La gloria es solo para Él

Día 35
Salmo 29
Lectura de los Salmos 2016
Dr. Luis Gómez Chávez

El salmista en esta ocasión inicia llamándonos a todos a que rindamos alabanza y honra a Dios.   David estaba consciente de esto, tal como lo dice Efesios 1, que todos los seres humanos fuimos creados para honrar, alabar, dar gloria a Dios.    Y bien lo insiste el salmista en el salmo 150, “todo lo que respire, alabe a Jehová”.    Es por ello que David en los primeros dos versículos del salmo 29  insiste a que brindemos gloria y honra a Dios.    Utiliza tres palabras, que en este caso son verbos en una forma imperativa para profundizar la necesidad de hacerlo.  Él dice: “Tributad a Jehová” “Dad a Jehová la gloria” “Adorad a Jehová”.   Seguido a cada frase hay una razón que justifica el llamado, y hay una forma de hacerlo.   Debemos dar gloria a Dios porque él es poderoso, es nuestro creador, somos sus criaturas, y los que ya creímos en él, somos sus hijos, él es nuestro Padre.

Hay una palabra que implica que no toda la alabanza es agradable a Dios, porque dice, “debe ser según o de acuerdo, en la medida de su nombre, y en la hermosura de su santidad”.  Quiere decir que él merece la mejor alabanza, la honra que viene de alguien que en verdad lo reconoce como Creador, Salvador y Señor.   En los vv. 3 al 9 da la razón porque solo Dios debe ser adorado, reconocido, loado, honrado y glorificado.  Su poder, su autoridad, su dominio, su derecho de creación, de administración, y su poderío sobre todo lo que existe sobre la tierra.

Aun cuando la Biblia insiste en esto  muchas veces, en toda la historia de la humanidad  y más en la actualidad, muchas personas han sustituido a Dios y han tomado la gloria que solo Dios se merece.  Cuando una persona no da reconocimiento al Único que hace las cosas, es tratar de tomarse el crédito, la gloria que solo debe ser dada a Dios.   La Biblia dice que todo es de Dios, que todo se mueve por la palabra de Dios, y que sin él nada podemos hacer.   Es más, la Biblia dice que ni una hoja del árbol se mueve sin su voluntad, y que nosotros los seres humanos no podemos ni hacer crecer un cabello.  Significa entonces que, nuestra vida, la vida de todo ser humano inteligente, debe estar dedicada a reconocer la grandeza de Dios a dar gloria y alabanza a Dios.

No solo aquellos están robando la gloria a Dios, sino que con frecuencia nosotros lo hacemos también.   Cuando pasa un día sin reconocer que por su gracia lo vivimos, es no darle la gloria a él.   Cuando nos vamos al trabajo sin agradecerle por el descanso, cuando recibimos el cheque por el trabajo no reconocemos que Dios nos dio la vida y la fuerza para trabajar, cuando  hacemos el ministerio sin alegría, sin excelencia, sin entrega.   Cuando nos enojamos porque no dijeron mi nombre por lo que hice mientras que a otro si lo mencionaron.   Cuando cometemos pecado  sabiendo que Dios nos ve, es falta de respeto.  Cuando tomamos decisiones, iniciamos un proyecto, hacemos cambios sin consultar a Dios, es no darle el lugar que él se merece.

El llamado hoy es dar el debido reconocimiento a Dios, darle todos los créditos a él y  honrarlo en todo, por todo y con todo.   El Salmo dice, “El nos hizo y no nosotros a nosotros mismos” por lo tanto, nuestra existencia tiene el único propósito de dar gloria a Dios.  Con la iglesia, en la familia, en el trabajo, en la escuela, en el restaurante, en la calle, en todo lugar, busquemos que Dios sea glorificado, reconocido y adorado.

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