Yo tengo un defensor

Día 69
Salmo 59
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

En términos deportivos,  de los 11 jugadores de cada equipo de futbol  en el campo o la cancha, generalmente 4 son denominados defensas y de los 4 uno es responsabilizado como defensa central.  Este tiene que ser más alto, fuerte y más habilidoso porque se encarga de cuidar de que no lleguen al arquero.  Así que, este es un defensa o buen defensor porque evita que el rival tire la bola al arco o comúnmente portería o técnicamente meta.

Diferente es el área legal donde el mismo Estado provee un abogado para que defienda a personas acusadas de x cosa pero que no tienen posibilidad de contar con un abogado personal.  Lo que hace este defensor es representarlo, hacer todo lo que legalmente le es permitido hacer para defender al acusado.   Muchas veces el acusado no siente la suficiente confianza, la seguridad y la esperanza de ser absuelto de las acusaciones porque el defensor que tiene es parte del Estado.   Sin embargo, por ética profesional, todo abogado ofensor, aun cuando es puesto y sostenido por el Estado, es responsable de hacer todo lo posible y de acuerdo a la ley para defenderlo.

La Biblia dice que todo cristiano cuenta con un defensor, el mejor defensor, el que siempre gana (1 Jn. 2:2).    Es el mismo defensor del cual está hablando David en el Salmo 59 quien cuenta con todos los recursos del mundo, todo lo tiene a su disposición para defendernos del constante acusador, el diablo.   Dice David en el v.9 “Es por causa del poder del enemigo que yo parare en ti. Porque Dios es mi defensa”.   Él con su misericordia irá delante de mí (v.10), eso hace un defensa, esta delante del arquero para cuidar que no lo ataquen.   Va delante de David, y es como el escudo (v.11) protector que no deja que los dardos del mal den con el cuerpo del defendido.

Esta es una palabra de ánimo, restauración, fortaleza, el saber que nuestro defensor es Dios.   No existe nadie ni nada en el mundo que pueda vencer al abogado defensor que tenemos.  Él es mayor que todo y que todos, él nos tiene en sus manos y nadie podrá arrebatarnos (Jn. 10:29-30).    El nos cuida, nos reguarda, nos defiende, nos cubre con su poder; en él estamos seguros y confiados. Por lo tanto, como dijo David, “En paz me acostaré y a si mismo dormiré, porque solo tú me haces vivir confiado”.

Si confiamos en él, si le somos fieles a él, si vivimos solo para él, con seguridad, nada ni nadie nos podrá vencer, pues nuestro defensor es Dios, quien es justo, perfecto, poderoso, misericordioso, amoroso y soberano. Si por alguna razón, está en medio de una acusación injusta, o una situación donde necesita de un defensor, solo acuda a Dios.

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