual asistimos los días de servicio.  ¿Cuál es la actitud con que usted va? ¿Cuál es el propósito por el cual va? ¿Todos los días que asiste va con alegría, y gran deseo de adorar a Dios, contemplar su belleza, admirar su poder, y exaltar su grandeza?  ¿Viene con un corazón sediento de la Palabra cada vez que asiste y lo demuestra al poner mucha atención a la predicación o el estudio bíblico?  ¿Cuándo se dice una gran verdad de la Biblia, del poder de Dios, del amor de Jesús, y de la obra del Espíritu Santo, usted responde con un fuerte amen, que significa que está de acuerdo con lo dicho? ¿Su actitud es positiva, optimista, entusiasta, y emprendedora a pesar de que otros no quieren cambiar y están en la iglesia casi como a la fuerza?

Oh mis amados hermanos lectores de la Biblia, compañeros en este desafío espiritual, esta es una verdad sublime y una realidad indiscutible.   Estar en la casa de Dios para el rey David era lo más grandioso, lo más deseado y anhelado desde el fondo de su alma.  Significaba encontrarse con su Dios, con el ser más amado, respetado y adorado.   Todo cristiano que le adjudica al templo o la casa de Dios un lugar especial en su vida y para su vida, es la persona que amará, deseará, se desesperará por estar en ese lugar no solo porque adorará al rey de reyes, al dueño de su vida, al redentor de su alma, sino porque se encontrará con toda su verdadera familia espiritual, con la cual vivirá por toda la eternidad.    Estar en la casa de Dios debe ser el mayor de los anhelos de todo cristiano.

La realidad indiscutible, y que a veces da tristeza es que no siempre es esta la actitud de muchos cristianos. Para muchos, el asistir al templo es solo una costumbre, una rutina, un pasa tiempo, un lugar al cual ir porque no hay otra alternativa, o solo para complacer a los padres o al cónyuge.   Es más, muchos de los que asisten, estando dentro del templo no se comportan con el respeto que Dios se merece, actúan como que si estuvieran en otro lugar.   Es más, algunos son más respetuosos en un funeral, en un cementerio, en una corte, en una clínica, que en la casa de Dios.  Así que, no hay mucho cambio después que han asistido a la casa de Dios, porque no asisten con anhelo, deseo, amor, entusiasmo y con un propósito de adorar a Dios, crecer en la Palabra, aumentar su relación con Dios y fortalecer su amistad con él y los demás.

Mi querido hermano y amigo, yo espero que tu actitud y perspectiva sobre el templo y el asistir a este sea como la que tenía el rey David.  Pues si es diferente, yo te reto hoy mismo a que cambies tu forma de pensar, pide perdón a Dios y comprométete a partir de este día, de asistir a la casa de Dios solo para adorar a Dios, aprender de su Palabra, a fortalecer la amistad con Dios y los demás.   Estando en el templo, ser respetuoso, poner toda tu fuerza y alma para adorar a Dios, y poner atención a la Palabra.   Al salir, da gracias a Dios por ese maravilloso tiempo, y ve pronto a compartir con otras personas la bendición que tuviste, el adorar a Dios, el escuchar la Palabra y el poder expresar tu amor con tus hermanos.

Salmo 84:10 “Porque mejor es un día en tus atrios, que mil fuera de ellos. Escogería antes estar en la puerta de la casa de mi Dios”.

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