Nuestra Nueva identidad

Dia 272

1 Pe. 2:9-10

Dr. Luis Gómez Chávez

Lectura del Nuevo Testamento

La Biblia dice que las personas que no han creído en Cristo son identificados como creaturas de Dios, hijos de desobediencia, enemigos de Dios, seguidores del príncipe de este mundo, naturales, con la naturaleza pecaminosa.  De igual manera, quienes no forman parte del pueblo de Dios, la Iglesia, que está formada por todas las personas de todo el mundo que han creído en Jesús como su Salvador personal, es reconocida por su nueva identidad, formada por personas llamadas hijos de Dios, nuevas criaturas.     Esta es la nueva identidad de las personas que creen en Jesús, son llamados hijos de Dios (Jn. 1:11-12; 1 Jn. 3:1; 2 Co. 5:17).

Con mucha frecuencia pasamos por alto nuestra nueva identidad.  A veces lo hacemos sin darnos cuenta, lo olvidamos, pero en otras ocasiones lo hacemos deliberadamente.  La Biblia dice que en Cristo somos nuevas criaturas, somos hijos de Dios.   Tener esa posición inmerecida es grandioso, maravilloso, pero muy retador.    Siendo nosotros nada, no éramos pueblo, ni parte del pueblo judío, pero Dios en su misericordia, amor, gracia y soberanía, le plació formar un nuevo pueblo de dos que no lo eran para formar Su Pueblo redimido con la sangre de Jesucristo, ese nuevo pueblo es la Iglesia de Jesucristo que comenzó el día de Pentecostés (Hch. 2) y que termina en el día del Rapto (1 Tes. 4:13-18).

Tener esta nueva identidad nos hace acreedores de una gran responsabilidad.   1 Pedro 2:9-10 lo dice con claridad lo que somos ahora y lo que debemos hacer ahora.  Somos el pueblo especial de Dios, nación santa, real sacerdocio, pueblo comprado con la sangre de Cristo.  ¿Qué le parece? ¿No es grandioso saber que quienes hemos creído en Jesús formamos parte de este pueblo especial?   Lo más bello de todo es que Dios te escogió a ti, sí lo hizo por nombre, por separado, sin relacionarte con apellido, posición, habilidad, destreza, color, raza, nacionalidad; lo hizo porque estabas condenado a la muerte, no tenias escapatoria, nadie te podía salvar de la muerte eterna, eras esclavo del pecado.  Te escogió por amor, por su gracia, por su misericordia, lo hizo para su gloria, por eso eres especial.

Sin embargo, esa linda, bella, alta, privilegiada e inmerecida posición te hace responsable ante Dios, ante el mundo, ante la Iglesia, ante ti mismo (a).   Dios te escogió, te llamo, te perdonó y te dio la nueva identidad de ser llamado hijo (a) de Dios, miembro del pueblo santo, real sacerdocio, nación santa, pueblo comprado con la sangre de Cristo; para que des a conocer a Dios.    Si esa es la máxima responsabilidad, y para eso vino Jesús al mundo, para dar a conocer a Dios, su amor, su perdón, y su plan eterno. Nuestra responsabilidad, la responsabilidad de la Iglesia, tu responsabilidad como hijo de Dios es dar a conocer a Dios, es anunciar las virtudes de Aquel que nos llamo (sacó) de las tinieblas  su luz admirable.

Donde sea que estés, con quien estés, en cualquier hora, tu eres hijo de Dios, no lo olvides, no lo ignores, eso eres, un representante de Dios, y debes hablar de él, debes darlo a conocer con todo detalle; pues para eso te escogió, te salvó, y hacer esto honra a Dios.

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