¡ILEGALES SIRVIENDO LA MESA DEL SEÑOR!

Dr. Luis Gómez Chávez

Nota, artículo escrito como requisito del curso doctoral, escribiendo para publicar. 2006.

Ya estoy en USA, pero muchas veces me he puesto a pensar que soy un inmigrante… y estoy seguro que hay mucho por aprender, hacer… mucho vivir. Soy afortunado… muchos han dado su vida por intentar simplemente cruzar el Río Bravo o el desierto de Arizona, o la barda metálica de Tijuana… yo nada más enseño mi tarjetita y listo: ‘Ya estoy en USA’ y muchas veces me he puesto a pensar en lo fácil que es para mí hacerlo y lo difícil y mortal que resulta lo mismo para muchos… Si usted es una persona que vive en los Estados Unidos, ¿qué es lo que le da derecho a hacer o no hacer algo y a creer o no creer en algo? ¿Qué es lo legal y qué es lo justo en todo esto? ¿No será que de alguna forma, todos somos inmigrantes, unos legales, otros ilegales? ¿Cuáles son los límites para ejercer los derechos civiles y espirituales de una persona que es indocumentada?

LOS LÍDERES VIENEN MOJADOS.

Tres meses antes de llegar a ser pastor de la Iglesia Bíblica en Abilene, Texas, me dijo Eliseo, un estudiante de Dallas Theological Seminary: ¿Qué vas hacer en la iglesia cuando todos los líderes son ilegales? Pero ellos son los únicos que hay. Yo no pude responder, porque quitarlos significaba quedarme solo, pero dejarlos en sus puestos era como ir en contra de mis convicciones. Decidir por una es como ir en contra de las corrientes del río Mississippi.

Muchas iglesias hispanas en Estados Unidos tienen dentro del liderazgo a cristianos honestos, fieles, trabajadores, serviciales y entregados a Dios, pero sin documentos legales.

Conozco a un cristiano salvadoreño en una iglesia de Maryland, quien por su dulzura al hablar es conocida su entrega a Dios. En Julio de 2002, le pregunté, Hermano Roque, ¿cómo llegó a este país? Ah, hermano pastor, como todos, mojado. ¿Su esposa y sus dos hijos llegaron de la misma forma? Si hermano, bien mojados. Durante el viaje, pasamos noches oscuras como los interminables túneles de la ciudad de Chicago, y días largos como una eternidad. Sin embargo, alcanzamos el sueño, llegar a los Estados Unidos y ahora estoy sirviendo al Señor con todo mi corazón, pues soy anciano de esta iglesia.

Esta realidad, pone al relieve una problemática, que lo están experimentando, no sólo la sociedad en general, sino las iglesias hispanas en particular. He visto con mis ojos a tres iglesias donde los principales líderes son indocumentados. En una, el 75% de los ancianos y diáconos eran ilegales, en otras el 50%. La pregunta central es, ¿debe un cristiano ilegal participar en el liderazgo de una iglesia? ¿Es legal, moral y espiritual esta práctica?

Este dilema ético-moral tiene relación con la ley del país, con el espíritu humanitario y con la perspectiva espiritual. ¿Es justo que una persona de buena reputación, plagado de habilidades espirituales sea privada de desarrollarlas por no tener documentos legales? Por otro lado, ¿es correcto que las iglesias sean dirigidas por personas que violan las leyes? O por otro lado, ¿se justifica como una acción humanitaria el ayudar a cristianos indocumentados en las iglesias y elegirlos “bíblicamente” como servidores de Dios?

ESTADOS UNIDOS: NACIÓN DE INMIGRANTES.

La historia de los Estados Unidos desde sus inicios está construida por la vida de inmigrantes de todo el mundo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos norteamericanos, en su mayoría provenían de Europa, África y más tarde de Asia. Sin embargo, a causa de la Segunda Guerra Mundial, (1939-1945) los hombres fueron enviados al campo de batalla, Estados Unidos creó un programa de trabajadores temporales llamado “braceros” provenientes de México.

Conozco a un amigo mejicano que llegó a Estados Unidos bajo este programa. Él cuenta que el trabajo que vinieron hacer era pesado, sucio, y mal pagado, pero lo hicieron por necesidad. Trabajaban de sol a sol, dormían en cabañas antihigiénicas, y eran tratados como esclavos. El trabajo del brasero era pesado, sucio y mal pagado. Son los trabajadores hispanos los que hacen el trabajo más pesado e importante de este país porque los residentes y ciudadanos no quieren hacerlo. ¿Es verdad esta realidad en todos los casos? Tal vez el trabajo del granjero, ciudadano en los Estados Unidos en estos días era pesado, sucio, y mal pagado también…

Es más, la historia de los latinos en USA no empieza con los braceros. Los latinos vivían en Texas, California y otros estados antes del desarrollo de esta nación. Los latinos han contribuido mucho a nuestros sistemas de la irrigación, la agricultura, las rancherías, las minas, los ferrocarriles y las leyes en estas áreas de la vida.

Por ejemplo, el sistema de riego vino de España, la costumbre de los Cawboys llegó de México. El trabajo en las minas de oro, plata, se hizo común en ambos países, etc. Así que, con los hispanos en Estados Unidos, llegaron nuevas costumbres, culturas, estilos de vida, y una cosmovisión diferente a la de los anglos.

Ahora, el estilo de vida de los residentes de este país ha cambiado en más de alguna forma porque, los inmigrantes legales (23 millones) e ilegales (12 millones) están en todas las ciudades del país. ¿En qué lugar de este país no hay inmigrantes? Los podemos encontrar en las granjas, en las construcciones, en las fábricas, en las minas, y en los trabajos pesados… Pero también lo podemos encontrar como empresarios, políticos, educadores y ministros religiosos.

Desde los años 70’ se acrecentó el flujo de personas a este país por varias razones, “el país de donde viene mi socorro”. Primero, las personas llegaron de casi todo el mundo: algunos como turistas, otros como residentes, pero muchos otros exponiendo sus vidas al cruzar el Río Grande, porque había facilidad de obtener visas de turista, cartas de trabajo y la promesa de superación. Es más, desde los años 80’ a los 90’ algunos estados del país ofrecían un número de seguro social que permitía tener licencia de conducir, buscar trabajo, hacer declaración de impuestos siendo ilegales. Una tercera razón es que, importantes empresas mostraron gran interés en los trabajadores hispanos sin requerir documentos. Otras ofreciendo contratos de trabajo a profesionales.

Sin embargo, algo interesante se ha venido dando desde 1990 hasta el 2006. Entrar a los Estados Unidos se ha convertido en una hazaña de titanes. Es tomar el riesgo de la vida, pues implica hasta morir en la travesía. No obstante, a pesar de que pasa de mil personas las que mueren cada año cruzando las fronteras entre México y Estados Unidos, y que el costo que se paga a los ‘coyotes’ se ha cuadruplicado; la cantidad de los inmigrantes que han llegado en los últimos 10 años, es mayor que los que entraron entre los años 70’ y los 80’. Conozco a una persona que ha ingresado a Estados Unidos varias veces, pero la última vez pagó cerca de $ 6.000 dólares.

En fin, entre los 35 millones de inmigrantes están los cristianos indocumentados. Personas que por sus valores espirituales, principios bíblicos y convicciones profundas anhelan dar a ésta nación no sólo su lealtad, sino la contribución para una nación mejor. ¿Qué hacer con todos estos cristianos indocumentados que están sirviendo la mesa del Señor?

¿QUIÉN TIENE LA RAZÓN?

Es difícil tomar una posición al respecto por temor a violar la ley del país o la ley de Dios. ¿Qué es más importante para Dios, la justicia o la misericordia? ¿Es posible obedecer la ley impulsados por el amor? ¿Qué debo hacer cuando los que aplican la ley son injustos y gobiernan mal? ¿Podemos desobedecer a alguien que gobierna con injusticia y sin misericordia y agradar a Dios al mismo tiempo? ¿Qué vale más para Dios, obediencia sin razonamiento o el razonamiento sin obediencia? Hay personas que tratan este problema con espíritu humanitario y acceden que las iglesias pongan líderes cristianos sin documentos legales porque es una manera de expresarles el amor cristiano, ayudar al prójimo, y demostrar misericordia.

Algunos pasajes bíblicos que respaldan este procedimiento es Gálatas 6:9-10, habla de hacer el bien a todos, especialmente a los de la familia de la fe. Una práctica de amor hacia el prójimo es apoyarlo en toda circunstancia (Mr. 12:31). ¿De qué nos sirve decir que amo a Dios, si no ayudo al necesitado? Lo más importante es llevar el evangelio a toda criatura (Mt. 28:18-20). Aun el indocumentado cristiano tiene esa gran responsabilidad y obedecer a Dios, no es ilegal, ¿verdad? 1 Corintios 12:12-13, dice que todo aquél que cree en Jesús es parte del cuerpo de Cristo y ayudarnos unos a otros como miembros de un mismo Cuerpo es un accionar natural, legal y agradable a Dios. Por último, entre los requisitos en 1 Timoteo 3 no se encuentra “tener documentos legales en otro país”.

Por otro lado, está la posición conservadora que se opone contundentemente a la idea de elegir a cristianos ilegales para servir a Cristo. Su base está en el hecho de que todo ilegal esta desobedeciendo las leyes del país. Por consiguiente, está en pecado delante de Dios y por ende, no puede ejercer ningún ministerio de responsabilidad espiritual (Ro. 13:1). La Biblia dice que si hace algo dudando y que no agrada a Dios, es pecado (He. 11:6).

He visto ejemplos de esta manera de comportamiento tan irresponsable. En una ocasión recibí una llamada de Nueva York preguntándome si podía recomendar a un pastor que se quedó en el país de manera ilegal y que estaba buscando un ministerio pastoral. Mi respuesta fue, no haga nada hasta que venga toda su familia y él obtenga un status legal. Sin duda, meses después el pastor fue invitado y ellos querían ayudarlo ya que se encontraba solo. La posición conservadora, y mi posición en este caso, es que esta acción no sólo está en desacuerdo con los principios bíblicos y éticos, sino también en contra de las leyes terrenales del país.

En otra ocasión, el hermano Serafín, predicador de una iglesia fue apresado por autoridades de inmigración para ser deportado. El pastor se presentó al lugar donde lo tenían y habló con el jefe del departamento. Al preguntar por Serafín, el oficial dijo: Hace unos minutos que se fue a casa con el compromiso de presentarse el próximo lunes con toda la familia para firmar el proceso de deportación. Usted, dijo al pastor, promete que ellos se presentarán. El pastor respondió, “Prometo aconsejarlos para que se presenten, pero ellos tienen la última palabra.” Finalmente Serafín, no se presentó, porque se movió a otro Estado. Una acción como esta, la de evadir la ley, no agrada a Dios.

Recuerdo, como si fuera ayer, un 3 de enero de 2003, mis tres hijos, Raúl, Samantha, Josué y yo recibimos como un balde de agua fría la decisión de un agente de inmigración de Dallas donde nos dejaron solo tres días para abandonar el país. Nosotros nos presentamos para solicitar una extensión de permiso para mis hijos y así evitar salir del país. Sin embargo, sin mediar palabra alguna, nos cancelaron las visas de religiosos (R-1,2), después de haber residido legalmente 5 años en Estados Unidos. El corazón de mis hijos y el mío se estremeció como cuando un árbol es sacudido por la furia del viento. La confusión fue tal, que mis palabras no tenían poder alguno para explicar las paradojas de la vida y los secretos del destino, pero obedecimos la decisión. “¡Qué ironía!” Hijos, dije yo, si esto nos ha pasado, no duden. Dios tiene algo mejor para nosotros. Pero recuerden, nosotros no nos quedáremos ni un segundo como ilegales en este país.

La experiencia difícil de abandonar este país llevando solo 4 maletas y $400.00 fue terrible e inexplicable. El día 6 de enero salimos de Abilene a las 3:00 a.m. rumbo a la ciudad de Dallas para convencer a los agentes de inmigración para considerar nuestro caso. El juez del Condado de Taylor iba con nosotros para ayudarnos en la petición. Al llegar a las oficinas de inmigración, mi familia se quedó en el carro, cargando todo el equipaje, porque la decisión era salir de allí mismo, si no cambiaba la situación. Jamás olvidaré el día, cuando el agente escribió sobre mi visa cancelada ‘cancelled without prejuice’.

A las 12:00 del medio día, salimos de la oficina y hablamos para el Aeropuerto para reservar los vuelos con Taca Internacional hacia El Salvador. A la 1:30 p.m. con dolor, lágrimas y profunda tristeza nos despedimos de tres familias que nos acompañaron. Durante 4 horas de vuelo, mi esposa y mis hijos no dejaron de llorar. Nada podía explicar lo que nos estaba pasando. Todo era como una pesadilla, y no queríamos despertar a la realidad. Yo trataba de ser fuerte, y les hablaba pero todo era en vano.

Al llegar a El Salvador, decidimos aprovechar el tiempo y terminar mis estudios de maestría en Guatemala. Al mismo tiempo solicitamos al departamento de Inmigración en Austin, Texas que nos permitieran seguir el proceso para la residencia permanente desde Guatemala. Para nuestra sorpresa, el 28 de agosto del 2005, en la entrevista para recibir la visa de residencia permanente en la Embajada de Estados Unidos en El Salvador, un representante del cónsul nos declaró que nuestras cinco visas nunca fueron canceladas en el sistema.

Sin embargo, lo bueno es que ahora ya tenemos residencia permanente en Estados Unidos. Obedecimos la ley, independientemente de si ésta fue justa o injusta. He aprendido y enseño a mi familia que la ley ha sido creada para obedecerla, y aunque a veces es ciega, tarde o temprano triunfa la justicia. Esto significa que toda persona puede llegar a tener una condición legal.

ENTONCES, ¿CÓMO PROCEDER CORRECTAMENTE?

Eliseo me dijo: Luís, si viene una persona indocumentada, que además de ser tu amigo, sabes que es un fiel siervo de Dios, ¿dejarás de ayudarlo e involucrarlo en el ministerio de la iglesia? Yo le respondí. Le ayudaré, pero no lo involucraré en el ministerio de inmediato.

Para hacer justicia a la práctica de la enseñanza bíblica y la ley humana, se recomienda seguir los siguientes principios. Primero, elegir a los líderes de la iglesia basado en los requisitos espirituales de la Biblia (Hch. 6:1-6; 1 Ti. 3:1-13) como una prioridad. Segundo, en caso de que quienes cumplen los requisitos bíblicos son ilegales, considerar cada caso en particular y procurar en todo lo posible no violentar las leyes del país. Permitir a los candidatos que por lo menos estén en un proceso de legalización. Por último, aunque los indocumentados sean excelentes cristianos, la iglesia debe abstenerse de elegirlos como líderes. En vez de esto, debemos animar y orientar a cada uno para iniciar un proceso de legalización. Mientras tanto, podemos involucrarlos en ministerios de menos responsabilidad. Así no violamos la ley, ni desperdiciamos sus habilidades.

TODOS SOMOS INMIGRANTES.

Todo inmigrante ha de ser visto, considerado y tratado como un ser humano con derechos y responsabilidades. Estados Unidos no puede avanzar sin la ayuda de los inmigrantes legales e ilegales. No olvidar que en cierta forma, “todos somos inmigrantes”, todos somos mojados, unos por las aguas del Mediterráneo, otros por las del Pacífico, unos terceros por las del Atlántico y los de más cerca por el Río Bravo. Lo mejor que se debe hacer es motivar a cada indocumentado a ser mejor en todo sentido hasta alcanzar su buenaventura legalidad. ObreroFiel.com –

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