De Dios es la justicia

Día 68
Salmo 58
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Seguramente a todos nos ha pasado más de alguna vez que hemos sentido, pensado y deseado tomar la justicia por nuestra propia mano ante algún acto de injusticia.   En el Antiguo Testamento, era permitido hacer oraciones de esta naturaleza, donde se pedía a Dios que se encargara de las personas que les hacían mal.  Este tipo de oraciones o peticiones son llamadas oraciones imprecatorias por medio de las cuales era permitido rogar a Dios para que se encargara de algún enemigo, de una persona que molesta o de alguien que se está oponiendo a lo que uno hace.   Y David es uno de los que más utiliza este tipo de oraciones, aunque otros siervos de Dios en el AT lo usan también, tal como Nehemías.

Un ejemplo de este tipo de oraciones lo encontramos en este salmo 58 en forma de metáfora, pero en otros salmos lo expresa literalmente, que Dios se encargue de los enemigos.  Claro, hemos de entender que los enemigos de David, en su mayoría al querer destruir al rey estaban luchando contra el plan de Dios.  Es por ello que David acude a Dios por ayuda y protección de los enemigos, y le dice que les quiebre los dientes, las muelas, les dé duro.  La imprecación la encontramos exactamente a partir del v. 6 hasta el v. 9.      David ora de esta manera también por la mala condición espiritual de todo el pueblo según se implica en los vv. 1-5.   Cuando el pueblo de Dios se aparta de él para hacer todo lo que no le es legitimo hacer, entonces, Dios sin que se le ruegue, él se reserva el derecho de aplicar la justicia.

Por ejemplo, si hoy se permitiera hacer justicia por nosotros mismos, oraríamos como David, como Nehemías, como Jonás, que rogaríamos a Dios que se encargue de todos los que están destruyendo a nuestros pueblos de manera injusta, corrupta, inhumana.  Sin embargo, estamos en un tiempo donde Dios dice, “mía es la venganza” “amad a vuestros enemigos” “haced bien a quienes os hacen mal” “pon la otra mejía a quién te ha golpeado en la otra”, etc. Vivimos en un tiempo donde nuestras oraciones son para que Dios se encargue de las personas que hacen el mal, pero que lo haga como él sabe que se debe hacer y no como nosotros los humanos desearíamos hacer.

Es tiempo que oremos para que la justicia, el amor, la paz, la integridad, el respeto, y el perdón sean los valores de nuestra sociedad. Oremos para que Dios en su inmensa misericordia se acuerde de los países que sufren injusticia, violencia, y dolor por el desacato y la pérdida de valores de otros, pero no oremos que Dios los destruya, sino que Dios les dé una oportunidad para cambiar su forma de pensar, sentir y actuar.  Oremos para que Dios transforme sus corazones.

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