Cuando ya no puedes más

Día 38
Salmo 32
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

Esta sensación es inolvidable e insuperable.  Era mi primera experiencia de trabajo formal fuera de casa para ganar algunos centavos.  Mis hermanos y mi papá fueron a otros lugares a trabajar, y yo fui a deshierbar un terreno con sembrado de frijol.  El dueño midió lo que sería la tarea del día, la cual sentí que era demasiado grande.   Bueno, yo presumía que ya era todo un hombrecito y que podía terminar con facilidad el trabajo de un hombre. Así que, comencé con mucho entusiasmo y energía, pero pasadas 6 horas, por la fuerza del sol en todo su cenit, mi cuerpo externo empezó a desfallecer por el cansancio, y mi cuerpo interno entro en un estado de desesperación, y espíritu negativo. En fin, yo sentía que no podía más, y aun estaba a la mitad de la tarea.  Pero de pronto, de una de las esquinas, venia mi papá quien con una sonrisa de amor y compasión me dijo, aun no has terminado verdad, no te preocupes juntos lo terminaremos. Así fue, en solo una media hora, con mi papá, como el máximo héroe, terminamos la tarea del día.

No recuerdo si me pagaron por el trabajo, pero sí recuerdo con claridad la imagen, la escena de mi papá llegando en mi auxilio y eso pasó hace como unos 35 años.  No sé si usted ha experimentado momentos como estos donde se siente desmayar y que ya no puede más, sin importar las razones, o las causas.   Imagínese usted al rey David sintiéndose exactamente así, según el salmo 31 y 32.   Realmente he leído con mucha atención el salmo 32 y 51 pero no había leído el 31 bajo la secuencia histórica.   Es el salmo 31 que describe el momento donde David siente que ya no puede luchar contra la corriente, pelear contra Dios, y tratar de salir en caballo blanco cuando legalmente ya ha sido declarado perdedor.

El grito de David pidiendo ayuda es audible, “líbrame en tu justicia” “Sácame de la red” “En tu mano encomiendo mi espíritu” “Ten misericordia de mi porque estoy en angustia” “Se han consumido de tristeza mis ojos, mi alma también y mi cuerpo”  “Mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar” “Se agotan mis fuerzas a causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido”. Esto es suficiente como para constatar que David había llegado a un momento en el que su culpa lo estaba matando, y eso pasa cuando se ha fallado a pesar de que se ama a Dios.   Con todo, hay algo que en David es fuerte y que nada lo puede destruir, es su fe, su confianza, y su temor hacia Dios.

Esta es una gran verdad, andar en integridad, no significa ser sin pecado, o no cometer pecado.   David ha dicho en los salmos anteriores que se ha preocupado en andar en integridad, en rectitud, pero ahora lo encontramos agonizando por causa de su pecado.  ¿Cómo es esto?  Significa que quien teme a Jehová, no está excepto de pecar, siempre y creo que más expuesto esta, pues sigue siendo blanco del enemigo, de la carne, y del mundo para tentarlo para que peque.  David cayó en la tentación, pero por callar ese pecado por mucho tiempo, este lo estaba matando, pero finalmente, reconoció su iniquidad delante de Dios, le pidió ayuda, y arrepentido y en humillación dijo a Dios que lo perdonara, porque amaba a Dios.

Cuando ya no podía más, acudió a Dios, para quien nada es imposible.   El salmo 32 describe la dulzura del perdón, la manera como David confiesa su pecado y la manera como Dios perdona su falta, aunque no le exime de las consecuencias.  David, consciente de ello, sabedor de la justicia de Dios, acepta sin cuestionamiento las consecuencias de su error.  Lo más importante es que la paz, el gozo, la tranquilidad, la vida misma llegó a su corazón en el mismo momento de reconocer su error, pedir perdón y recibir la grata noticia que su culpa había sido saldada.   Así que, una vez restaurada su íntima comunión con Dios, David está listo para recibir todo lo que Dios decida enviar.

Mis queridos (as) compañeros (as) en esta maratón de la lectura de la Biblia en un año.   El valiente no es el que calla, ni el que por pena no pide ayuda, o por temor a ser cuestionado o rechazado. Tampoco es valiente aquel que a pesar de que sabe dónde está el error, no lo reconoce y mucho menos para pedir ayuda, pues su orgullo es quien decide.   Valiente, dice la Biblia que es aquel que reconoce su pecado y se aparta, porque este alcanza misericordia.  No importa cuál es tu error, tu debilidad, tu flaqueza, tu problema, y tu pecado, por favor no lo calles, no dejes que este te ahogue y te mate.

Si sientes que ya no puedes más, y que aparentemente ya no hay salida para tu vida o tu problema, déjame decirte que eso no es verdad, siempre hay una salida, una solución, y un remedio.   Vamos, decídete, toma fuerza, respira hondo, levanta tu frente y di con valor delante de Dios que lo necesitas, dile lo que te pasa, confiésale lo que has hecho, no dejes que las voces de abajo te dominen, abre tus ojos, libera tu mente, abre tu corazón para que Dios te alumbre, él te puede ayudar.  Antes que verte morir, Dios desea verte vivir.   No te detengas a contemplar tu error, tu desgracia, tu fracaso, tu debilidad, y tu miseria, más bien deja que Dios convierta todo eso en victoria, esperanza, gozo, paz, visión, fortaleza y en un nuevo comienzo.

Jamás he olvidado y jamás olvidaré la escena tierna, heroica, compasiva y misericordiosa de mi papá cuando de entre los árboles salió muy erguido, con elegancia y seguridad y me dijo, hijo, que te han hecho, te falta mucho, pero no te preocupes, esto lo terminaremos rápidamente.  Así fue, como por arte de magia, mi papá movía las manos con tanta rapidez, facilidad y destreza que en solo 30 minutos ya habíamos terminado la tarea del día. Lo delicioso fue lo que sentí con solo ver llegar a mi papá, me sentí  liberado, descansado, protegido y salvado del sufrimiento que me estaba ahogando, porque, en serio, ya no podía más.   ¡Han pasado casi 26 años que mi padre murió, y casi lo veo llegando en mi auxilio, lo extraño y lo amo!

 

Vamos, Dios te quiere ayudar, solo dile lo que te pasa.

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