Creados, Salvados para adorar a Dios

Día 298

Apo. 5:8-14

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Como resultado de lo acontecido en los vv. 1-7, Juan y todos los que estaban frente al trono se produjo un inmenso gozo. ¿Podemos sentir gozo nosotros la Iglesia militante por saber que Jesús puede abrir el libro el cual es el que estamos leyendo ahora mismo?   El gozo se convierte en una solemne doxología dirigida al que está en el trono y al León de Judá, el Cordero Redentor.

Ellos adoraban al Dios reinante y al Cordero Redentor por medio de las oraciones sinceras acompañadas de gozo, alegría y seguridad. Son las oraciones de los santos, ¿Cuáles? ¿Los que ya están en el cielo con Cristo o los que se han convertido ya en la tribulación? ¿Qué valor tienen las oraciones si ya están en el cielo? ¿Qué significado tienen y para qué las hacen?  Si son los que están en el cielo son una manera de adorar a Dios como en el Salmo 140:2 y Lc. 1:10 y si son los convertidos de la tribulación son para adorar a Dios y pedir ayuda para que se acorte el tiempo de sufrimiento.

El tema del himno es la redención que ha hecho el Cordero y es una redención final.  Esta palabra tiene tres usos: Primero, se usa la palabra agorazo para referirse a la acción de Cristo de comprar nuestras vidas con su sangre.  La segunda es exagorazo para indicar que no sólo nos compra sino que nos saca de la esclavitud del pecado en que vivíamos. Por último, se usa la palabra lutrón que significa que nos deja la libertad para que nosotros voluntariamente decidamos si vivir para servirle a él en gratitud o vivir aparte de él.

Además, hay otros detalles importantes sobre la obra del Cordero, la redención (v.9-10). Es para Dios, se realiza mediante la sangre de Cristo, es una obra ilimitada y constituye a los redimidos en un reino, sacerdotes y reyes.  Este es un gran privilegio ser reyes y sacerdotes de Cristo y reinaremos con Cristo para siempre (20:1-6) que se refiere al reino milenial.  El reto está en que nosotros como hijos de Dios debemos vivir como representantes del Rey sobre la tierra, implica tener vidas santas, controladas por el Espíritu y dedicadas al servicio y la adoración.

Los ángeles y todo ser viviente se unieron al regocijo y la adoración de los redimidos por el Cordero, delante del Cordero redentor y del Dios reinante (v.11-14). (Dn. 7:10).  La adoración que daban afirma que Cristo es el Cordero, quien es digno de ser adorado.  A él se le atribuye el poder, riqueza, sabiduría, fortaleza, honra, gloria y alabanza.  En esta adoración está representada la esfera celestial, la humana-animal, animal-vegetal-material.  Se cumple el Salmo 150, todo lo que respire alabe a Jehová. 

          Nuestra vida siempre debe estar perfilada y encaminada a rendir adoración y alabanza de corazón  a nuestro  Dios en señal de gratitud por su obra a favor nuestro.  Si los ángeles que sin tener el privilegio de la redención o salvación, adoran y alaban a Dios, cuanto más nosotros que hemos sido receptores de la salvación tan grande, debemos vivir solo para adorar a Dios, adorarlo en espíritu y en  verdad (Jn. 4: 24).  El llamado es a seguir creyendo en el poder de Dios y en su amor redentor.  Lo mejor que puede hacer el cristiano es dedicar su vida para adorar a Dios el Padre, a Dios el Hijo y a Dios el Espíritu mientras tenga vida.

 

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