Estad quietos

Día 56
Salmo 46
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Una de las cosas imposibles en un niño es el estar quieto. No estoy seguro si alguno de mis tres hijos haya llegado al nivel de ser considerado inquieto. Aunque hay uno que era bastante inquieto pero controlable. Tengo sobrinos que cuando eran pequeños eran inquietos, les era difícil quedarse tranquilos y sin hacer nada por un momento. Hoy conozco a niños y he visto a niños (as) en diferentes lugares que son hiperactivos (as) al extremo. Esto no quiere decir que son niños malos por ser así, aunque por tal estado de ánimo, a veces hacen cosas peligrosos y hasta fuera del nivel de lo correcto. Lo bueno es que lo travieso, lo inquieto de los niños, en la mayoría de los casos pasa, y se convierten en quietos en algunas cosas pero inquietos en otras cosas, pero ya más tranquilos, maduros y conscientes de lo que hacen.

No todos los niños son así,  y es normal ver niños inquietos en esta edad pero los padres deben hacer algo para controlarlos  o aprovechar su energía para cosas más beneficiosas. Lo que no es ni normal y mucho menos aceptable que jóvenes, y adultos se comporten como niños inquietos, desesperados, y traviesos. Esto no quiere decir que no haya, claro que si los hay, pero no es normal ni aceptable.

Me he referido a lo opuesto de la quietud, que es la inquietud. Cuando llegamos a leer algunos Salmos como el 37, y el 46:10, el salmista habla de una quietud espiritual y emocional y no la física de la cual les he hablado. La pregunta que surge de inmediato es, ¿Qué significa la frase estad quietos, guardar silencio, deleitarse en el Señor? Esto tiene que ver con una de las virtudes que el apóstol Pablo llegó a desarrollar, experimentar y disfrutar; producto de su íntima relación con Dios. Es la experiencia del contentamiento, el arte de vivir satisfecho, tranquilo, contento, en todo tiempo y en medio de cualquier circunstancia. Esta es la invitación de David, que él mismo está intentando aprender, desarrollar y experimentar, estar tranquilo, quieto, sosegado no importando la circunstancia que este viviendo.

Mis amados hermanos, esta es una de las virtudes que necesitamos encarecidamente aprender. En esta experiencia espiritual está envuelta la fe, dependencia, confianza,  conformidad espiritual, y la satisfacción en Dios, la seguridad que se tiene en Dios de que él cuida de uno, que él provee para cada uno, que él está en control de todo lo que nos pasa. También es tener la sensación de  seguridad interna, convicción profunda y conocimiento teológico, de que él cumplirá en el momento justo sus promesas. Solo quien ha llegado a conocer a Dios, no solo de Dios, sino a Dios adquiere esta virtud maravillosa de estar quietos, de guardar silencio sin desesperarse, de estar tranquilo aun cuando todo aparentemente es negativo, y se deleita en guardar con seguridad a Dios.

La sociedad en que vivimos es demasiado individualista, materialista y consumista. Vivir en una sociedad así a veces es asfixiante, estresante, desesperante y hasta deprimente. Si nuestro estado de ánimo dependiera de esta sociedad o de lo que esta sociedad nos ofrece, nunca aprenderíamos a vivir contentos, siempre estaríamos intranquilos, inquietos, insatisfechos, y buscando diferentes satisfactores y sin poder llegar a sentirnos satisfechos con nada. Es por ello que David dice, “Estad quietos, y esperad, guarda silencio delante de él, espera en él y él lo hará”. Necesitamos buscar la fuente de la quietud, de la paz, de la tranquilidad, del contentamiento, de la satisfacción, del deleite verdadero, que es Dios. Esto requiere fe en Dios, dependencia, entrega, conocerle de cerca, relación intima, y amor.

Te invito a que desarrolles esta gran virtud del contentamiento, porque este es el secreto para estar quietos en el Señor. No hay cosa más linda que estar quietos espiritualmente en el Señor, y practicar una vida de seguridad, alegría, satisfacción y deleite. Si tú estás inquieto por algo, si estas desesperado por alguna cosa hasta el punto que te hace sentirte triste pero que no sabes por qué, y desanimado; pon tu mirada en este momento en Dios, ora a él, dile lo que te pasa, llora ante su trono, deja caer tus penas delante de él, y te sentirás más liviano y liberado. Después continua creyendo en su palabra y no dejes de dar gracias por tu vida y lo que te pasa.

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