Mira bien lo que haces

Día 79
Salmo 69
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez.

Tal vez ha escuchado sobre grandes empresas de automóviles que reconocen las fallas de ciertas marcas de automóviles 5 o 10 años después de haber sido lanzados al mercado.   Estas son fallas que en el camino se dieron cuenta de su existencia, pero no fueron  provocadas deliberadamente.  Con todo, ellos se hacen responsables de los daños y perjuicios aun cuando no son responsables en acción deliberada, pero si por el hecho de ser los creadores de los vehículos.   Así que, ofrecen compensaciones, reparación y/o cambio de vehículos o reposición. Sin embargo, hay otro tipo de empresas que lanzan sus productos al mercado conscientes de alguna avería, defecto, o falla, que puede causar desde un daño liviano hasta la paralización del cuerpo de una persona.

Lo que quiero decir es que algunas veces hacemos o decimos cosas sin pensar en que esto puede afectar a muchas otras personas. A veces hacemos o decimos  las cosas inconscientemente, por lo cual podríamos estar eximidos de una parte de la culpa, pero otras veces, lo hacemos sabedores de que esto traerá consecuencias que no solo caerán en uno mismo sino en todos los que nos rodean, y eso creo que no es justo.   Sin embargo, las cosas van más allá, cuando hacemos cosas deliberadamente, con clara intención de afectar a otros, lo cual es inaceptable y aborrecido por Dios.

Yo espero que usted no sea de los que hacen las cosas sin importarle si lo que hace afecta, daña, y lastima a otros, sean estos familiares, hermanos en Cristo, amigos, compañeros o vecinos.  Es necesario reconocer que cada uno es responsable de lo que dice y hace, pero también de los resultados y las consecuencias. Dios ve los pensamientos, sentimientos y acciones de cada uno y él sabe si estos son producidos por una acción deliberada o contienen un buen porcentaje de buena fe, de buena intención, y el propósito de beneficiar a los demás.

El rey David en el Salmo 69 ha llegado  a la comprensión de que por su culpa, errores, y fallas, no solo él está sufriendo desde el alma hasta sus huesos la tortura del sentimiento de culpa, la soledad, la presión, el señalamiento y hasta el aparente abandono de Dios al no responder a sus oraciones sino que todos los que le rodean, a los que él ama, también son alcanzados por su maldad.    Es por ello que, en los vv. 5 al 12, al salmista ruega a Dios, que su familia, sus hermanos, sus amigos, los que le rodean no tienen por qué ser avergonzados y confundidos todos los que confían, aman,  temen y buscan a Dios.  Ellos no tienen culpa de nada, el único culpable es David.

¿Qué le parece la reflexión y el reconocimiento que hace el rey?   Este reconocimiento no debe ser después de nuestras acciones, sino antes de hacerlas.   Cada vez que tú piensas hacer algo debes preguntarte si ese algo agrada a Dios, te ayuda a crecer espiritualmente, beneficia a tu familia, si contribuye al crecimiento de los demás, y si esto finalmente ayudara para que el nombre de Dios sea dado a conocer al mundo entero.    Siempre que pienses, sientas, y decidas hacer alguna cosa, piensa si esto te beneficiara a ti y a todos los que te rodean, pues si esto solo traerá aflicción, confusión y sufrimiento no solo a ti sino a todos los que te rodean, deben renunciar a ello.

Hacer algo sin pensar e importarte  los daños y perjuicios que esto traerá al prójimo, no solo es falta de responsabilidad sino que es un procedimiento que Dios lo aborrece.   Aunque David  reflexionó y considero esto un poco tarde, aun alcanza créditos, porque reconoció que el único que merecía castigo era él y no los que le rodeaban.   La lección es para ti y para mí, ya de los errores del pasado no te preocupes, no sufras, ni te detengas.   Preocúpate por el presente que puede afectar tu futuro, y de las cosas que haces hoy que no solo te pueden traer a ti mismo sufrimiento, desvelos, dolor, pena, y calamidad sino a tu propia familia, a tus hermanos en Cristo, a tus amigos, a tus compañeros de trabajo, y aún al vecino de la derecha y de la izquierda.

Por favor, no hagas nada de lo cual mañana te arrepentirás, mejor arrepiéntete hoy de hacer algo para que mañana puedas dormir tranquilo, levantar tu frente con libertad y saludar  a todos con una sonrisa.  Mucho de lo que debes dejar de hacer, es probable que a ti te guste, lo desees, y siempre has querido hacer, y que casi parece bueno ante Dios y ante los demás.  Por favor, renuncia, y no hagas cosas buenas que parecen malas, y no hagas cosas malas que tú crees que son buenas.   Haz siempre las cosas que son buenas, dignas de buen nombre, que tienen virtud, las que agradan a Dios y edifican a los demás.

 

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