Una relación fraternal con Dios

Día 275

1 Juan 3

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

En el tercer capítulo de Juan, ofrece tres aspectos que explican el significado de estar en comunión con Dios. Primero, es tener una relación familiar (hijo a Padre) (v.1-3), es una relación de santidad diaria (separados del pecado) (v.4-10) y es una vivencia de amor (v.11-24).  Con frecuencia nos olvidamos de darle mantenimiento a la relación que tenemos con Dios.  Esto es como un vehículo que para qué función bien, es necesario darle buen mantenimiento.

Es una relación fraternal como de Padre a hijo. “mirad cual amor nos ha dado el Padre al hacernos  hijos de Dios”. Esta relación es más que un título, es un privilegio, una posición y una bendición. Ahora ya somos Hijos de Dios, se nos llama hijos de Dios ¡y lo somos! ¡Y eso somos!  Es la relación más profunda y determinante que puede existir, la que hay entre padre e hijo.

Es una relación basada en el amor ágape, amor divino. Observe los adjetivos calificativos del sustantivo “amor”. “cual, gran, profundo”. No puede haber una relación sincera, duradera, fuerte y verdadera si no se basa en el amor.  En este caso, es el amor (ágape) de Dios, divino, el más profundo.  Ef.1:3-5 describe y confirma que ese amor excede a nuestro conocimiento, entendimiento, a nuestra comprensión (Ef.3:14-21).   Para alcanzar esta relación de hijos de Dios, Dios nos ha dado su amor (Ro.5:5),  amor profundo, divino y sublime (Ef. 3:14-21).

De  esta relación de amor con Dios depende nuestro crecimiento y nuestra semejanza a Cristo. Seremos semejantes a Cristo, lo veremos cara a cara, tal como es él.  El llegar  a ser como Cristo en su venida es nuestra esperanza.   Esta es una relación de poder que cada día por estar cerca de Dios nos asemeja a Cristo.  Es una relación de santidad. Holloman dice que la santidad del cristiano puede ser descrita en tres tiempos: posicional, diaria y final.  Somos santos en el momento de creer en Cristo, seguimos siendo santos (apartados) del pecado cada día por vivir para agradar a Dios, y finalmente seremos salvos (libres) del dominio del pecado cuando Cristo nos lleve en su venida.

Juan recalca que si alguien se dice ser un hijo de Dios y tener una relación fraternal  con Dios, debe mantener una relación de santidad.  Y en los vv.4-10 se explica  que significa vivir en santidad día a día.  Cuatro son las razones porque cada cristiano, por ser hijo de Dios debe vivir en santidad. Primero, porque el que comete pecado viola y desobedece la Ley de Dios (v.4). Segundo, el que ha creído y obedece a Cristo no tiene el hábito de pecar (5-6), el que practica el pecado como un hábito es del diablo (v.7-8). Y Porque el hijo de Dios ha nacido de Dios (v. 9-10) (Jn.3:1-5).   Así que, estar en buena relación con Dios es vivir su amor.  ¿Qué tal es su relación con Dios?  ¿Su relación con Dios es familiar, santa, y amorosa?

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