Ten cuidado con tu primer amor

Día 287

Apo. 2:1-7

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

Juan recibe la orden de ordenar y escribir toda la revelación recibida y luego enviarla a cada unas de las siete iglesias de Asia Menor.  Esta segunda parte de Apocalipsis que cubre capítulo 2 y 3 estará dedicada a conocer del mensaje revelado para cada una de esta iglesia.  Para lograrlo, se hará una comparación y una interpretación panorámica del significado de estas con la iglesia del siglo XXI y por último estudiaremos el mensaje en su contexto.

Es muy importante tomar en cuenta que al estudiar estos dos capítulos, nos estaremos refiriendo al presente siglo con referencia al programa de la Iglesia.  Parece ser que Juan al escribir esta parte del libro está describiendo el presente siglo desde el comienzo de la Iglesia (Hechos 2)  hasta el juicio de la iglesia apóstata en la segunda venida de Jesucristo (Mateo 25).

El propósito de las siete cartas para las siete iglesias puede entenderse en tres formas.  Primero, Juan escribe para satisfacer las necesidades de las mismas. Segundo, revelar las varias clases de individuos y movimientos que aparecerán  a través de los siglos.  Último, revelar el curso del siglo de las cartas por el cual las iglesias tendrán que pasar.   Juan escoge estas iglesias por el significado de sus nombres que no solo describen los cambios panorámicos de la Iglesia de Cristo sino que sugieren  la sucesión en el desarrollo de los períodos del tiempo.

Según la introducción expuesta, por lo menos hay tres interpretaciones sobre las iglesias o maneras de aplicarse en nuestros días.  Es posible que existan más pero solo se tomarán estas tres.  Un primer grupo opina que dichas congregaciones son iglesias literales  en Asia Menor y son contemporáneas a Juan.    Un segundo grupo opina que son condiciones espirituales y que siempre hay iglesias así sobre el planeta.  No son iglesias locales sino condiciones espirituales que se dan en toda iglesia local y en todo tiempo.  La última opinión es que se refiere a épocas panorámicas de la historia de la Iglesia.

Éfeso, la primera iglesia  ala que escribe Juan en los vv. 1-7,  significa “deseada” “soltar” que según algunos comenzó  el día de Pentecostés y termina en el año 100 d.C. y representa el período de la siembra, evangelismo y organización de la Iglesia fundada por Jesús mismo.  Sin embargo, es necesario remontarnos al tiempo de Juan que es a finales del primer siglo para asegurarnos de la existencia real de esta.   La Biblia misma dice que existía, Juan quien escribió 1,2 y 3 Juan está comprobado que lo hizo desde Éfeso.  De manera que, la ciudad ya existía y por consiguiente, ya había una iglesia local en Éfeso.

Yo conozco, tus obras.   Todos sabemos que hemos sido creados para hacer buenas obras (Ef. 2:9-10) como evidencia de que somos hijos de Dios y tener a Cristo “En” el corazón.   Es probable que Juan utilizara “obras” para referirse al “servicio” que la iglesia estaba ofreciendo a Dios, a los hermanos, a la comunidad y al mundo total.  El mejor servicio que la iglesia puede dar es el de proclamar el evangelio de salvación.

Yo conozco tu trabajo.   El trabajo acá no se refiere al que se realiza por costumbre o rutina el cual no demanda mayor esfuerzo.  El trabajo que Jesús alaba y reconoce es el que se realiza con mucho esfuerzo, el que a pesar del sufrimiento produce obras.   Es la iglesia que a pesar de vivir en constante persecución, gritos, ultrajes, insultos, dolor y persecución, se mantiene firme en el compromiso de llevar la encomienda, la “gran comisión” delegada por Jesús y confiada en tesoros de barro.

            Yo conozco tu paciencia.  Ellos tenían un corazón maternal, capaz de sobrellevar y tolerar la debilidad de otros.   Tal actitud ayuda a edificar y fortalecer las estructuras del amor en una congregación.  La idea de paciencia no implica inactividad, conformismo, ni pesimismo.

En fin, la iglesia que produce buenas obras, trabaja arduamente y se mantiene firme sin desmayar ante los fuertes ataques del mundo, de la carne y del diablo es la que Jesús considera fiel en la práctica del mensaje recibido del Espíritu Santo.  Hasta lo anterior, la iglesia parecía ser perfecta.  Todo indicaría que Jesús no tiene nada que reclamarle.  Sin embargo, la queja es fuerte, “has dejado su primer amor”.  Se acabó la luna de miel y la alegría de la boda.  El trabajo, la paciencia, el servicio, las obras, la adoración y toda actividad sin amor, dice Pablo en 1 Co. 13:1-3 “no sirve de nada”, “no tiene valor alguno”, el mejor camino es el amor.  Puede haber activismo, movimiento, actividades, algarabías pero si no hay amor, esto no tiene valor alguno.  El primer amor es el perfecto, genuino, el bueno y agradable a Dios.  Todo lo que se hace por otra motivación que no sea el amor anula la acción misma junto con los resultados.

             Es importante que aprendamos a servir, trabajar, y soportarnos por amor a Dios. Pero más importante es que mantengamos el primer amor.  Amémonos unos a otros para que desaparezca el egoísmo, las malas intenciones y actuaciones.  Permitamos que el amor de Dios gobierne nuestras vidas. Si hay amor, lo demás tiene valor.   Necesitan recordar el gozo, deleite, alegría y el entusiasmo con que servían a Dios cuando creyeron en Jesús.   No olvide que la caída interior precede a la caída exterior. El amor de Cristo es grande pero ellos no lo estaban valorando ni experimentando ya.

Ninguna persona o grupo siendo parte del Cuerpo de Cristo tiene derecho de existir si no cumple los propósitos por los cuales Dios los ha creado.  1) Como Iglesia si no está cumpliendo los propósitos divinos, poco a poco perderá el derecho de existir. 2) Como cristiano si no está viviendo para cumplir los propósitos por los que Dios lo creó, poco a poco perderá el derecho de existir acá en la misma tierra. 3) Si usted ya ha perdido su primer amor y está viviendo solo por vivir, “conformista” “rutinaria” e “infládamente” y solo está asistiendo solo por asistir al templo sin hacer nada de corazón, tenga mucho cuidado.   Y usted que está sirviendo, trabajando y activando para Dios pero lo hace sin amor genuino, tenga cuidado porque de nada le sirve.

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