Lo que Dios espera de ti

Día 289

Apo. 2:12-17

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

En este mensaje, Dios hace un desafío no solo a la iglesia de Pérgamo, ni a la iglesia de hoy, sino que el desafío es muy personal, individual, es para ti.  Y claro, en este siglo XXI, el desafío cobra mayor intensidad no solo en su exigencia sino en su cumplimiento, debido a la clase de tiempo en que estamos viviendo.   Dios espera de todos, pero principalmente de de mi y de ti que nos identifiquemos con él, que nos separemos del mundo, pero que influenciemos en el mundo y que vivamos comprometidos con el evangelio.

La identificación personal con Dios consiste no solo en tener una relación intima, diaria y personal con él, sino una vida de obediencia a su Palabra y lealtad en su nueva identidad como hijo de Dios.  Este es uno de los grandes aspectos que no debemos olvidar, lo que somos a partir de que recibimos a Cristo.  Dejamos de ser creaturas de Dios, pues él nos hace sus hijos (Jn. 1:12, 1 Jn. 3:1).  De manera que la nueva identidad debe concordar con la nueva naturaleza en Cristo, la que a si mismo debe concordar con la naturaleza santa de Dios.

La palabra “santo” (qodesh o agios) significa “apartado, consagrado” y eso es lo que ha pasado en nosotros desde que creímos en Cristo, fuimos declarados santos para Dios, apartados para Dios y separados del mundo. Eso es lo que Dios espera de nosotros que vivamos apartados de todo aquello que es pecado, malo, desagradable a Dios, que va en contra del carácter de Dios, no está de acuerdo a la nueva identidad en Cristo, que no se apega a la Palabra de Dios y que no ayuda al crecimiento espiritual.  Es por eso que Dios cada día espera que vivamos solo para honrarle, apartados de lo malo de este mundo.

Lo anterior no significa que dejemos el mundo por la maldad que hay en este como pensaron algunos por los siglos 4 y 5 después de Cristo, los iniciadores de los monasterios.     Estos impulsados por las enseñanzas de los epicurios y estoicos creían que a Dios le interesa solo lo espiritual pero no la materia o sea el cuerpo, y al considerar el mundo malo, decidieron alejarse de la sociedad para irse a lugares solitarios, montañas.  Si aceptamos esta creencia, entonces estaríamos desobedeciendo el mandato de Dios quien por medio de Jesús dijo que nosotros somos la sal y la luz de este mundo.   El mismo Jesús en Juan 17 cuando ora a Dios Padre le dice que no los quites del mundo pero que los guardes mientras estén en el mundo.    Es que el deseo de Dios es que mientras estemos en el mundo ejerzamos influencia del reino de Dios, del evangelio salvador, del amor eterno de Dios, que demos a conocer a Dios y su plan eterno para la humanidad.

No podremos influenciar como iglesia, como familia, como matrimonios,  y como creyentes a menos que adquiramos un compromiso serio con   el evangelio.  Es como comprometernos con la misión de Jesús de llevar el evangelio a toda criatura, de predicar el evangelio en todo tiempo, es como sentir una carga pesada como Pablo, la cual nos impulsa como una  inercia  poderosa que nos deja tranquilos si no estamos cumpliendo la tarea que Jesús nos dejo.   Este es uno de los grandes vacios de la iglesia hoy, y de cada cristiano en particular, que no mantenemos nuestra nueva identidad, no estamos despojados del mundo pues seguimos adaptándonos a esta sociedad, y no nos preocupa cumplir con la tarea de influenciar  a la gente de este mundo con el evangelio y un estilo de vida diferente.

Como la Iglesia de Pergamos en Asia Menor, que representa el periodo panorámico de los años 313 a 590 d.C. donde en vez de cumplir estos cuatro aspectos: identificación, separación, influencia y compromiso; se alió con el estado, se caso o mezclo con el estado, perdiendo su identidad, autoridad, poder e influencia.  Mucho de eso está pasando con nosotros en este siglo XXI, y Dios nos exhorta a retomar nuestra identidad, función y misión.  Yo no sé como estas tu, no te preocupes por la iglesia si cumple o no, preocúpate tu y acepta este desafío y trata de mantener tu identidad como hijo de Dios, viviendo apartado solo para Dios, ejerciendo influencia espiritual en medio del mundo, al compartir el evangelio con fidelidad.

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