Jesús, tú siempre das gozo y esperanza

Día 297

Apo. 5:2-7

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

 

El ángel”pregonaba” con la misma resonancia y actitud de un heraldo del rey.  Debía ser tan fuerte la invitación o la proclamación que dice Juan que se escuchó el sonido en el cielo y en la tierra y en el hades.  El sonido prorrumpe la actividad universal y el silencio debajo de la tierra.  En este ambiente y seguido del sonido  de la llegada de la pregunta del ángel a todo el mundo, ¿Quién es digno de tomar el libro? ¿Quién es capaz de entender el contenido del libro y explicarlo con dominio?  Ante tan determinante pregunta hay una fría y desconcertante respuesta: NINGUNO.  No se encontró a ninguno capaz de abrirlo ni en el cielo (iglesia y ángeles), ni en la tierra (creyentes convertidos en el inicio de la Tribulación)  ni debajo de la tierra (creyentes del Antiguo Testamento ya fallecidos) o en el hades (sepulcro o entre los inconversos fallecidos de todos los tiempos).

Cuando Juan escuchó la respuesta, se puso a llorar.   Lloró como un niño, de manera audible, desilusionado y lastimado. Un llanto público, con dolor y grande. Ninguno era capaz moralmente de abrir se encontró.  Nadie podía falsificar el libro para ser visto porque tenía siete sellos.  De pronto, alguien dijo: No llores.  Juan muy sorprendido miró a los lados y un anciano le dijo que si había uno digno de abrir el libro, tomarlo y revelar los secretos de Dios para el hombre. ¿Quién es el capaz y digno de abrir el libro?  1) El León de Judá,  2) La raíz de David, 3) El Cordero como inmolado, 4) El Cristo triunfante, 5) Jesús de Nazaret.  Toda la descripción es para Jesucristo el Redentor, el que venció al encarnarse, al morir y resucitar de entre los muertos.  Entonces, Juan dejó de llorar.

               Cuando Juan quiso mirar al León, vio un cordero como en el acto que es ofrecido  a Dios por el sacerdote de turno.  Estaba herido pero victorioso porque  murió pero resucitó.  El cordero tiene siete cuernos “poder” y equipado perfectamente para destruir toda oposición.   Los siete ojos son los siete espíritus de Dios que representan la perfecta obra del Cordero.  El cordero que vigila siempre a favor de su pueblo providencia y conocimiento ilimitado.   Esta descripción tiene dos usos significativos:  primero como que el cordero es como inmolado que nos recuerda a Isaías 53:7 donde Jesús es visto como el siervo de Jehová, sufriente e inocente, es un cordero llevado al madero que sin abrir su boca ejemplifica a un siervo que en contra de sus derechos no puede justificarse o auto defenderse.   Segundo, tiene siete cuernos que según Salmo 75:4-7 describe su poder y dignidad (Zac. 1:18).  Jesús tiene el poder de un monarca en la medida máxima y es un guerrero que vence al enemigo.

El cordero vino y tomó el libro.  El verbo es un perfecto dramático, acción ejecutada en un momento rápido y definido, “lo tomó en un abrir y cerrar de ojos”.  La idea es como en el 1:18 “que a Dios nadie le vio”.  Es en este momento donde el llanto y dolor de Juan cesó y se tornó en gozo, alegría, esperanza, y seguridad porque conocería el destino de los hombres. ¿No le parece interesante saber que Dios es el que produce en Juan y en nosotros estos dos diferentes sentimientos al saber nuestro destino eterno y que nadie nos podrá privar de tal bendición porque ya estamos seguros  en Dios (Ro. 8:28-39)?

Gracias Jesús por ser nuestro Salvador y Señor, porque tú  nos das no solo seguridad de nuestro destino sino gozo y esperanza en nuestro presente.

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