Dos finales (Parte II)

Día 45
Salmo 37
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

En el devocional anterior nos referimos al final de las personas que temen a Dios. Hoy invito a que busque conmigo los versículos en este mismo salmo que describen el final de las personas que no creen ni temen a Dios. Por favor, acompáñeme a ver los siguientes versículos (v.2) (v.9) (v.13) (v.20) (v.28b) (v.38). Si lee con curiosidad, interés, cuidado cada versículo llegara a la conclusión de que el final que le espera a los incrédulos, impíos o no creyentes. Lo tremendo es que Dios mismo se encargará de darles a ellos el final que se merece.

Si el final de los temerosos de Dios es dichoso, lo opuesto será el final de los incrédulos. Por ejemplo el versículo 2 la metáfora que usa David donde compara a los impíos como hierba que con facilidad será cortado y por consiguiente se secaran. Esto habla del final que no es nada bueno. El v.9 dice lo mismo del v.2 pero con otras palabras, pues dice que los malos, los malignos, los que no creen en Dios serán destruidos. El v. 13 Dios se reirá de los malos, y vera venir su día, que el uso de este término “su día” día de juicio, cuando serán cortados, y destruidos. Por el momento, lo que ya se ha dicho sobre el final de los que no creen en Dios, ya es un final nada bueno.

Los v. 20, 28b, y 38 agrega mas información acerca de lo que será ese final del impío, final que todos podrían evitárselos, si tan solo creyeran en Dios. Mas los impíos perecerán, la descendencia de los impíos será destruida, y en el v. 38 vuelve a decir que serán destruidos, pero usa otra palabra, aniquilados pero lo está usando como un sinónimo, ya que el pecador al ser castigado en el lugar eterno no serán aniquilados, sino que estarán sufriendo por toda la eternidad.

En fin, el salmo es claro al decir que el final de que quien cree en Dios grasara de la vida eterna con Jesús, más no así con los incrédulos, porque ellos serán castigados eternamente. El final de estos últimos no es nada deseable, al contrario serán penados por no creer y obedecer a Dios. Lo precioso de todo esto es que todo aquel que quiera, hoy mismo puede cambiar ese final, con solo creer en Jesús. Rigo cambio el final de su vida ayer, al entregar su corazón a Jesús. Julio decidió cambiar su final al tomar la decisión de fe. Ahora, ellos dos, junto a todos los que ya hemos creído en Jesús nos espera un final feliz. Si sabe de alguno que le espera un final de sufrimiento, dígale que todo puede cambiar con tan solo creer en Jesús como su Salvador.

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